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Alfredo Miranda Campero Al día siguiente de los acontecimientos del 2 de octubre de 1968, la "LIBERTAD DE PRENSA" tuvo su derrota máxima. Aquí comparto contigo una experiencia personal de lo que pasó con esa Libertad en la Información de Medios de Comunicación. |
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3 de Octubre de 1968.
“Libertad de Expresión Plena: 3 de octubre de 1968”. Tres décadas e igual número de años retornan a mi verdad. Porque quien vivió México en aquel octubre del 68 poseé uno de los eslabones y el mío, como periodista, hoy trato de mostrar con la mayor objetividad posible, sin doblez ni dolo, sólo con las células cerebrales sobrevivientes. Mi relatoría se detiene introductoria, breve, a la mañana que en mi trafagar diario de dos cuadras por atrás de Televicentro a la Primera Agencia Noticiosa Mexicana: Informex. Fui testigo, igual que otros pocos al paso de la calle de Río de la Loza, en la Doctores, del DF. El dintel de la “Campana”, donde el chicharrón, nadando en frijoles, unas gotas de limón, mordiscos de chile serrano y blancas tortillas, eran la perfecta botana para los dos cubos de hielo, el blanco Bacardí y la coca –chiquita-, dos gotas de limón y lesca, sin agitar y no perder sabor. Aún no era hora de apertura a las honorables cotidianas ablusiones al dios Baco. El velo del templo no se había rasgado y en reposo las cajas alineadas con sus 28 plásticas fichas. Pero sus tres eternos descendentes escalones antes del maderable dintel si fueron mi inigualable atalaya. Desde ese cobijo presencié dos desparramados grupos de adolescentes. Unos a la desbanda y sus perseguidores tras ellos lanzando puñetazos y no pocos utilizando cadenas de “bici”, agitadas cual manganas, para culminar en deshumanizado pial, aplaudido y vitoreado por su equipo. Complemento del panorama los de tribuna en estacionado vehículo con cascos, botas sin lustrar y azul oscuro, casi negro uniforme, como alma y perfecta descripción de su actuar. Ese día en espera de ordenada acción frente a la Arena México, capital del “pancracio” y feudo de “El Santo”.
Pero ese no es el tema de lo hoy a compartir, “porque esa... Esa es otra historia”...
El 2 de octubre del 68, la Mesa de Redacción, fue acumulando sin descanso notas vía teléfono, comunicados radiofónicos de la portátil y las escritas de carrera, para salir en seguimiento de otras, para su retransmisión, vía telex a la propia capital, la provincia y del mundo. Imposible recuento de lo acontecido. A manera de ejemplo lo vivido en carne propia por los diarios compañeros. Como olvidar la desesperación del decano de los periodistas de la Cámara de Diputados, del Congreso de la Unión, Jorge Espinosa. Su disyuntiva entre cumplir como reportero o ir en busca del desconocido destino de su familia, esposa e hijos, con los que tenía su hogar en el “Edificio Chihuahua” de Tlatelolco, a los que prometió retorno a cenar, ignorante que ese sería el punto focal de la tragedia. Los llamados telefónicos desde el edificio “Manuel González”, también Tlatelolco, del director de Informex. Alvaro “Bachiller” Gálvez y Fuentes, teniendo como fondo el silbar de las balas, entre petición y exigencia “qué está pasando allá, en la Plaza de las Tres Culturas”. Gálvez y Fuentes y el arquitecto Rosell de la Lama –después gobernador de Hidalgo- alquilaron el edificio para convertirlo en suites ante las ya próximas olimpiadas y esa tarde habían decidido inspeccionar “cómo iban los trabajos”. Cuando el servicio telefónico y la energía eléctrica se desconectaron, a manera de protección escogieron un rincón de lo que era una cocineta. El derribo de la puerta a culata de fusil y bayoneta, por un soldado, al sumado grito “quiénes son y qué hacen” su mudez les evitó respuesta. El compañero y además subjefe de prensa de la Procuraduría General del DF: Héctor “Pillo, Pilluelo” Nájera, con un balazo en una pierna se sobrepuso al dolor y sangre, en la Demarcación de Violeta para reportar el número de cadáveres ahí contados por él, desde su llegada: “46”. Número que desde ese momento repetido por los medios cuantificó como saldo oficial del 2 de octubre del 68. “Pilluelo”, el cuate de todos los de “la Cruz”, fruto del “qué hubo compita anoche”, para su reporte matutino, esa noche no fue el “47” porque a escondidas lo sacaron. Injusto sería olvidar a los camarógrafos, que con Bolex de cuerda, en 16 milímetros sus imágenes fueron mas que mil palabras. Entre los de Informex, Rosendo Toledo “Toleco” y su cuñado Alfredo “Piau” de Santiago, que esa noche de chamaco aprendiz, pasó a profesional. Los recuerdo como un día y otro también se les veía llegar con su material fílmico en negativo. Revelado, de prisa. Fijarlo en un bastidor circular, por grapa al inicio y final. Una lata con dos pagados pesos de alcohol, se inflamaba y darle vuelta y vuelta al bastidor para el secado. Después empírico corte. “20 segundos de tal o cual evento”. Revisión a ojo de buen camarógrafo. Exacta la distancia: De la punta de los dedos al inicio del hombro no fallaba: tres segundos. Corte a tijera o a diente. Pegarle cortinilla con colodeón para separación y “ya estufas”. Ese 3 de octubre, había que presentar una narrativa lo más apegada a la realidad de la noche de Tlatelolco. Las notas escritas y corregidas, nada que exagerar y listas para ser reproducidas en el mimeógrafo como el “script” del noticiero de las 14:00 horas, por el nacional Canal 2. Cotidiana acción. Un script para el “Master”. Otro para “proyección”. De ahí a la cabina para el de “iluminación”, el del “switcher” y para el “tornamesa” y el del “asistente”. Bajar al estudio y entregar el suyo al “Floor Manager” y el del locutor: Jorge Zúñiga. Sin embargo, ese 3 de octubre todo cambió. “Miranda, el script y la película no los entregues, antes tienes que ir con el licenciado Cabrera” me dijo quien fue mi maestro en dirección años ha, Luis de Llano Palmer, gerente de Producción, al tiempo de señalar el fondo del pasillo. Todos conocíamos al licenciado Cabrera, el administrador –sin título, pero si de acción – del único Don Emilio Azcárraga que hubo en Televicentro, Telesistema o Televisa. Me preguntaba el porqué y para qué tendría que verlo. No imaginaba la sorpresa, que fue más cuando entre a una oficina y en vez del apreciado licenciado Cabrera, tras de un escritorio estaba otro que respondió ante mi interrogante “y el licenciado Cabrera”, contestó: “Soy yo. De Gobernación” añadió. Ante mi asombro el script y la lata conteniendo la película ya estaban en sus manos y estaba leyendo el script, en tanto que con una pluma fuente iba tachando notas mientras prepotente pontificaba: “Esto no va... Esto tampoco... entre calificativos de “infundios”... “inventos”... Indignado, le arrebaté el script, al tiempo de decirle “Y por orden de quién no pasa, es acaso Alvaro Gálvez y Fuentes”, lo que negó: “soy el licenciado Cabrera”. Supongo entonces que esta mañana habrá comprado Informex, “No, soy de Gobernación”, presumió. Porque si usted no es Alvaro Gálvez y Fuentes, ni es el dueño de Informex, no tengo porqué obedecer. Sólo recibo órdenes de mi director y azoté la puerta. Entonces por vez primera supe que todo se mira rojo, al impulso del enojo. Cuando retorné al Master, me enteré que el reloj no había sido mi aliado, pues no se detuvo durante el altercado. El tiempo del noticiero ya había concluido y el siguiente programa ya estaba al aire y ese día el “Noticiero Informex” no se trasmitió, con argucias de Gobernación. Al paso del tiempo siento infinita tristeza, cuando oigo a alguien decir que la prensa calló al pueblo de México lo ocurrido el 2 de octubre del 68(Portadas de periodicos nacionales el 3 de octubre de 1968) y aún me pregunto cuántos licenciados Cabrera hicieron algo similar en otros medios informativos, esgrimiendo Seguridad Nacional. -Apuntes del libro “A las cabañas subí... a los palacios baje”, para los nietos del autor-. Regresa a Periodistas de Guanajuato.com |
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