Página creada el 2 de Noviembre de 2003

LA VASCONIA DE LAS LUCES
PRIMERA ÉPOCA

En esta página he recuperado los artículos publicados bajo el seudónimo de Lao zi en el webkly de BAT (Basques Against Terror), en lo que significó la primera época de "La Vasconia de las luces" durante el año 2002.


LA VASCONIA DE LAS LUCES

Lao zi, literalmente “anciano maestro”, el sabio chino que vivió hace 2500 años dejó escrito: Las palabras elegantes no son sinceras; las palabras sinceras no son elegantes. El humilde autor de estas líneas ni es sabio ni es chino, pero sí es un anciano vasco que participa de este gusto por decir lo que se piensa sinceramente, sin miedo a resultar estridente. Porque sabe que la luz, las luces, molestan a los ojos de quienes viven en la oscuridad.

Federico Krutwig Sagredo compuso bajo el pseudónimo de Fernando Sarrailh de Ihartza en 1963 una obra que resultó ser durante muchos años el pilar fundamental de la ideología de ETA, “Vasconia”. Este autor realizó una reconstrucción de la ideología nacionalista vasca, que había sido fundada por Sabino Arana sobre principios racistas e integristas católicos, hacía más de sesenta años.

Tras el fracaso de la experiencia nazi, el racismo había quedado satanizado, y los ideólogos del nacionalismo étnico abandonaron el principio de raza como generador de su cualidad de “pueblo elegido”, y se echaron en brazos del culturalismo, y más especialmente del etno-lingüismo, tomando la lengua como ariete de sus reivindicaciones étnicas.

Uno de los fundadores de ETA, Txillardegi, había levantado esa bandera de etnicismo idiomático desde posiciones nacionalistas extremistas, pero antimarxistas. Federico Krutwig supo reivindicar el mismo etnicismo lingüístico, pero desde el frente del marxismo-leninismo, triunfante en aquellos años en Cuba, Vietnam, etc, lo que le supuso sintonizar con la mayoría de los militantes de ETA en los años sesenta, al contrario del mencionado Txillardegi.

El mismo Krutwig abandonó en los años setenta el marxismo-leninismo, y reposicionó su ideología, manteniendo sus principios y sus fines prácticamente inamovibles, la reivindicación de la limpieza étnica a cualquier precio para la instauración de un Estado étnico independiente, pero desde trincheras más sólidas para su fanatismo, las del culturalismo étnico. Un Estado alejado por tanto de todo principio democrático moderno e ilustrado. Nada de “un hombre, un voto”, sino “un pueblo, un Estado”, en sintonía con el hitleriano “ein volk, ein reich”. Ese proyecto totalitario lo explicitó en 1979 con su libro “La nueva Vasconia”.

La posición de Krutwig iba más allá de las opciones políticas y por ello servía de nexo de unión para las diversas fuerzas del nacionalismo vasco etnicista, tanto las situadas en la orilla del MLNV y su aparato terrorista ETA, como las predominantes en la dirección del PNV: la de una Vasconia premoderna, predemocrática, precívica, en definitiva, una Vasconia oscurantista.

Afortunadamente existe otra Vasconia que, ya desde su combate a las fuerzas reaccionarias del carlismo en el siglo XIX, levanta la bandera de la libertad, de la igualdad, de la pluralidad, de la ciudadanía, de la tolerancia. A esa Vasconia moderna, democrática, cívica, ilustrada, me honro en pertenecer. Y desde esa Vasconia, radicalmente opuesta a la oscurantista Vasconia étnica de Krutwig, muchos vascos defendemos la libertad y combatimos la ignorancia.

Desde la Vasconia de las Luces.


CONTRA LA IGNORANCIA, CULTURA

Dice el filósofo vasco Fernando Savater que las dos lacras que imposibilitan la ciudadanía son la miseria y la ignorancia.

Ciertamente podemos observar que las sociedades que tienen importantes componentes de ambas no han alcanzado la masa crítica necesaria para desarrollar una democracia plena, una democracia basada en la ciudadanía, más allá de las luchas tribales.

Afganistán y tantos países del Tercer Mundo son un paradigma de esa conjunción diabólica de miseria e ignorancia que se alimentan mutuamente impidiendo el desarrollo democrático de sus sociedades. Pero conociendo la enfermedad podemos recetar el remedio, aunque sea difícil de concertar internacionalmente: dinero y cultura. Paliando la miseria y enterrando la ignorancia una sociedad camina hacia la luz de la libertad.

Lo que deja atónitos a muchos observadores internacionales es cómo en un rincón de Europa, uno de los más ricos de España, se ha desarrollado un movimiento etnicista fanático que en su facción más extremista emplea el terrorismo para sus reivindicaciones. ¿Cómo es posible que en la desarrollada Vasconia subsista un pensamiento de buena parte de la sociedad vasca que ampara, comprende o justifica de alguna manera el terrorismo?

Dicho de otra forma. El colectivo que emplea la violencia para asesinar, extorsionar y amedrentar a la población puede tener sus fines particulares, como así es, el alcanzar un poder basado en el terror. Otras organizaciones en el pasado han demostrado que es un método muy eficaz, como la Mafia italiana y el Narcotráfico colombiano. La pregunta sigue siendo, más allá del miedo ¿por qué gran parte de la sociedad vasca ampara, comprende o justifica de alguna manera el terrorismo? La respuesta es que comparte un mismo objetivo etnicista, y lo que es más importante, un mismo sentimiento étnico, y por tanto xenófobo.

Tenemos que volver al principio. En Vasconia no existe miseria, pero si debe de existir un alto nivel de ignorancia que posibilita el que políticos etnicistas, por tanto premodernos y predemocráticos, embauquen a los ciudadanos con proyectos propios del Tercer Mundo, donde el principio de “un hombre, un voto” sea sustituido por el de “un pueblo, un Estado”, entendiendo por pueblo, de acuerdo con Antonio Elorza, la sociedad depurada de quienes no participan de su proyecto de “liberación”.

Ignorancia propia de una sociedad rural como la vasca que durante su último desarrollo industrial acelerado y brutal sufrió primero una enseñanza basada en los principios fundamentales del Movimiento del Estado fascista español, y luego, con el advenimiento de la democracia, tuvo el infortunio de seguir enterrada bajo la bota de una política etnicista vasca, basada en las mitologías fundamentales del Nacionalismo Vasco.

Si este es el diagnóstico, ya sabemos el remedio: para diluir el etnicismo predemocrático que impregna a la sociedad vasca y que posibilita el mantenimiento del terror, necesitamos combatir la ignorancia con cultura. O dicho de otra forma, menos cárceles y más escuelas. O sea, cultura, cultura y cultura.


SOCIALISTAS VASCOS
(I) POR UN PROYECTO AUTÓNOMO Y RENOVADOR

Creo que todos los votantes del PSE-EE estaremos de acuerdo en defender un proyecto autónomo y renovador como salida a la crisis que vive este partido, de forma larvada desde el 13-M, y de manera efervescente desde la dimisión del secretario general Nicolás Redondo el pasado 20 de diciembre.

Autónomo, porque un partido socialdemócrata en esta Vasconia tan plural debería ser un centro de gravedad que atrajera a los ciudadanos que, desde una posición centrada, alejada de los nacionalismos y de los extremismos de derechas y de izquierdas, podrían conformar una mayoría social. Lo que no ocurre actualmente, a la vista de los resultados electorales de los últimos quince años.

Renovador, porque el PSE fue la fuerza más votada en 1986, y desde entonces no ha hecho sino perder apoyo popular.

El problema como siempre es la manipulación de las palabras que hacen algunos politiquillos que ensucian con sus miserias la grandeza de la Política con mayúsculas. Por ejemplo, me resulta curioso que la vieja guardia de socialistas vascos y españoles haya apoyado la “revuelta” de los pronacionalistas Elorza y Eguiguren contra Nicolás Redondo. Los dinosaurios que dormían el sueño de los justos, los que yo denomino cleptosocialistas, los pseudosocialistas que encabezados por el responsable de la corrupción y el terrorismo de Estado de los años ochenta y noventa, Felipe González, convirtieron la democracia en una cleptocracia o gobierno de ladrones, han despertado y han organizado la cacería de un político honesto a carta cabal como Nicolás Redondo, al que se le podrá criticar políticamente, pero nunca acusar de lo que esos brontosaurios de la política dejaron certificado con su conducta carente de ética.

Los felipistas desde el PSOE, con la momia resucitada de Txiki Benegas como sargento chusquero, y los felipistas desde los medios de comunicación, con el ex falangista Juan Luis Cebrián como golpista de salón, han dado la señal político-mediática que permitiera desatar a la jauría de socialistas vascos encabezados por Eguiguren y Elorza que, presos del síndrome de abstinencia de tres años sin chupar del bote vascongado, pretenden pactar unas consejerías y otras prebendas con el PNV, con este PNV antisistema, predemocrático y aliado objetivo de los terroristas.

El PSE ganó las elecciones autonómicas de 1986, pero presionado por Felipe González, Txiki Benegas entregó el gobierno a Ardanza, al PNV, y a partir de ahí el PSE inició un declive sin fin mientras pactaba una y otra vez la subordinación del socialismo al nacionalismo cual monaguillo a cambio de unos caramelos y alguna que otra piruleta, léase consejerías y direcciones generales. El seguidismo y la subordinación del PSE a la política nacionalista consiguió el deshonroso mérito de colocar al PSE como tercera fuerza política en 1994, mientras dejaba abandonado el campo de la democracia cívica a un PP que no dejaba de progresar y le sobrepasaba.

Y cuando gracias al proyecto autónomo y renovador de Nicolás Redondo, el PSE ha dejado el seguidismo y subordinación al PNV, y se ha aliado con una fuerza inequívocamente democrática y constitucional como es el PP vasco, lo que sin duda permitió detener el hundimiento del PSE, y en un futuro permitiría relanzarlo, resulta que los causantes de la cuasidesaparición del PSE por su subordinación al nacionalismo étnico, tildan de seguidista la política de Redondo de defensa de la libertad, la democracia, la constitución y el estatuto de autonomía.

Quizás el fallo de Redondo ha sido no mostrar con más claridad las diferencias con el PP conservador. Pero cuando en Vasconia se vive en un estado de excepción ante el poder de una mafia político-terrorista, con la cual pacta el partido nacionalista en el gobierno autónomo, la prioridad está clara, hay que defender el Estado de derecho aliándose con todos aquellos que estén dispuestos a ello. Y el PNV de Arzalluz e Ibarretxe no estaba dispuesto.

Así que el PSE-EE debe proponer a la sociedad vasca un proyecto autónomo y renovador, para recuperar el primer puesto que perdió por una política seguidista del PNV liderada por Benegas, Jáuregui, Eguiguren y Elorza. ¿Y estos mismos políticos pretenden hoy renovar el socialismo vasco para hacerlo autónomo del PP?

La alternativa está justamente en el lado contrario. Si el PSE tiene algún futuro es como alternativa al proyecto de limpieza étnica que propugnan de forma inteligentemente complementaria los nacionalistas del MLNV y los dirigentes actuales del PNV. Y ese proyecto autónomo y renovador sólo puede ser encabezado por los líderes sociales del PSE, los que conectan con la sociedad civil que se rebela contra el etnicismo. Y esos son Nicolás Redondo, Rosa Díez, Javier Rojo, Carlos Totorika, Ana Urchueguía y tantos otros.

Confiemos en la labor de Ramón Jáuregui, el comisionado por el PSOE para resolver la crisis. Yo personalmente lo hago, porque este hombre es un prodigio de inteligencia política. Una vez juzgados y condenados por la Justicia los responsables del GAL en Madrid y País Vasco del Ministro del Interior para abajo, y por la opinión pública para arriba (Felipe González), resulta clarividente observar cómo nadie habla del socialista que era el Delegado del Gobierno en Euskadi en esa época, y que recibía órdenes directamente de Barrionuevo.

Era un tal Ramón Jáuregui.


SOCIALISTAS VASCOS
(y II) PROYECTOS POLÍTICOS Y LÍDERES SOCIALES

Dice Ramón Jáuregui, el presidente de la gestora del PSE-EE, que hay que hablar antes de proyectos políticos para Euskadi, y después de los candidatos idóneos para dirigir el partido. Estando de acuerdo en la teoría, hay que reconocer que ambos elementos se retro-alimentan en la práctica, y que no se puede hablar de unos sin hacer referencia a los otros.

El proyecto de los socialistas vascos, un proyecto autónomo y renovador, no puede ser otro que defender el Estado de derecho que ha sido asaltado en Euskadi por la acción combinada de unos nacionalistas que siembran el terror en la sociedad, y otros nacionalistas que pretenden “vender” el fin del terror a cambio de la ruptura del Estado de derecho y la secesión facciosa de un territorio que ni siquiera se sabe muy bien cuál es.

Difícilmente aquellos socialistas vascos que pretenden la genuflexión ante el PNV porque es el partido mayoritariamente votado (Jáuregui dixit) van a negar este planteamiento teórico. Pero en la práctica lo pueden “olvidar”, si su sectarismo y la posibilidad de obtener prebendas y momios, léanse consejerías y alcaldías, así se lo aconsejan.

Y desgraciadamente el historial de este inteligente político vasco que es Ramón Jáuregui, delegado de la vieja guardia de González y Benegas para pilotar la crisis vasca avala esa posibilidad.

Jáuregui era el secretario general del PSE cuando se produjo la mayor traición a la democracia en el País Vasco, un auténtico ensayo general para la consecución de la secesión de Euskadi a cambio del fin del terrorismo, tal como lo definieron el PNV por un lado y el MLNV por el otro: la traición de Leizarán. El PNV pactó con ETA el cambio del trazado de la autovía, a cambio del cese del terrorismo contra ese proyecto viario, algo que habían negado por activa y por pasiva anteriormente. Y Arzalluz consiguió que el PSE lo firmara también, siendo Jáuregui, el monaguillo de González en aquel momento, el autor de semejante infamia.

Para evitar que una nueva traición al Estado de derecho sea consumada con motivo de la elección del nuevo secretario general, los votantes socialistas sólo tenemos una garantía: que el líder del PSE-EE no sea un hombre del “aparato”, un hombre gris fiel al partido que pueda traicionar el proyecto democrático si “las circunstancias así lo aconsejan”, sino que sea un líder social, un líder de la ciudadanía, una persona destacada en la defensa de la democracia y de la libertad en las calles de Euskadi.

Por eso, si Nicolás Redondo, hastiado de las zancadillas de sus mismos compañeros de partido, no se presenta a la reelección, el nuevo secretario general no puede ser un hombre gris del “aparato” como Patxi López, el favorito de Madrid, sino un líder social que nos garantice a los votantes socialistas la defensa de la democracia y de las libertades frente a un PNV antisistema y faccioso.

El PSE-EE tiene muchos líderes sociales que han defendido con riesgo para su vida esa posición, y cualquiera de ellos podría ser el nuevo líder: Rosa Díez, Javier Rojo, Carlos Totorika, Ana Urchueguía, Maite Pagazaurtundua, y tantos otros. Cualquiera de ellos nos garantizaría la lealtad al Estado de derecho en Euskadi.


UN NUEVO FANTASMA RECORRE EUROPA: EL NACIONALISMO ÉTNICO
(I) EL DERRUMBE DEL IMPERIO SOVIÉTICO Y EL NACIONALISMO ALEMÁN

El estallido de ciertos nacionalismos étnicos en la plácida Europa de finales del siglo XX no ha sido un hecho casual o fortuito. Se engaña quien no sepa ver la realidad que se esconde detrás de estos movimientos políticos actuales. Y este estallido ha traído genocidios como el de los Balcanes, pero también dramas no violentos pero sí antidemocráticos como los del Báltico, y desequilibrios políticos en muchos países europeos.

El derrumbe del imperio soviético, expresado gráficamente en la caída del Muro de Berlín, trajo consigo una gran nueva, el fin del totalitarismo leninista en Rusia y la Europa del Este. Pero este triunfo de la Ilustración y de la Democracia ha sido aprovechado por las fuerzas más reaccionarias de Europa para volver a poner en peligro la paz europea conseguida tras la terrible experiencia del afán imperialista del nacionalismo germánico.

En efecto, aunque ha pasado desapercibido para una gran mayoría de los ciudadanos europeos, y sólo ha sido denunciado por unos pocos intelectuales, la caída del Muro ha producido peligrosos daños colaterales. Es conocido, aunque muy poco comentado, que las fuerzas más reaccionarias del nacionalismo alemán, a través del sector nacionalista de la CDU de Kohl, y especialmente de la CSU bávara, apoyaron a todos y cada uno de los movimientos independentistas que querían aprovechar el derrumbe del imperio soviético para montar su propio Estado, que en la mayoría de los casos ha resultado de un carácter etnicista y reaccionario peligrosísimo.

El nacionalismo alemán apoyó la independencia de los tres estados bálticos, lo que en principio parecía ser muy democrático. Pero lo que ha sido terriblemente antidemocrático es la base etnicista de estos estados. ¿Quién ha denunciado públicamente que en estos países, por ejemplo Estonia, la tercera parte de sus ciudadanos no tiene derechos políticos, no son ciudadanos de primera, porque son de etnia rusa? Es un hecho terrible para Europa que la mayoría de los ciudadanos ignoren esta realidad.

El nacionalismo alemán apoyó la independencia precipitada de Eslovenia, Croacia y Bosnia de las garras del sátrapa Milosevic y su nacionalsocialismo serbio, lo que provocó el genocidio de los Balcanes. Probablemente se podría haber negociado una independencia por etapas o una confederación, pero el nacionalismo germánico propició el desastre al darle una coartada al monstruo Milosevic, porque esa independencia unilateral y precipitada ponía en peligro la supervivencia de las minoría serbias en esos nuevos países etnicistas. ¿Por qué se ha callado que el croata Tudjman era tan fascista y peligroso como el serbio Milosevic? Es un hecho terrible para Europa que la mayoría de los ciudadanos ignoren esta realidad.

El nacionalismo alemán apoyó los movimientos xenófobos y racistas de personajes como Bossi en la rica Italia del norte, de Haider en la Austria pro-germánica, del Vlaams Blok en la Bélgica flamenca y pro-germánica, del Partido Popular suizo, y de un innumerable conjunto de movimientos nacionalistas que han florecido en Europa a partir de 1990. ¿Por qué se ha callado esto? Es un hecho terrible para Europa que la mayoría de los ciudadanos ignoren esta realidad.

El nacionalismo alemán apoyó las tesis del nacionalista étnico vasco Arzalluz, formado políticamente en la Alemania de posguerra, porque como él mismo ha declarado, a principios de los noventa, en plena efervescencia nacionalista en Europa tras la caída del Muro, la CSU bávara le dio el “placet” a su proyecto independentista de España para el 2004. ¿Por qué se ha callado que Arzalluz, a pesar de sus ideas nacionalistas xenófobas, fue defensor de la autonomía vasca durante tantos años en el seno del PNV porque sabía que la independencia era imposible en una España democrática, en una Unión Europea consolidada y con una sociedad vasca completamente mestiza, y abrazó el independentismo de la noche a la mañana, justo cuando el nacionalismo germánico abrió la caja de los truenos étnicos en los años noventa? Es un hecho terrible para Europa que la mayoría de los ciudadanos ignoren esta realidad.


UN NUEVO FANTASMA RECORRE EUROPA: EL NACIONALISMO ÉTNICO
(II) EL PROYECTO REACCIONARIO DE LA EUROPA DE LAS ETNIAS

Aunque algunos papanatas actuales pseudo-izquierdistas y pseudo-ecologistas apoyan el proyecto fantasmagórico de la Europa de los pueblos o de las etnias, esa vuelta a la barbarie medieval propiciada por los nacionalismos étnicos europeos, la izquierda democrática debe decir muy alto y muy claro que lo progresista es defender la Europa de los ciudadanos, la Europa de la Ilustración.

Porque la Europa de los pueblos o de las etnias es un invento del nacionalismo etnicista alemán, del famoso movimiento “völkisch”, la cueva donde se engendró el huevo de la serpiente del nazismo. Y esa Europa tribal estuvo a punto de llevarse a la práctica bajo la expansión hitleriana. Hay abundante literatura al respecto, léase por ejemplo el libro “La Europa de Hitler” del historiador británico Arnold Toynbee.

Y hay que decir muy alto y muy claro también que el nacionalismo etnicista alemán está detrás del resurgir de las fuerzas reaccionarias disgregadoras de esta Europa a caballo entre dos milenios. Su interés está claro: siendo la germana la etnia más poderosa de Europa, una Europa de decenas de mini-estados étnicos sería como el sistema solar, donde los demás estados girarían como planetas alrededor del sol ario.

La Historia nos demuestra que los grandes crímenes contra la humanidad, como el genocidio nazi, que parecen florecer de repente un día como una locura colectiva, en realidad se van gestando durante años y años de forma subterránea. El Holocausto nazi que acabó en Nüremberg había nacido 26 años antes en Munich, la capital de Baviera, y había sido incubado al calor de la caverna del movimiento “völkisch” desde el siglo anterior.

Sabido es que el ascenso en el apoyo popular del nacional-socialismo alemán se desarrolló gracias a varias causas confluyentes. Una de ellas fue la depresión económica que se sufrió a partir de 1929, que fue aprovechada por el nacionalismo étnico alemán, para presentarla de manera victimista como efecto de la humillación del pueblo alemán, y concentró todas sus fuerzas en el grupúsculo más extremista del movimiento “völkisch”, el NSDAP de Hitler. Más tarde, el nacionalismo fue capaz de atraer a sus posiciones a la derecha liberal-conservadora (DVP), y finalmente a la Democracia Cristiana (Zentrum).

Otras causas fueron la traición del Partido Comunista, que apostó por el enfrentamiento con el “traidor” SPD, la fuerte Socialdemocracia alemana, y propició el ascenso de Hitler, al no unir sus fuerzas contra el nacionalismo étnico emergente. El Socialismo democrático alemán, se encontró solo, totalmente solo, para defender a la república de Weimar ante la epidemia de la peste nacionalista que sacudió Alemania.

Claro que al principio nadie se daba cuenta de que lo que el calor de la caverna “völkisch” había engendrado era el huevo de la serpiente. Y la mayoría tampoco se preocupó después por el desarrollo de la Bestia reptiliana. La Socialdemocracia alemana se encontró sola, abandonada por los liberales, los democristianos y los comunistas; e incluso no todos los socialistas fueron conscientes del terror que se avecinaba. Luego ya fue tarde...


UN NUEVO FANTASMA RECORRE EUROPA: EL NACIONALISMO ÉTNICO
(III) LA IZQUIERDA EUROPEA Y LA EUROPA DE LOS CIUDADANOS

Para algunos de nosotros es evidente que las fuerzas telúricas de los nacionalismos étnicos europeos se han puesto nuevamente en marcha, empujadas por el monstruo nacionalista alemán, en esta Europa del tercer milenio.

La izquierda europea debe reflexionar seriamente ante la extensión de la peste irracional que significan las fuerzas etnicistas. Primero, debe tener clara la necesidad de defender la Democracia y la Ilustración frente a las fuerzas bárbaras disgregadoras. Segundo, debe buscar alianzas con los sectores liberales-conservadores para oponer un frente contundente a la Bestia. No podemos volver a caer en el error de la Europa de los años 30.

Y desde el progresismo es fundamental atraer a los sectores más extremistas de la izquierda, para que no hagan la pinza mortal como hizo el Partido Comunista alemán. Y esos sectores hoy en día están representados por los restos del naufragio de los mil y un comunismos que en el mundo han sido, y por las fuerzas emergentes de Partidos Verdes, amalgamas donde conviven ecologistas progresistas junto a los denominados ecologistas profundos, más bien retro-ecologistas.

Estos retro-ecologistas están inspirados en los movimientos reaccionarios del naturismo e higienismo germánico, el esoterismo racista pro-ario de los teósofos, el misticismo de la vuelta a la Madre Tierra, etc. Y son estos “verdes” despistados los que han acogido en su seno del Parlamento europeo a los nacionalistas étnicos minoritarios, desde el PNV hasta el resto de partidúsculos que propugnan el monstruo de la “Europa de las etnias”.

¿Alguien piensa que es casualidad que los “verdes” que tratan de proliferar por toda Europa están apoyados y sufragados por el potente Partido de los Verdes alemán? El círculo se cierra, y desde la distancia se comprende la composición total del paisaje: Nuevamente es la semilla del diablo etnicista que se cierne por toda Europa empujado por el movimiento “völkisch” germánico.

La izquierda europea debe defender la Europa de los ciudadanos, la Europa de la Ilustración, la Europa de los derechos individuales frente a los derechos colectivos, la Europa de “un ciudadano, un voto” frente a la Europa de las etnias que nos retrotrae al Medievo, o incluso al Neolítico, la Europa de “ein volk, ein reich”.

Y para ello, hay que combatir los nacionalismos étnicos de todo tipo, tanto los minoritarios que, a sabiendas o no, son empujados por los poderosos nacionalistas germanos, como los mayoritarios que, además de todas las fuerzas pangermánicas, aparecen o pueden aparecer en el futuro, como el nacionalismo francés de Le Pen, el italiano de Fini, el británico, el español o cualquier otro.

Los nacionalismos minoritarios con su fantasmagórica Europa de los pueblos, y los mayoritarios con su ruptura de la Unión Europea, pueden incendiar nuevamente este viejo continente. Frente a ellos, las fuerzas liberales y las fuerzas progresistas deben unirse para defender el proyecto más necesario del siglo XXI, la Europa de los ciudadanos, que entierre de una vez el instinto salvaje del etnicismo.

Por eso, la izquierda europea debería apoyar la propuesta del Partido Socialista Francés, que es una de las pocas fuerzas potentes, republicanas, ilustradas y laicas que pueden hacer frente a la peste nacionalista que nos amenaza. Una Unión Europea cada vez más integral, no sólo económica, sino social, pero basada en los Estados actuales. La importante matización que se debería añadir a este proyecto del PSF es el hablar de Estados simplemente, incluyendo los estados-nación, los estados federales y los estados autonómicos, diversidad que enriquece a Europa. Estados cívicos que son los que nos pueden defender a los ciudadanos de la Bestia etnicista, con la meta de una Confederación de Estados Europeos.


UN NUEVO FANTASMA RECORRE EUROPA: EL NACIONALISMO ÉTNICO
(y IV) EL FANTASMA DEL NACIONALISMO ÉTNICO EN VASCONIA

Las fuerzas etnicistas que recorren Europa hace tiempo que tienen un rincón privilegiado donde experimentar su terrible plan: Vasconia.

Aquí, desde hace más de un siglo existe un movimiento nacionalista etnicista, equivalente al movimiento “völkisch” germánico, fundado por un precursor de Hitler, Sabino Arana, que ha oscilado siempre entre un planteamiento extremista, el primer Sabino, después el colectivo Aberri, luego Yagi-Yagi, por último ETA, equivalente al NSDAP alemán, y un planteamiento moderado, tratando de hacer compatible esa ideología reaccionaria dentro de la democracia, como los partidos nacionalistas democráticos alemanes, si bien estos finalmente fueron devorados por los nazis.

Como hemos comentado anteriormente, tras el derrumbe del imperio soviético el nacionalismo alemán prendió la mecha de este nuevo fantasma que recorre Europa, el nacionalismo étnico. Y en 1990 Arzalluz recibió el visto bueno para promover la independencia de Euskadi, forjando una nueva Croacia vasca en base también a un etnicismo de profunda raíz católica, con un líder caciquil y clerical, Arzalluz, similar a Tudjman, y apoyándose asimismo en la fuerza de los púlpitos en el seno de la sociedad.

El viraje del PNV hacia el extremismo se visualizó en 1998 con la alianza no sólo táctica, sino estratégica, con ETA primero y con su delegado político, Batasuna, después. La vuelta al terror de los niñatos etarras que doblegaron a la vieja guardia no ha roto ese pacto estratégico, tan sólo lo ha dormido, según declaraciones del caudillo Arzalluz.

Ante una sociedad narcotizada por el nacionalismo étnico de forma mayoritaria, y pilotado este movimiento por una dirección bicéfala (PNV-MLNV) extremista, el papel de la izquierda democrática vasca en sintonía con la socialdemocracia europea, especialmente la francesa, es crucial en este enclave geo-político-histórico. Dentro de un PSOE que debe defender la Europa de los ciudadanos y de los Estados frente a la pesadilla de la Europa de las etnias, el PSE-EE tiene que definir primero un proyecto político autónomo y renovador frente a la subordinación en el pasado al nacionalismo vasco, y defender después las alianzas necesarias para hacer frente en casa a la Bestia, la Bestia del nacionalismo étnico.

Y para ello, lo primero es la alianza con la derecha democrática del PP, tanto más fecunda cuanto más se desprenda este partido de sus aspectos nacionalistas españoles, para poder defender con más rotundidad la ciudadanía frente a la nacionalidad. Y después, el PSE-EE debe intentar atraer a la democracia cívica a todos los nacionalistas vascos que no quieran caer en las garras del nacionalismo étnico que se esconde en la caverna oculta del PNV guardada por Arzalluz, esos nacionalistas cívicos amordazados por el caudillo etnicista del PNV. Y por último, la izquierda democrática vasca debe denunciar el peligro que suponen las posiciones que, desde la izquierda residual paleocomunista de Madrazo e IU en general, o desde algunos partidos verdes más retro-ecologistas que progresistas, se muestran proclives a la defensa del proyecto reaccionario de la Europa de las etnias.

Y por encima de todo ello, en estos tiempos en que los medios de comunicación dan alas a la sociedad civil, se debe impulsar la rebelión democrática de la ciudadanía, participando en los foros cívicos como ¡Basta Ya! o el Foro Ermua, y en cuantas iniciativas físicas o virtuales sean posibles. Los ciudadanos no podemos confiar sólo en los partidos políticos, que a veces se dejan arrastrar por el sectarismo, debemos imponer en el seno de la sociedad la lucha contra la barbarie etnicista. Esa posibilidad de rebelión cívica es la que aterroriza al nacionalismo étnico vasco, como se ha visto en numerosas ocasiones, por ejemplo con la emergencia del Espíritu de Ermua en 1997, o la llamada a arrebato en los días previos al 13-M por un nacionalismo que veía peligrar el poder.

La sociedad civil vasca debe servir de fermento para aglutinar a todas las fuerzas políticas de la modernidad, desde la derecha del PP al nacionalismo cívico de Arregi pasando por la izquierda del PSE-EE, para combatir a la sierpe del nacionalismo étnico, y alumbrar la Vasconia de las luces en una Europa de las luces.


DE LOS CONCEPTOS FRANCÉS Y ALEMÁN DE NACIÓN

Tengo para mí que no hay casualidades en la historia de la humanidad, sino más bien causalidades. Y no es casualidad que la revolución cultural del Renacimiento ocurriera en Italia, y la revolución cultural de la Ilustración en Francia. Ambos países latinos, ambos países con siglos de civilización greco-romana.

En cambio, la oposición más pasional a la modernidad que suponía la Ilustración que iluminaba a la humanidad bajo las Luces de la razón, la reacción contra la democracia ciudadana que suponía la república frente al absolutismo, vino de Alemania, de la bárbara Germania ajena al proceso civilizatorio que supuso Grecia a través del brazo imperial de Roma.

En Alemania fermentó y cuajó el movimiento romántico, nacionalista y étnico como reacción a la Ilustración que llegaba de Francia. Kant fue el primer y último gran ilustrado alemán, que tendió sin quererlo un puente al idealismo germánico, sublimación intelectual del obsceno instinto animal que suponía el romanticismo alemán.

La dialéctica europea desde entonces ha sido la misma: la razón francesa frente a la pasión alemana, la modernidad gala frente a la tradición germánica, el laicismo francés frente al puritanismo alemán, el derecho individual galo frente al derecho colectivo germánico, la ciudadanía francesa frente a la etnia alemana, la sociedad gala frente al pueblo germánico.

Y en definitiva, la dicotomía que encierra la raíz de los terribles baños de sangre que supuso el siglo XX europeo: el concepto francés de nación, nación como sociedad plural que iguala los derechos independientemente del origen étnico (y por tanto racial, lingüístico, cultural o religioso), de sus ciudadanos que son el único sujeto de derechos, y el concepto alemán de nación, nación como etnia que implanta la supremacía de unos individuos frente a otros en base a su origen étnico, debido a que la etnia tiene un supuesto “volksgeist” o espíritu del pueblo que la hace merecedora de un derecho colectivo.

Es el concepto de nación cívica, basado en la Ilustración francesa, frente al concepto de nación étnica, basado en el Romanticismo alemán. La república frente al reich. La cultura frente al holocausto. La democracia frente a la barbarie. La modernidad frente a la antigüedad. El caballero San Jorge frente al dragón de la caverna.

El concepto de nación cívica que propugnan en Europa desde los liberal-conservadores hasta los socialistas democráticos, pasando por algunos nacionalistas cívicos cuyo prototipo vasco sería el ilustrado Joseba Arregi. Y contra el concepto de nación étnica que propugnan desde los nacionalistas étnicos, sean alemanes, flamencos, lombardos o vascos, hasta comunistas en estado catatónico tras la caída del Muro que siguen pensando que “contra peor, mejor”, pasando por ciertos retro-ecologistas que no quieren acabar tan sólo con el expolio del planeta, sino también con la civilización del mismo planeta para volver a la caverna de la tribu, eso sí, en mística comunión con la naturaleza.

¿Será casualidad o causalidad que en este rincón de Europa, en este “saltus vasconum” o bosque vascongado, donde apenas llegó la civilización romana, al igual que sucedió en el bosque germánico, suframos la tinieblas del romanticismo mitológico de un nacionalismo étnico excluyente, frente a las luces de la nación cívica plural e ilustrada?


LA PELIGROSA IZQUIERDA POSMODERNA

La izquierda moderna, el progresismo, nace de la Ilustración, del siglo de las luces que supuso la centuria XVIII en Europa y especialmente en Francia, y que pretendía iluminar a la humanidad con las luces de la razón. El progresismo, al igual que el liberalismo conservador, arranca de la modernidad frente al Antiguo Régimen, de la democracia frente el absolutismo, de la ciencia frente a la superstición, de la tolerancia frente al fanatismo. Por tanto, la izquierda es un fruto de la modernidad. Pero el progresismo, a diferencia del liberalismo, pretende ir más allá de la igualdad formal, y caminar hacia la igualdad social con políticas de redistribución de la riqueza.

Históricamente, parte de esta izquierda abandonó el primer pilar de la modernidad que es la libertad, y constituyó una de la peores pesadillas que ha padecido la humanidad, el comunismo o izquierda totalitaria que ha proporcionado el triste balance de cien millones de muertos, en nombre de una supuesta liberación económica por medio de la revolución. Por supuesto que esa utópica revolución no arraigó donde su fundador ilustrado Karl Marx había profetizado, en la moderna Europa, sino que lo hizo en forma de dictadura marxista-leninista en países premodernos y feudales como Rusia o China.

Caído el muro de Berlín, ya sólo quedan residuos comunistas en la Asia premoderna y en alguna finca particular del Caribe. Y en cambio ahí queda la mayor aportación del socialismo democrático del siglo XX a Occidente, el Estado del bienestar, modelo que debemos exportar al resto del planeta. Pero actualmente ha surgido en Occidente una izquierda preocupante que conviene analizar, aunque ahora mismo su fuerza sea absolutamente minoritaria: la izquierda posmoderna.

La izquierda posmoderna es una mezcolanza que amalgama restos nostálgicos de la izquierda totalitaria con movimientos oscuramente reaccionarios basados en la ecolatría, que no en la auténtica ecología. Su peligrosa ideología denuesta la modernidad, pretende derribar su supuesto ídolo, el progreso, y volver a la supuesta Arcadia feliz premoderna e incluso prehistórica. Abomina del racionalismo y del cientifismo, incluso abomina de Platón y Aristóteles, y nos quiere retrotraer a la edad de oro, al supuestamente original comunitarismo de unidad mística con la Madre Naturaleza. Esa edad dorada donde el varón cazaba bisontes con su cachiporra mientras arrastraba del cabello a su mujer deseada y el hechicero de la tribu hacía sacrificios propiciatorios en el interior de la caverna.

Sus teorizaciones se basan en una posmodernidad que supone de hecho un regreso a lo arcaico, con llamadas a lo irracional, levantando las banderas de lo ambiental frente a lo humano, de lo étnico frente a lo cívico, de lo local frente a lo global, de lo multicultural frente al mestizaje, de lo esotérico frente a lo científico. La izquierda posmoderna abandona el fundamento del progresismo que es la modernidad, la Ilustración, la democracia y el mestizaje, y se echa en brazos de las fuerzas más oscuras de la humanidad, las fuerzas irracionales y ancestrales que creíamos haber derrotado para siempre.

Así que la lucha continúa. Una vez vencidos el absolutismo y su rebrote criminal que supuso el nazismo, una vez derrotado el comunismo asimismo criminal, la izquierda moderna debe confrontarse con su adversario natural, el liberalismo conservador. Pero ambos deben oponerse de forma conjunta contra los enemigos de la cultura democrática, que son tanto los vestigios premodernos del etno-nacionalismo como los vástagos posmodernos del eco-comunismo que tratan de derribar la modernidad.

Porque la modernidad es el edificio cumbre de la humanidad que ha proporcionado las mayores cotas de libertad, igualdad y solidaridad de la historia. Porque la modernidad es el hogar (”oecos” en griego) de la humanidad ilustrada, y que por tanto una auténtica ecología o ciencia del hogar debe salvaguardar como un bien precioso. Una modernidad que se puede y se debe perfeccionar, combatiendo las injusticias económicas y los atentados ecológicos, pero nunca destruir.


SOCIALDEMOCRACIA, LENINISMO Y NACIONALISMO

La línea divisoria entre el socialismo democrático y el totalitario incluye históricamente la opción internacionalista del primero frente a la nacionalista del segundo. La socialdemocracia, tanto si consideramos su origen marxista como especialmente su evolución democrática basada en la Ilustración europea, ha sido siempre internacionalista, y martillo de herejes de restos premodernos como son el clericalismo y el nacionalismo.

Sin embargo, la facción totalitaria de la izquierda que se originó con Lenin y fue llevada a su máxima expresión por su sucesores ideológicos Trotsky, Stalin y Mao Zedong, es decir, las mil y una cabezas del comunismo, han utilizado los nacionalismos como una potente arma para manipular a los pueblos incultos y conseguir el poder dictatorial como supuesta vanguardia del proletariado. Lenin despreciaba la libertad (libertad ¿para qué?), se valía de cualquier medio para alcanzar el poder (cuanto peor, mejor), y empleaba como armas la violencia y la mentira (contra los cuerpos la violencia, contra las almas la mentira). No es de extrañar su defensa de la autodeterminación de las etnias minoritarias y de los nacionalismos étnicos.

Podemos incluso remontarnos a los patriarcas del marxismo para ver la crítica a los nacionalismos como rémoras del progreso social. Friedrich Engels dejó escritas estas perlas: “No hay ningún país europeo que no posea en cualquier rincón una o varias ruinas de pueblos, residuos de una anterior población contenida y sojuzgada por la nación que más tarde se convirtió en portadora del desarrollo histórico. Estos restos de una nación implacablemente pisoteada por la marcha de la historia, como dice Hegel, esos desechos de pueblos, se convierten cada vez más, y siguen siéndolo hasta su total exterminación o desnacionalización, en portadores fanáticos de la contrarrevolución y así como toda su existencia en general es ya una protesta contra una gran revolución histórica. Así pasó en Escocia con los gaélicos, soporte de los Estuardo desde 1640 hasta 1745. Así en Francia con los bretones, soporte de los Borbones desde 1792 hasta 1800. Así en España con los vascos, soporte de don Carlos. Así en Austria con los eslavos meridionales paneslavistas (en sentido lato) que no son más que el desecho étnico de un desarrollo milenario sumamente confuso”.

En la poderosa Socialdemocracia alemana surgió la voz de Rosa Luxemburg que defendió el internacionalismo frente a la opción nacionalista del socialismo ruso capitaneado por Lenin. En 1908 publicó “La cuestión nacional y la autonomía” criticando duramente al partido de Lenin, quien respondió en 1914 con su tesis “Sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación”. Rosa Luxemburg dejó escrita esta sentencia universal: “Es evidente que la consigna de autodeterminación y todo el movimiento nacionalista constituye el mayor peligro para el socialismo internacional”.

La sangrienta paradoja de la historia es que el marxismo-leninismo, la expresión más brutal del totalitarismo de izquierdas y equivalente con su Gulag al nazismo de Auschwitz, ha sido históricamente el paladín del nacionalismo y la autodeterminación de las minorías como arietes para tomar el poder absolutista, pero igualmente se ha demostrado genocida una vez ha ejercido el poder. Stalin, el ideólogo de Lenin en esta cuestión, se reveló como el genocida de tártaros, chechenos, mongoles y demás etnias minoritarias una vez llegó a gobernar con mano de hierro la Unión Soviética, que curiosamente gracias a él proclamaba sobre el papel el derecho de autodeterminación de los pueblos que componían la URSS.

Muchos movimientos durante el proceso de descolonización de mediados del siglo XX abrazaron el marxismo-leninismo como soporte ideológico para la independencia y la revolución (Vietnam y otros pueblos asiáticos, Cuba y Latinoamérica), y ahí está el sangriento resultado de semejante ideología. ETA nació igualmente como movimiento etnicista vasco que, frente a las tendencias predominantes cristiano-demócratas del PNV de los años cincuenta, basaba ideológicamente su extremismo violento en el marxismo-leninismo. Por eso los postulados autodeterministas de ETA han sido siempre apoyados por maoístas, castristas, trotskistas y por Izquierda Unida, máscara amable del comunismo español.

Por contra, la socialdemocracia, la responsable de las mayores cotas de libertad y de bienestar económico no sólo de Occidente sino del mundo entero, siempre ha defendido los principios básicos de la modernidad, la democracia parlamentaria frente al totalitarismo, la ciudadanía frente al etnicismo, la diversidad frente a la pureza, la pluralidad frente al apartheid, el universalismo frente al localismo, el internacionalismo frente al nacionalismo, la unión de entidades políticas cada vez mayores frente al principio reaccionario de la autodeterminación.

Resulta en cualquier caso curioso que parte de nuestro socialismo democrático actual, sin duda por su analfabetismo cultural y su falta de conocimientos históricos, vaya en estos temas de la mano con esa peligrosa izquierda posmoderna eco-comunista, fruto de la coyunda de la momia marxista-leninista con el retro-ecologismo ligado al romanticismo reaccionario.

Aquellos socialdemócratas, pocos afortunadamente pero ruidosos como Maragall o Eguiguren, que no sólo pactan con los nacionalismos retrógrados sino que hacen suya esa ideología, son aprendices de brujo que no han aprendido nada de la historia universal, y mucho menos de la historia del socialismo democrático. Su inconsciente admiración por Lenin puede traer peligrosos efectos colaterales para la democracia en España, y en cualquier caso años de predominio de la derecha moderna en el gobierno de nuestro país si sus planteamientos son escuchados por un Zapatero ignorante de los valores tradicionales de la izquierda moderna e ilustrada.


PATXI LÓPEZ ¿LOBO O CORDERO?

En el congreso del PSE-EE ha habido cosas buenas y cosas malas, siempre para mi humilde parecer.

Una cosa buena, por ejemplo, es que a pesar de que la candidatura de López era “la que tenía que ganar”, porque era la que había muñido el “politburó” del PSE dirigido por Eguiguren, y especialmente el “politburó” del PSOE al dictado de Blanco, a pesar de ello, la candidatura del líder social Totorika ha alcanzado casi el 40 por ciento de los votos. Esto en cualquier otro partido es inimaginable.

Otra cosa buena es que ya sabemos que la tendencia entreguista a ETA, es decir, de los que quieren la rendición del Estado de derecho en Euskadi vía la compra-venta con los “tratantes de paz” de Elkarri, es decir, los Odón Elorza y Gema Zabaleta, suponen tan sólo el 6 por ciento de los militantes socialistas. Un apéndice insignificante como el que supone el prostituido Madrazo en la sociedad vasca.

Lo malo es que han ganado, pero no sabemos quiénes. Nadie sabe lo que piensa López, porque nadie lo conoce. Todos los votantes socialistas conocemos a Nicolás Redondo, Javier Rojo, Rosa Díez, Carlos Totorika, Francisco Llera, Mario Onaindía, José Ramón Recalde, Teo Uriarte, Ignacio Latierro, José Antonio Maturana, los Múgica, Ana Urcheguía, Mikel Cabieces, Carlos Pera, Maite Pagazaurtundua... y otros muchos socialistas que han protagonizado la rebelión democrática contra la mafia etno-terrorista.

López ha hecho un discurso demagógico, hablando de la falaz equidistancia entre el PNV y el PP, pero defendiendo con vehemencia la constitución y el estatuto, y por eso ha ganado la conciencia de muchos socialistas honestos. Lo que éstos no saben es que el presidente de la candidatura de López, el Rasputín vasco Eguiguren, pretende, como lo ha hecho toda su vida, vender el pacto del PSE con el PNV por un plato de lentejas, traicionando lo que haga falta, empezando por la constitución democrática y el inigualable en competencias estatuto de autonomía.

López ha enseñado la patita blanca para ganar el congreso, pero la duda sigue. ¿Es la negra pata de Eguiguren blanqueada con harina como en el famoso cuento que nos relataron de pequeños, o es realmente la pata blanca de un auténtico cordero?

No hay que preocuparse, más temprano que tarde los votantes socialistas lo descubriremos.

Por ejemplo, ya tenemos dos temas sobre la mesa sobre los que el flamante secretario general – lo de líder se lo tiene que ganar en unas elecciones- deberá posicionarse, y podremos así empezar a ver el color real de la patita.

Uno, es la innegable deriva etnicista de la actual dirección del PNV. Egibar ha pedido en el parlamento “por favor” a Batasuna que dialoguen con ellos para “resolver el conflicto”, mientras que la vanguardia más etnicista del PNV, el sindicato ELA (que realizó la unidad con LAB, la máscara sindical de los asesinos de ETA-Batasuna, como ensayo general del pacto de Lizarra) va a celebrar un Aberri Eguna conjunto con la mafia terrorista en la localidad vasco-francesa de Donibane Garazi. ¿Va a seguir López defendiendo tender puentes a un PNV que quiere pactar un Lizarra II? Ya sabemos que Eguiguren no sólo desea eso, sino que quiere participar en el Lizarra II para dejar al PP solo como sufridor de la limpieza étnica. Pero ¿qué quiere López?

Dos, hasta Zapatero apoya la nueva ley de partidos políticos que podría permitir al Tribunal Supremo de Justicia ilegalizar a los partidos filoterroristas, y hasta el editorialista de El País también lo hace. Éstas son las dos fuerzas principales que apoyaron a Eguiguren en la cacería de Redondo. Pero el miserable Arzalluz ya ha tocado a rebato, hablando de estado de excepción, cuando el auténtico estado de excepción es el que permite el gobierno vasco, el instalado por el terror etnicista que está exterminando a la oposición del PNV. Arzalluz brama porque intuye que esto podría ser el principio del fin de la mafia terrorista que les permite dirigirse hacia la limpieza étnica a plazos. Ya sabemos que Eguiguren quiere lo que quiera Arzalluz. Pero ¿qué quiere López?

Lo repito, no hay que preocuparse, más temprano que tarde los votantes socialistas descubriremos si la patita blanca que ha mostrado Patxi López corresponde a un nuevo líder del socialismo vasco constitucionalista o es la negra pata de Eguiguren blanqueada con harina. Más temprano que tarde los votantes socialistas descubriremos si Patxi López es un lobo o un cordero.


APAGÓN EN LA FRANCIA DE LAS LUCES

Ni el aparente triunfo espectacular de Le Pen en la primera vuelta, ni su clara derrota en la segunda, deben llevarnos a engaño respecto a la importancia de lo sucedido en Francia. Las elecciones presidenciales francesas del 21 de Abril han resultado ser un seísmo político que ha conmocionado no sólo a Francia sino a Europa entera. Y ello porque Francia, además de ser miembro fundador de la UE, es el símbolo de la democracia moderna de Occidente, el símbolo de la Ilustración, el símbolo del concepto de ciudadanía. La Francia capital cultural de Europa, la Francia cuna de la modernidad, la Francia de las Luces, ha sufrido un apagón político de imprevisibles consecuencias.

El terremoto francés es hijo de muchas causas, y un análisis serio de lo sucedido debe analizar los múltiples factores que han coadyuvado al insólito duelo en la segunda vuelta de las presidenciales entre la derecha democrática y la derecha nacionalista étnica. Porque estos días ha habido muchos análisis reduccionistas impregnados por la superficialidad o por el sectarismo político.

Lo que ha llevado a Le Pen a la segunda vuelta ha sido un factor de procedimiento, la multiplicidad de candidatos de izquierdas con poder real de voto, porque el líder fascista consiguió un 15 por ciento hace siete años y tan sólo un 17 ahora, pero Jospin ha pasado de 23 a 16. Sabiendo que sólo dos candidatos pasan a la segunda vuelta, y dando por supuesto que los izquierdistas totalitarios como los trotskistas iban a ir por libre, los candidatos de la izquierda democrática como Chevènement o incluso los aliados en el gobierno del PSF, el PCF y Los Verdes, deberían haberse agrupado tras Jospin. Otras cosa son unas elecciones legislativas o municipales.

Pero este aspecto procedimental no debe ocultar que las elecciones francesas han descubierto una marea emergente muy preocupante para la democracia europea que es no sólo el ascenso por la derecha del nacionalismo étnico sino también por la siniestra de una izquierda posmoderna, ambas demagógicas y totalitarias. Este es el auténtico apagón en la Francia de las Luces.

En efecto, analicemos con detalle la evolución del voto comparando las presidenciales francesas de 1995 y 2002. En 1995 la derecha sacó un 59 por ciento de los votos, mientras la izquierda consiguió un 41. En 2002, la derecha ha obtenido el 57 por ciento, y la izquierda el 43. Por tanto, de marea derechista, nada de nada.

Pero lo preocupante no es el desglose derecha / izquierda, sino el de fuerzas democráticas / totalitarias. Así, en 1995, los partidos democráticos (incluyendo el PCF y los verdes) sacaron un 80 por ciento, y los totalitarios (fascistas y trotskistas) un 20. Pero este año los demócratas han obtenido tan sólo un 70 por ciento, y los partidos totalitarios nada menos que un 30. Este es el dato realmente preocupante: casi un tercio de los votantes han optado por convicción, por rabia o por desesperación por candidatos antisistema, es decir, antisistema democráticos, en una palabra, por candidatos totalitarios.

Desde esta misma columna he advertido en ocasiones anteriores del fantasma que recorre Europa, el nacionalismo étnico, como fuerza premoderna resucitada, y la peligrosa izquierda posmoderna, fruto de síntesis revolucionarias antiglobalizadoras. Pero lo que debemos analizar es por qué avanzan las fuerzas antisistema, tanto por la derecha como por la izquierda. Debemos preguntarnos por el caldo de cultivo que posibilita su emergencia.

Y el caldo de cultivo antisistema está formado por diversos ingredientes que conforman esa peligrosa sopa espesa y turbia. Un factor importante es el miedo ante la inseguridad ciudadana, el terrorismo y la violencia en general, agudizado tras el 11-S. Otro factor es el etnicismo xenófobo, el instinto básico contra el extranjero, agravado por las continuas olas inmigratorias sin control. Un tercer factor es el cansancio del electorado ante partidos políticos que debido a la cohabitación obligada por la V República cada vez se hacen más indistinguibles, junto a la sensación de que la corrupción política es inevitable. Y un cuarto factor, sin ánimo de ser exhaustivo, es la mezcla de desprecio y de miedo por los entes supranacionales como la UE y la globalización.

El gobierno de la izquierda plural de Jospin, escorado sin duda por los eco-comunistas, ha tratado legislativamente la inseguridad ciudadana de una forma peligrosamente ingenua, por meliflua, permisiva y supergarantista. Y la derecha democrática francesa ha agitado en la campaña electoral inconscientemente el miedo a la inseguridad ciudadana para captar votos, pero lo ha hecho sin proponer alternativas, por lo que la gente asustada ha acudido al defensor de la ley y el orden, al fascista de Le Pen.

Por otro lado el miedo a la inmigración descontrolada ha alimentado el etnicismo emergente en Europa. Austria, Suiza, Italia, Bélgica, Holanda, Dinamarca, ahora Francia, han visto resucitar al fantasma del nacionalismo étnico tras la caída del Muro. Pues bien, ni Chirac ni Jospin han hecho nada por cercar a la Bestia, más bien al contrario, han hecho como que no pasaba nada. Y las clases más bajas que entran en competencia con los nuevos llegados, antiguos votantes de socialistas y comunistas, se han echado en brazos de los fascistas cuando han sentido miedo al inmigrante. Y otros ciudadanos ingenuos atraídos por el flautista de Hamelin del multiculturalismo han caído en las garras de los demagogos de izquierdas, especialmente las tres candidaturas trotskistas y las dos ecologistas.

Los cinco años de cohabitación forzosa entre la derecha en la presidencia y la izquierda en el gobierno han diluido las diferencias ideológicas en muchas ocasiones, y han provocado un cansancio de los ciudadanos en los partidos del sistema muy peligroso, porque fuera del sistema democrático sólo hay totalitarismo, extrema derecha y extrema izquierda. Pero mucha gente, harta de ver juntos a Chirac y Jospin como dos siameses en todos los actos representativos internacionales y nacionales, han optado por lo diferente. Y la corrupción del establishment, especialmente sangrante en el caso de Chirac, ha llevado a muchos ciudadanos a la abstención o a votar con rabia a los candidatos antisistema, de derechas y de izquierdas.

Por último, la burocracia de la Unión Europea, una UE con cuerpo, la Europa de los mercaderes, pero sin alma, porque apenas existe la Europa de los ciudadanos, y el proceso de globalización en general, han propiciado también el auge de las fuerzas nacionalistas por un lado, y antiglobalizadoras por otro, ambas situadas también en buena parte al margen del sistema. Es significativo que la extrema derecha y la extrema izquierda se oponen a la UE y a la globalización.

Por lo tanto y en resumen, el problema no ha finalizado con la elección del demócrata Chirac frente al fascista Le Pen como presidente de la República, sino que comienza a desplegarse con las elecciones legislativas de Junio. Porque bien pudiera pasar que la derecha democrática ganara, dado el desconcierto de la izquierda democrática gobernante y la demagogia de la izquierda antisistema, pero que necesitara el apoyo parlamentario del Frente Nacional. ¿Tendremos también en Francia, en la Francia de las Luces, al igual que en Austria o en Italia, al predemocrático nacionalismo étnico en el gobierno?


LA FUSIÓN DIGITAL DEL ETNICISMO VASCO

En la presentación del libro “El relevo” Felipe González además de ridiculizar al secretario general del PSOE José Luis R. Zapatero mintió descaradamente al decir con su habitual tono cantinflesco que había votado por José Bono en el congreso socialista. Lo cierto es que fueron las maniobras de última hora del ex presidente de gobierno las que inclinaron la balanza para derrotar a Bono y proclamar a Zapatero, con Trinidad Jiménez como enlace, y en alianza con Maragall. El antiguo inquilino de la Moncloa sabía que nunca podría manipular a un líder curtido y con firmes convicciones políticas como Bono, pero creía que podría hacerlo con un “pipiolo” como Zapatero.

Lo que pasa es que Zapatero empezó a volar solo, y especialmente a “desviarse” de la doctrina González en la política vasca que es la de “apoyar a su amigo Arzalluz”. Por cierto que un socialista sólo puede ser amigo de un reaccionario xenófobo como Arzalluz si utiliza el izquierdismo como máscara populista para ocultar su participación en el mayor escándalo de corrupción de la democracia española. A pesar de que Nicolás Redondo había votado a Bono (por lo que nos podemos imaginar a quién no votó González, dado el odio africano que éste profesa a los Redondo), Zapatero apoyó su proyecto constitucionalista y beligerante contra el etnicismo instaurado en el PNV, lo incluyó en su ejecutiva, firmó el pacto por la libertad y contra el terrorismo con el PP, y dio soporte a la campaña constitucionalista en las elecciones vascas.

Pero tras la noche del 13-M, bajo el pretexto de que había fracasado la estrategia socialista, González y su plumilla Cebrián desde PRISA decretaron la muerte política de Redondo y exigieron a Zapatero que la ejecutara. La sumisión del líder socialista a este dúo poderoso ha marcado el “delenda est” social para el pobre Zapatero, porque ha perdido el apoyo de la “intelligentsia” honestamente progresista y de la gran mayoría del electorado de izquierdas, y sin embargo sigue siendo ninguneado y atacado por el César y sus tropas mediáticas.

Pero el letal ataque de González a Zapatero en su presencia muestra un nerviosismo que no sabemos con qué está relacionado, pero que podría estarlo con el gran acontecimiento paralelo en el tiempo, la fusión de las plataformas digitales. Los que peinamos canas hemos visto de todo en la vida política, y todavía cabe la esperanza. Desarrollaré una serie de hipótesis encadenadas para mostrar de dónde podría venir el hilo de luz.

PRISA apoya a González de manera táctica para combatir a un Aznar que se había declarado enemigo de PRISA, jaleado por sus “hooligans” Pedro J. Ramírez y compañía, que le ayudaron en la toma del poder. Pero el objetivo de Polanco, como el de cualquier empresario, es ganar dinero, lo cual es muy lícito. Si Aznar defrauda a sus “hooligans” mediáticos y pacta una “entente cordiale” con Polanco que le permita desarrollar sus negocios, éste no necesita apoyar al viejo resentido y anterior habitante de la Moncloa. Y los grandes negocios de nivel nacional oscurecen los pequeños negocios de parroquia, como los que podría hacer con el PNV en el País Vasco. Y lo que es más importante, la base imprescindible para la prosperidad empresarial es la pacífica convivencia española, para lo que es necesario apagar la hoguera vasca que en manos de los nacionalistas camina hacia la fractura social e incluso la guerra civil.

Si hay que echar agua al fuego vasco, hay que apoyar la política del Estado de derecho para defenderse y destruir al cáncer secesionista vasco, del cual el terrorismo es sólo el síntoma, pero no la enfermedad. Hay que ilegalizar a los aparatos políticos del terrorismo y aislar socialmente a todos los tentáculos de la hidra etarra. Hay que potenciar una alternativa constitucionalista vasca que sirva de alternancia a 25 años de gobierno nacionalista, y que sólo ha fracasado en el primer intento, cuando González y Aznar triunfaron a la tercera, por ejemplo. Un gobierno vasco constitucionalista cortaría de raíz el caldo de cultivo del terrorismo que ha supuesto la política económica, educativa y mediática del PNV.

Así que llegamos a la conclusión de que la “fusión” de las plataformas de TV digital podría llegar a suponer en el futuro la “fusión” del nacionalismo étnico vasco, si se me permite jugar con la polisemia de esta palabra.

De momento, González ha criticado la nueva ley de partidos, pero PRISA la ha apoyado editorialmente, aunque mantiene a sus “hooligans” en las ondas y los papeles como medida de precaución. ¿Veremos cumplirse los siguientes pasos de las hipótesis encadenadas? Es difícil, pero no imposible. La prueba de fuego vendrá cuando el órgano para la defensa de la competencia (o sea, Aznar) dictamine las condiciones de la fusión digital.

¿Cuál sería a medio-largo plazo la prueba del nueve de que PRISA y el PSOE unen sus fuerzas a las del PP y su aparato mediático para derrotar al etnicismo vasco, como han hecho en Francia la derecha y la izquierda democráticas para derrotar al nacionalismo étnico de Le Pen? Sin duda la sustitución de Cebrián como consejero delegado de PRISA; por Díaz Polanco, por ejemplo, el gran triunfador de la fusión digital.


LA IGLESIA VASCA Y LA MAFIA VASCA

Los obispos vascos han declarado la guerra al Estado de derecho. Como en los tiempos pasados de la historia de España, la infamia vuelve a aparecer en los alambicados, tortuosos y farisaicos textos de la clerigalla para torpedear el triunfo de la ciudadanía frente a la etnicidad, de la modernidad frente a los privilegios medievales, de la Ilustración frente a la superstición, de las Luces frente al oscurantismo. Con razón exclamaba Voltaire “aplastad la infamia”, refiriéndose precisamente a esta clase de infamia.

Naturalmente que se puede discrepar de la conveniencia o no de la ley de partidos que permitirá ilegalizar a los partidos con conductas –que no ideas- violentas. Los obispos tienen todo el derecho del mundo a pensar que la ley no es deseable. Pero no tienen derecho a destruir los valores democráticos de la sociedad vasca, ni a ofender a las víctimas del terrorismo pidiendo la impunidad para los terroristas.

Los obispos vascos no firmaron el pacto por las libertades y contra el terrorismo -¿es que no están a favor de la libertad y contra el terrorismo?- porque adujeron de forma jesuítica que no podían hace declaraciones políticas. No firmaron el documento, como el PNV.

Ahora, en cambio, firman una pastoral política, tremendamente política, para oponerse a lo que han acordado el 95 por ciento de los representantes de los ciudadanos españoles. Firman contra la ilegalización de Batasuna, como el PNV. ¡ Qué casualidad !

Yerra Iturgaiz cuando dice que la Iglesia Vasca obedece a Arzalluz. No parece conocer muy bien lo que es el etnicismo vasco. Históricamente, y hoy en día también, es el PNV el que obedece a las consignas integristas de la clerigalla vasca. Sabino Arana, el racista e integrista fundador del PNV, lo sentenciaba muy claramente:(Esa Bizkaya entendida como una comunidad de raza y de creencia) “se establecerá sobre una completa e incondicional subordinación de lo político a lo religioso, del Estado a la Iglesia” (Obras completas, p. 280).

Porque lo grave de la pastoral nacionalista de los obispos es que relativiza el terrorismo, banaliza el mal, prepara el camino del exterminio de los ciudadanos vascos no nacionalistas. Una de las intelectuales que mejor ha estudiado cómo fue posible el Holocausto, la judía-alemana-americana Hannah Arendt, explica que lo que hizo posible el ascenso y la barbarie consentida del nacionalismo étnico alemán fue la banalización del mal. Lo que anestesió las conciencias de los ciudadanos alemanes.

Justamente igual hace la Iglesia Vasca cuando dice sobre la ilegalización de Batasuna que “nos preocupan como pastores algunas consecuencias sombrías que prevemos como sólidamente probables y que, sean cuales fueren las relaciones existentes entre Batasuna y ETA, deberían ser evitadas”.

Es decir, en el caso de que se probara judicialmente lo que todos sabemos, que Batasuna y ETA son dos aparatos del mismo complejo mafioso-terrorista, la clerigalla vasca prefiere la impunidad para los terroristas, y solicita que el Estado de derecho no defienda la democracia con la ley en la mano, para que así se pueda “preservar la paz”. O sea, para que, hemos de suponer, el etnicismo vasco mantenga intactas todas sus fuerzas, desde la nominalmente democrática del PNV hasta la terrorista de ETA. Realmente, esto es una infamia intolerable, política y moralmente.

No contentos con pedir la impunidad para los terroristas en nombre de la paz, se atreven a amenazar a los amenazados, a los que sufren la persecución de la mafia vasca. “No vemos cómo un clima social así pueda afectar favorablemente a la seguridad de los más débiles: los amenazados. Más bien nos tememos que tal seguridad se vuelva, lamentablemente, más precaria”, dicen los obispos vascos. “Esa ley para ilegalizar a Batasuna traerá más sufrimiento al pueblo vasco y un mayor derramamiento de sangre”, dice literalmente el portavoz de los matarifes, Arnaldo Otegi. Idénticos eufemismos de rancio jesuitismo para que los débiles se rindan a los poderosos.

Pero parafraseando al Eclesiastés, podríamos decir que no hay nada nuevo bajo el sol. Esta ignominiosa y farisaica defensa del “status quo” que protege a los poderosos, que en Vasconia son los etnicistas, frente a los humildes, los que no somos nacionalistas, que protege a los que exterminan, frente a los que somos exterminados, la ensayó la Iglesia Católica con gran éxito en la Alemania nazi. Decía Octavi Martí no hace mucho en El País:

El Papa Pacelli fue antes nuncio en Munich y Berlín, cardenal y secretario de Estado del Vaticano, y su trayectoria no está libre de sospecha. Su simpatía por Alemania le llevó a respaldar públicamente a monseñor Ludwig Kaas, presidente del partido nacional-católico que votaría en 1933 a favor de los plenos poderes a Hitler y que aceptaría disolverse para dejar todo el camino libre a los nazis. En 1934, Pacelli reclamaría por escrito que 'el Reich utilice sus poderes dictatoriales para imponer el Concordato a los gobiernos regionales'. En 1937, dirigiendo la diplomacia vaticana, se declaró dispuesto a recibir a Göring y a Von Ribbentrop.

La encíclica 'La unidad del género humano', encargada por Pío XI para condenar el racismo y el antisemitismo nazi, nunca sería publicada pues Pío XII, que hereda el documento, prefiere guardarlo en un cajón al mismo tiempo que declara que 'el nazismo es un sistema de pensamiento que humaniza lo divino y diviniza lo humano'. También envía un mensaje de felicitación a Franco por su 'victoria católica' en 1939.

Pío XII vivió una época difícil y no siempre supo evitar lo que el catecismo llama las 'malas compañías': en mayo de 1940 recibió a Ante Pavlevic, presidente de Croacia, 'bastión de la cristiandad', y el Vaticano abrió de nuevo las puertas a Pavlevic en 1943, cuando ya se sabía que serbios, gitanos y judíos eran exterminados en Croacia. No es hasta mayo de 1945 cuando Pío XII se atreve a considerar públicamente el nazismo como una 'doctrina de aplicaciones devastadoras e inmorales'.


IBARRETXE, ENTRE HITLER Y FUJIMORI

Hitler acabó suicidándose en su bunker, y Fujimori exiliado en Japón. ¿Acabará nuestro Ibarretxe sepultado en su bunker particular, o quizá como huésped de honor en la Cuba de su amigo el dictador caribeño? La pregunta no es ociosa, porque el paralelismo del lehendakari con ambos políticos devenidos dictadores a partir del voto ciudadano comienza a ser plausible.

Fujimori fue un presidente de Perú que, una vez elegido democráticamente por las urnas, dio un golpe de Estado civil, a medias por su propio interés político y por la presión del Ejército, y derivó hacia una dictadura corrupta y criminal.

Ibarretxe es un presidente de la Comunidad Autónoma Vasca que fue elegido democráticamente por las urnas, y que ha lanzado por escrito un pronunciamiento que implica un verdadero golpe de Estado civil (en este caso, un golpe de Comunidad Autónoma), porque supone incumplir la Constitución, entrar de lleno en la ilegalidad, proclamar como objetivo la secesión de una Comunidad Autónoma, la anexión (“anschluss” se llama esta figura político-militar desde Hitler) de otra Comunidad, Navarra, y nada menos que la invasión y anexión de parte del territorio de la República Francesa (Hitler lo hizo con Polonia).

El paralelismo de Ibarretxe con Fujimori es más actual, en un proceso que empieza por una elección democrática y acaba en una dictadura mediante un golpe institucional. Y también es muy probable que haya un proceso psicológico parecido, porque si no sabemos muy bien si Fujimori dio el golpe de Estado más por miedo a los militares que por interés propio, es totalmente verosímil que Ibarretxe se haya lanzado al precipicio del golpismo antidemocrático más por miedo al poder fáctico que reina en Vasconia, el aparato terrorista de ETA, que por interés propio, aunque seguro que hay algo de las dos motivaciones.

Pero existe un paralelismo de fondo, basado en un proyecto de limpieza étnica para la pretendida construcción de una nación mitológica, no existente ni compatible con la Historia, que le aproxima más a Hitler. Porque éste dictador también se hizo con el poder mediante elecciones democráticas, pero antes había preparado el caldo de cultivo necesario para narcotizar a la sociedad alemana con dos armas poderosísimas: la mentira y la violencia.

La mentira repetida una y mil veces por el movimiento “völkisch”, el nacionalismo étnico alemán, tergiversando la Historia y la Realidad en las escuelas, en los medios de comunicación, en las familias, en las cuadrillas juveniles, etc. Cosificando a los seres humanos que no eran alemanes verdaderos. Justo como ha hecho el PNV en 22 años de autogobierno.

Y la violencia para aterrorizar y narcotizar a la sociedad, con las hordas pardas de las S.A. hitlerianas amenazando, secuestrando, extorsionando y asesinando por las calles alemanas. Justo como ha hecho ETA-Batasuna en 22 años de autogobierno.

Hitler, una vez en el poder, se encontró con que media sociedad alemana estaba anestesiada por el lavado de cerebro etnicista, y la otra media paralizada por el terror. Y así pudo dar un golpe de Estado civil y comenzar una dictadura que por sus componentes etnicidas, es decir, absolutamente irracionales, primitivos y tribales, acabó en el mayor crimen contra la Humanidad cometido en la historia, el Holocausto. Debemos recordar que al principio, ni las elites políticas ni los ciudadanos alemanes se tomaban en serio a Hitler, porque era un personaje estrafalario con ideas extravagantes. Y ese fue el mayor error. Por ello no debemos quitar importancia al golpe de Estado civil que pretende Ibarretxe, significándolo como un mero brindis al sol, porque las consecuencias pueden ser desastrosas pata la democracia.

Cuando la mitad de la población vasca vive sin libertades por el ataque de un sector del etnicismo vasco, el terrorista, mientras el otro sector del etnicismo vasco, el golpista, no sólo lo permite sino que firma una alianza política con el primero, y desde el poder que le confiere el gobierno autónomo proclama un golpe institucional, sólo cabe una respuesta desde el Estado de derecho. Porque ha llegado ya la hora, después de 25 años de concesiones al nacionalismo sedicente por parte de los demócratas españoles, de tomar el toro por los cuernos. Si el lehendakari da un golpe de Estado, la constitución nos dice lo que se puede y se debe hacer.

En efecto, en el artículo 155 de la principal norma española, se prevé qué puede hacer el Gobierno en caso de que una autonomía incumpla los preceptos constitucionales. Dicho artículo dice en su apartado 1: "Si una comunidad autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al presidente de la comunidad autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general".


TRAS LA ILEGALIZACIÓN, CUMPLIMIENTO ÍNTEGRO DE CONDENAS

Una vez puesta en marcha la maquinaria democrática del Estado de derecho para ilegalizar al aparato político de la organización terrorista ETA-Batasuna, pienso que los partidos políticos democráticos deben ponerse manos a la obra para modificar el Código Penal, con objeto de que los condenados por delitos del crimen organizado, como los terroristas y los narcotraficantes, no salgan “de rositas” a los quince, veinte o treinta años de la cárcel para seguir asesinado niñas inocentes entre otros execrables crímenes.

Tenemos el sangrante caso reciente de un tal Hierro Chomón, que tras cumplir 17 años de cárcel, ha sido detenido por reorganizar los GRAPO y ordenar nuevos atentados. El etarra Antonio Troitiño, responsable de la masacre de Hipercor y condenado a 2.074 años de cárcel por la muerte de 21 personas, sólo permanecerá en prisión 22 años. Sólo son dos ejemplos de la ignominia que los ciudadanos españoles sufrimos a diario.

Esto es inadmisible desde el punto de vista de la sociedad democrática, y los ciudadanos debemos obligar a los partidos democráticos a esta reforma legislativa, de manera que se suprima el límite legal de 30 años efectivos de cárcel, que permite que un asesino múltiple, como es el caso de muchos etarras, sea condenado a mil años de prisión y salga a matar de nuevo al cabo de unos pocos años.

Los ciudadanos debemos presionar al máximo a los principales partidos españoles, PSOE y PP, para que lleven a cabo esta modificación del Código Penal. El Estado de derecho ha permitido con condescendencia durante 25 años que la Mafia Vasca tuviera para sus aparatos no estrictamente paramilitares un impunidad consentida, con la buena intención de lograr una negociación que trajera la paz a cambio de ciertas medidas de reinserción.

ETA ha demostrado en Argel y en la tregua de Lizarra que nunca va a dejar de matar a cambio de la benevolencia para sus asesinos, sino que sólo quiere que le den el poder total en Vasconia, para implantar su dictadura particular al estilo de una Cuba cantábrica. Por ello después de 25 años nos hemos cargado de razón para empezar a aplicar los mecanismos que el Estado de derecho tiene para perseguir al Crimen Organizado. Países de tradición democrática como Gran Bretaña o Francia jamás hubieran permitido la impunidad que hemos demostrado los españoles con el nacionalismo terrorista durante 25 años de democracia.

Así que el Pacto por la Libertad y contra el Terrorismo ya tiene un maravilloso fruto democrático que ofrecer a los ciudadanos españoles y especialmente a los vascos después de 25 años de condescendencia estéril: se acabó la impunidad para los etarras que no forman parte de los comandos paramilitares, es decir, para los etarras que forman parte de los comandos civiles, agrupados en el partido político Batasuna. Se ha puesto en marcha el mecanismo democrático para su ilegalización.

Ahora el Pacto por la Libertad y contra el Terrorismo debe fijarse un nuevo objetivo en la defensa de la democracia y para aplastar al terrorismo vasco: el cumplimiento íntegro de las penas para aquellos criminales organizados que no muestren arrepentimiento.

Yerra quien diga con jesuítica intención de sostén disimulado de la Mafia Vasca que el cumplimiento íntegro de las penas es inconstitucional. Los reaccionarios hijos de la Inquisición como los peneuvistas y pseudoprogres hijos del Gulag como los comunistas y el coro de tontos útiles que siempre les acompaña alzarán su meliflua e impostada voz. Pero no engañarán a nadie: sólo sería inconstitucional si la pena no dejara la puerta abierta a la reinserción, es decir, al arrepentimiento.

Si un terrorista condenado a mil años de cárcel por crímenes terribles se arrepiente de ellos y abandona la organización terrorista, puede y debe ser liberado después de ciertos años de prisión. Pero si ese mismo terrorista sigue ufanándose de su pertenencia a la maquinaria infernal etarra, brinda con champagne cada vez que hay un nuevo asesinado, y se ríe de las víctimas y sus familiares, puede y debe acabar sus miserables días entre rejas, porque a su eventual salida de la cárcel volvería a formar parte desde cualquier puesto, sea paramilitar o civil, de la organización terrorista. Justo como hacen ahora.

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