COMPENSACIÓN PARA LA MUERTE

SE JUNTAN DESNUDOS
 
Dos cuerpos que se juntan desnudos
solos en la ciudad donde habitan los astros
inventan sin reposo el deseo.
No se ven cuando se aman, bellos
o atroces arden como dos mundos
que una vez cada mil años se cruzan en el cielo.
Sólo en la palabra, luna inútil, miramos
cómo nuestros cuerpos son cuando se abrazan,
se penetran, escupen, sangran, rocas que se destrozan,
estrellas enemigas, imperios que se afrentan.
Se acarician efímeros entre mil soles
que se despedazan, se besan hasta el fondo,
saltan como dos delfines blancos en el día,
pasan como un solo incendio por la noche.
 
JORGE GAITAN DURAN
(Colombia,1924) de «AMANTES»
POEMA
 
Nuestro amor no está en nuestros respectivos
y castos genitales, nuestro amor
tampoco en nuestra boca, ni en las manos:
todo nuestro amor guárdase con pálpito
bajo la sangre pura de los ojos.
Mi amor, tu amor esperan que la muerte
se robe los huesos, el diente y la uña,
esperan que en el valle solamente
tus ojos y mis ojos queden juntos,
mirándose ya fuera de sus órbitas,
más bien como dos astros, como uno.

 

 
CARLOS GERMAN BELLI
(Perú, 1927) de «POEMAS»

UNA MUJER Y UN HOMBRE
 
Una mujer y un hombre llevados por la vida,
una mujer y un hombre cara a cara
habitan en la noche, desbordan por sus manos,
se oyen subir libres por la sombra,
sus cabezas descansan en una bella infancia
que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,
una mujer y un hombre atados por sus labios
llenan la noche lenta con toda su memoria,
una mujer y un hombre más bellos en el otro
ocupan su lugar en la tierra.
 
JUAN GELMAN
(Argentina, 1930) de «GOTAN»

CARTAS A UNA DESCONOCIDA
 
Cuando pasen los años, cuando pasen
Los años y el aire haya cavado un foso
Entre tu alma y la mía; cuando pasen los años
Y yo sólo sea un hombre que amó, un ser que se detuvo
Un instante frente a tus labios,
Un pobre hombre cansado de andar por los jardines,
¿Dónde estarás tú? ¡Dónde
Estarás, oh hija de mis besos!
 
NICANOR PARRA (Chile,1914)
de «POEMAS Y ANTIPOEMAS»

SILENCIOS
 
silencio yo me uno al silencio
yo me he unido al silencio
y me dejo hacer
me dejo beber
me dejo decir
apuñalada por lo ausente
por la espera bastarda
renaceré a los juegos terribles
y lo recordaré todo
los náufragos detrás de la sombra
abrazaron a la que se suicidó
con el silencio de su sangre
la noche bebió vino
y bailó desnuda entre los huesos de la niebla
animal lanzado a su rastro más lejano
o muchacha desnuda sentada en el olvido
mientras su cabeza rota vaga llorando
en busca de un cuerpo más puro
luego
cuando se mueran
yo bailaré
perdida en la luz del vino
y el amante de medianoche
qué hay
detrás de mis ojos
y de tus ojos
ahora que es de noche
en la sangre
y no podemos ver
el mundo frío
grande
no importa si cuando llame el amor
yo estoy muerta.
vendré
siempre vendré
si alguna vez
llama el amor
viajera de corazón de pájaro negro
tuya es la soledad a medianoche
tuyos los animales sabios que pueblan tu sueño
en espera de la palabra antigua
tuyo el amor y su sonido a viento roto.
ALEJANDRA PIZARNIK (Argentina 1936-1972)
de «EL DESEO DE LA PALABRA»

Ileana: la Galaxia de Andrómeda,
a 700.000 años luz,
que se puede mirar a simple vista en una noche clara,
está más cerca que tú.
Otros ojos solitarios estarán mirándome desde Andrómeda
en la noche de ellos. Yo a ti no te veo.
Ileana: la distancia es tiempo, y el tiempo vuela.
A 200 millones de millas por hora el universo
se está expandiendo hacia la Nada.
Y tú estás lejos de mí como a millones de años.
 
ERNESTO CARDENAL (Nicaragua,1925) de «EPIGRAMAS»

¿QUE SE AMA CUANDO SE AMA?
¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de
la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus
rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?
¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
de eternidad visible?
Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.

 

GONZALO ROJAS
(Chile,1917) de «CONTRA LA MUERTE»

 

 

STARMEDIA        CERRAR