Alfredo Miranda Campero

De las Tradiciones
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El Día de las Madres




“Refugio a sus órdenes” y complementó “Lira Argote”, quien acaso podría ser la mamá con mas años de vida aquí y probablemente en el Estado: “Ya voy a acabalar que 100, ahora el cuatro de julio, dicen; porque yo no llevo cuenta”. “Cuquita”, inició así sus respuestas en la sede del Inaplen –Instituto Nacional de Adultos en Plenitud, antes Insen- en que vive, con lucidez mental, casi perfecto oído , claro y alto hablar, tras verla llegar con su escaso metro y medio de altura, por propio pie, ayudada de una andadera.

“Pues nada más fueron tres” en numeró de los hijos que tuvo. “Dos viven y uno que se murió. El muchacho estaba en la escuela cuando empezó a estar malo y malo y malo y no se aliviò”, refiere del que fue su hijo –Juan-. De sus hijas informó “Una vive en León -con una hija- se llama Rosa”. Cuántos años tiene “pues no se”. ¿Tiene niños también? “Si tiene hijos; pero no se cuantos. Ya se me olvidaron. Ellos están en Estados Unidos, viven hasta las Vegas”. La otra hija es “Madre” –religiosa- “se llama Leonor, esa viene allá cada y cuando. Es de las Misioneras. ¿Conocerá entonces muchos países? “Uuuy, ella dice que ha ido a muchas partes, porque cada año las cambian. La traen de un lado y para otro”, describió. “Casi no vienen” respondió del tiempo que no ha visto a sus hijas. “Porque la que está en León también está mala de un pie y no puede caminar y la Madre, como anda en sus negocios no puede venir seguido. Allá viene cada en cuando”. Cuquita respondió de lugar de nacimiento “Si aquí, en Guanajuato. No fui a la escuela, porque mis papas eran muy pobres. Me pusieron a trabajar muy chiquilla, tenía mas o menos unos 10 años” . A otras interrogantes dijo: “Se casó una sola vez. Mi esposo se llamaba Juan Gasca, se murió cuando los tres niños estaban chiquitos. Le pasó un accidente. Se cayó de un camión y la rueda de atrás le agarró la cabeza”. ¿Y cómo le hizo para poder mantener a sus hijos? “Me puse a trabajar en una casa”. Así “hasta el tiempo que tengo aquí, unos 14 años en que fui de las primeras que llegamos. Sólo éramos tres. Ahorita ya no sé cuántas somos” –28, al decir de la secretaria del Inplan, María Patrocinio Ibarra-. Respecto de su salud, Cuquita dijo: “Muy mala, muy mala. Ahorita sobre todo que ya casi no miro. Me siento muy mala” y explicó “Pues de la garganta, mucha flema, mucha flema que no me deja ni comer”. De sus diversiones: “Pues en nada. Luego nos ponen a hacer cualquier cosita para pasar el rato. Tienen muchos jueguitos y nos dan uno a cada quien para divertirnos. Nos dicen hágale aquí, mire”, explicó. “Nadie”, responde a quién es su mejor amiga. “No me gusta tener amigas, ni cuando estaba sola. Nada más asistíamos en otra casa. ¿Seré curioso cuanto le pagaban? “Bien poquito”. El recuerdo abrió: “cuando nos fuimos a León, cuando quede sola. Mamá, vámonos a León dicen que allí hay mucho trabajo y nos fuimos. Se me hacia mucho que pagaban 110 pesos. Y me daba mucho gusto de que había mucho trabajo”. Esa cantidad mensual le permitía además “sostener al que estaba en la escuela. Le mandaba a mi mamá para que le comprara lo que él quería. Indicó que “no pagaba renta, porque ahí –en León- nos fuimos con una parienta de su papá y no nos cobraba”. “Ella si tenía su casa. Cuando nos fuimos llegamos a decirle que ya estabanos allí y luego dice vénganse para acá al cabo tienen que salir. Nada mas vienen a dormir”. Doña Cuquita, informa que “le tocó vivir la Revolución” –Mexicana-. Cuenta: “Fíjese que a un tío mío, a un hermano de mi mamá lo traspasaron con esas cuchillas –bayonetas- que traen. Y sin hacer nada. Señor”. “Pues ellos no se metían en nada. Nada mas llegaban a los ranchos y a las que estaban haciendo sus tortillas se las llevaban y a el lo dejaron allí”, describió. De sus gustos por la comida, informa: “Pues ahorita no puedo comer. Cuando estaba guena, de lo que nos daban se me hacía todo muy bueno. Ahora no puedo ni comer. Ayer me licuaron la comida”, informa al tiempo de que sus ojos se pusieron acuosos, pero no dejaron escapar lágrima. De su diario trafagar dice que tiene que “subir las escaleras por la mañana, por eso me la paso aquí todo el día, para no andar subiendo y bajando. Luego no hallo ni pa’ dónde ganar y luego se me olvida por dónde ando”. Al cierre sabia respuesta a ¿esta usted contenta con la vida? “Pues si. Dios nuestro Señor lo hace. Por eso todo lo ofrezco a el. Por eso le pido todo a Dios Nuestro Señor”.
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