Abanderado por segunda vez.
“BETO”, ABANDERADO EN 1972 Y EN EL 2002.
El abanderamiento de la Selección Mexicana de Fútbol trajo redivivos recuerdos con “Beto” –Alberto- García Aspe- al momento de recibir el Lábaro Patrio, de manos del Presidente de la República, Vicente Fox Quesada, el 7 de mayo del 2002.
Año del 72, en el pasado siglo, fue la “Comafin” –Copa Marista de Fútbol Infantil-, con un millar de niños luchado en la cancha en busca de llevarse la Copa para su Colegio Marista, ubicado en Guadalajara, Puebla, Monterrey, Michoacán, DF, por ejemplo.
Este 2002 en “Los Pinos”. El abanderamiento del 72 también al norte de la ciudad en el Comité Olímpico Mexicano. Coincidente además la entrega del Lábaro por descendientes de hispanos, que consideran el deporte como la tabla de salvación de la juventud.
Aquella mañana del CODM. Un chamaquito, chiquito de estatura, broncudo, berrinchudo, con un carácter peor que el mío -describe mi hijo Eduardo-, estaba ahí revestido de solemnidad esperando recibir la Bandera Nacional.
El recibir el Lábaro Patrio no era de a gratis, pues si bien “ Beto” siempre se colocaba como delantero en espera de anotar el gol, desde entonces tenía la intuición para saber jugar fútbol sin el consabido infantil sistema “TB”: Todos en bola.
“El Beto”, como ahora le llaman , sabía mover la bola, driblar y chutar con cañón. Dios le dio las facultades, el las pulió a base de disciplinada práctica. Porque el fútbol lo era todo para el. Nunca recibió el castigo de ser colgado en la portería.
“Muy bueno para el deporte; pero muy malo para el estudio” lo definió, con pulgar arriba y pulgar abajo. el profesor Ramiro Gutiérrez, del Alma Mater primaria de “Beto”, el “Colegio México”, de muchos sabido: Mérida 50, en “La Roma” en el DF.
En el equipo de “Beto” García Aspe jugaban, entre otros. Mario Uroza. En la media Lapeluz. Carlos Costemalle, el hijo del “Chacho” Costemalle”, para los de mi generación estudiantil y para los diaristas entonces: el director general de la Conasupo.
Además Eduardo Miranda Campero López Malo, defensa central, posición que aceptó después de ponderarle lo importante evitar que les metieran goles, como lo hacia su primo en el Cruz Azul: Jorge “El Inspector” López Malo, hijo de Perico y Vicenta.
A las 12:00 en punto entró el presidente del Comité Deportivo Olímpico Mexicano, Mario Vázquez Raña. Nobleza obliga al agradecimiento público aunque sea a tantos años, lo cual creo no censurarán los organizadores de la Comafín.
Los Maristas Alejandro Mejía Pereda –director-, Ezequiel “Cheque” Cabrera -+ profesor-. Exalumnos de muchos ayeres: Arturo Lara Perea, Carlos Morales, Manuel “Manolo” Montes de Oca -+- , Jorge Izquierdo Couto. “El Arqui” Aguilar y yo.
El enlace con Mario fue Jesús González “El güero papero”, eterno “suéter uva” de punta a punta en las Vueltas Ciclistas al País. El que sábado a sábado el MP de la XIII Delegación me llamaba: “Ya cesó a todos. Aquí se lo cuidamos hasta mañana”.
El “güero” cubría la fuente del Deporte Amateur para Informex y sabía hacer amigos. Uno de ellos mutuo: Mario Vázquez Raña. Así que mas que como su amigo, que su jefe de redacción, lo llamé: “Dile a Mario que quiero verlo. Que te diga fecha y hora”.
Los años estudiantiles nunca se olvidan y de entrada le dije a Mario que queríamos que abanderara a los niños en la Comafin. Le respondí “tú si amas el deporte” y “no” el que presumía ser contraparte sexenal: Guillermo “pelochas” López Portillo.
Agradeció de inmediato y ser llevó la mano al pantalón, al tiempo de preguntar “con cuánto los apoyo”. “Nada”, fue la respuesta, con humildad que no soberbia, al tiempo de mostrarle organigrama, ruta crítica, financiamiento resuelto y en caja.
De llegar a requerir algo se lo haríamos saber; pero el abanderamiento era lo importante “para que los niños del Colegio México tuvieran una motivación extra”. El saberle pegar al balón no era ciencia que no se hubiera enseñado en Mérida 50.
De inmediato la mente se fue más atrás al recuerdo de lo legado a generaciones hasta hoy. Fue en 1916 que los alumnos Maristas integraron, encabezados por el hermano Eugenio A. Cenoz, el equipo América, que de inicio se iba a llamar Récord.
La noche anterior al 12 de octubre de 1916, se cambio el nombre de “Récord” y se quitó de las camisetas, excepto en la de Rafael Garza García, por no estar presente. Al día siguiente llegó con el apelativo que lo haría famoso como cronista de fútbol.
Recordamos a don Eugenio; pero ya como director de la primaria del Colegio México y los chiquillos futbolistas de nuestros tiempos: “La Bruja”, José Luis Gutiérrez, que vivía en la esquina de los Colegio, esto es Mérida y Colima, en la Roma.
José Luis “Calaca” González, a quien el desaparecido Constancio “El Teto” Córdoba”, le obligó a jugar fútbol, pese a que el se resistía, porque “yo no soy bueno para los deportes y menos para las patadas”.
Por ahí también andaba Carlos Albert, bautizado con el nombre de pila bautismal de su padre y que al igual que el “Carlitos” era gente de bien y honesto sin tacha. En lo único que no se parecía a su progenitor era el irascible carácter, no solo en la cancha.
Pero quien más nos llamaba la atención, aunque no era Marista; pero si el hermano del Maestro Casarín. Horacio, cuando iba a visitar a su consanguíneo. Todos a uno nos lanzábamos sobre el en busca del autógrafo, al recibir el permiso de acercarnos.
Recordamos, por solo ejemplificar, algunos otros que pudieron haber sido futbolistas profesionales, pero escogieron otros caminos. Los Azuela, nietos del escritor universal. Mariano, hoy Magistrado de la Corte. y Fernando + rector de los Jesuitas.
Vázquez Raña preguntó “tienen pants” y a la afirmación ofreció un mejor precio a pagar que el cotizado en casa comercial. “Camión para trasladarse”, “Sí”, pero se empeñó en ponernos a disposición uno del CDOM, pagando nosotros chofer y gasolina.
Además “nos ofreció el arbitraje, a muy bajo costo” y como remate, por invitación, “comida para los mil niños participantes de la Comafin”. En el CDOM tuvieron la oportunidad de conocer y convivir con los “mejores deportistas de entonces”.
Hoy en el 2002 espero que “Beto”, García Aspe. “El Beto” dé tan buenas cuentas como entonces al ganar la copa Comafín; pero habrá que ser realistas. El Campeonato del Mundo no es un juego de niños, pero la Selección Nacional sabrá cumplir.
Apuntes para el libro “A las cabañas subí, a los palacios baje”, para los nietos del autor.
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