El Día de las Madres
“Refugio a sus órdenes” y complementó “Lira Argote”,
quien acaso podría ser la mamá con mas años de vida aquí y probablemente en
el Estado: “Ya voy a acabalar que 100, ahora el cuatro de julio,
dicen; porque yo no llevo cuenta”.
“Cuquita”, inició así sus respuestas en la sede del Inaplen
–Instituto Nacional de Adultos en Plenitud, antes Insen- en que vive,
con lucidez mental, casi perfecto oído , claro y alto hablar, tras verla
llegar con su escaso metro y medio de altura, por propio pie, ayudada de una
andadera.
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“Pues nada más fueron tres” en numeró de los hijos que tuvo.
“Dos viven y uno que se murió. El muchacho estaba en la escuela cuando
empezó a estar malo y malo y malo y no se aliviò”, refiere del que fue
su hijo –Juan-.
De sus hijas informó “Una vive en León -con una hija- se llama
Rosa”. Cuántos años tiene “pues no se”. ¿Tiene niños
también? “Si tiene hijos; pero no se cuantos. Ya se me olvidaron.
Ellos están en Estados Unidos, viven hasta las Vegas”.
La otra hija es “Madre” –religiosa- “se llama
Leonor, esa viene allá cada y cuando. Es de las Misioneras. ¿Conocerá
entonces muchos países? “Uuuy, ella dice que ha ido a muchas partes,
porque cada año las cambian. La traen de un lado y para otro”,
describió.
“Casi no vienen” respondió del tiempo que no ha visto a sus
hijas. “Porque la que está en León también está mala de un pie y no
puede caminar y la Madre, como anda en sus negocios no puede venir seguido.
Allá viene cada en cuando”.
Cuquita respondió de lugar de nacimiento “Si aquí, en Guanajuato. No
fui a la escuela, porque mis papas eran muy pobres. Me pusieron a trabajar
muy chiquilla, tenía mas o menos unos 10 años” .
A otras interrogantes dijo: “Se casó una sola vez. Mi esposo se
llamaba Juan Gasca, se murió cuando los tres niños estaban chiquitos. Le
pasó un accidente. Se cayó de un camión y la rueda de atrás le agarró la
cabeza”.
¿Y cómo le hizo para poder mantener a sus hijos? “Me puse a trabajar
en una casa”. Así “hasta el tiempo que tengo aquí, unos 14 años
en que fui de las primeras que llegamos. Sólo éramos tres. Ahorita ya no sé
cuántas somos” –28, al decir de la secretaria del Inplan, María
Patrocinio Ibarra-.
Respecto de su salud, Cuquita dijo: “Muy mala, muy mala. Ahorita sobre
todo que ya casi no miro. Me siento muy mala” y explicó “Pues de
la garganta, mucha flema, mucha flema que no me deja ni comer”.
De sus diversiones: “Pues en nada. Luego nos ponen a hacer cualquier
cosita para pasar el rato. Tienen muchos jueguitos y nos dan uno a cada
quien para divertirnos. Nos dicen hágale aquí, mire”, explicó.
“Nadie”, responde a quién es su mejor amiga. “No me gusta
tener amigas, ni cuando estaba sola. Nada más asistíamos en otra casa. ¿Seré
curioso cuanto le pagaban? “Bien poquito”.
El recuerdo abrió: “cuando nos fuimos a León, cuando quede sola. Mamá,
vámonos a León dicen que allí hay mucho trabajo y nos fuimos. Se me hacia
mucho que pagaban 110 pesos. Y me daba mucho gusto de que había mucho
trabajo”.
Esa cantidad mensual le permitía además “sostener al que estaba en la
escuela. Le mandaba a mi mamá para que le comprara lo que él quería. Indicó
que “no pagaba renta, porque ahí –en León- nos fuimos con una
parienta de su papá y no nos cobraba”.
“Ella si tenía su casa. Cuando nos fuimos llegamos a decirle que ya
estabanos allí y luego dice vénganse para acá al cabo tienen que salir. Nada
mas vienen a dormir”.
Doña Cuquita, informa que “le tocó vivir la Revolución”
–Mexicana-. Cuenta: “Fíjese que a un tío mío, a un hermano de mi
mamá lo traspasaron con esas cuchillas –bayonetas- que traen. Y sin
hacer nada. Señor”.
“Pues ellos no se metían en nada. Nada mas llegaban a los ranchos y a
las que estaban haciendo sus tortillas se las llevaban y a el lo dejaron
allí”, describió.
De sus gustos por la comida, informa: “Pues ahorita no puedo comer.
Cuando estaba guena, de lo que nos daban se me hacía todo muy bueno. Ahora
no puedo ni comer. Ayer me licuaron la comida”, informa al tiempo de
que sus ojos se pusieron acuosos, pero no dejaron escapar lágrima.
De su diario trafagar dice que tiene que “subir las escaleras por la
mañana, por eso me la paso aquí todo el día, para no andar subiendo y
bajando. Luego no hallo ni pa’ dónde ganar y luego se me olvida por
dónde ando”.
Al cierre sabia respuesta a ¿esta usted contenta con la vida? “Pues
si. Dios nuestro Señor lo hace. Por eso todo lo ofrezco a el. Por eso le
pido todo a Dios Nuestro Señor”.
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