Francisco Urondo
Ilustración Ricardo Migliorisi (paraguay)
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EL
POLEN DE LA ETERNIDAD a Osvaldo Avena En Porto Alegre, a orillas de la dársena empedrada, una negrita camina entre dos negritos. Buscan ágilmente un lugar para hacer el amor, y sólo encuentran el horizonte y las piedras. Qué duro es el amor, dice la negrita, qué cercano el horizonte y todos nos ponemos a llorar a gritar de rabia contra el cielo que va muriendo en otros espacios, tropezando con ciertos planetas menores y /circunstanciales. De Son memorias (1965-1969) |
| OJOS
GRANDES, SERENOS Andando, el barro nos llega a las caderas. Calmando algunas inquietudes, han nacido otras. Rodamos sobre nuevos remansos. Nadie vuelve; es ahora el momento del amor. El deseo es una ola suave; aquí en la orilla, con la mano firme, detrás de los juncos, frente al sol. Volarán los pájaros silvestres, las islas vencerán a las palabras: el silencio sagrado sobre el mundo. Iremos a la hoguera con los grandes herejes. De Historia antigua (1950-1957) |
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| MUCHAS
GRACIAS Sirve y me inclino ante tu palabra, luz de mi pensamiento. Abrirán las puertas, dejarán entender: los artistas, los intelectuales, siempre han sacudido el polvo de la realidad; descubrieron caminos, emancipaciones que no siempre lograron recorrer: era prematuro en algunos casos, en otros fue distinto convengamos, otras palabras son, bajar la corredera de la mira, buscar con el guión y dar justamente sobre algo que puede moverse; un bulto, un meneo a cien metros de tu corazón vulnerable, también enemigo. La suerte ha dejado aquí de andar fallando: se encendió la luz y pudo verse el caos, las flagrancias: esa mano allí, esta codicia; el miedo y otras mezquindades se pusieron en evidencia y el amor no aparecía por ninguna parte. Recompuestos de la sorpresa, rendidos ante los hechos, nadie pudo negar que en este país, en este continente, nos estamos todos muriendo de vergüenza. Aquí estoy perdiendo amigos, buscando viejos compañeros de armas, ganándome tardíamente la vida, queriendo respirar trozos de esperanzas, bocanadas de aliento; salir volando para no hacer agua, para ver toda la tierra y caer en sus brazos. De Poemas póstumos (1970-1972) |
CADA
DIA QUE PASA Sin excepción, casi por naturaleza o desatino, todos los días, a la mañana, temprano, ando por este camino. Llego tarde al trabajo y con alegría, cuando es necesario llegar más temprano y con indignación o repugnancia o sed de venganza o rabia. Todo esto no me martiriza ni me apena, aunque parezca lo contrario y tenga olor a traición; sé muy bien, con toda impaciencia, que el ocio llegará algún día con la revolución. Y que ni una cosa ni la otra vienen de la tristeza o de la impotencia. Voy cansado, es cierto, harto como todo el mundo que se precie, o con desaliento; pero nunca falta alguna cosa, un olor, una risa que me devuelva, para valer la pena; recién entonces empiezo a convencerme; calles sucias y bocinas y el tráfico alucinado y dormido todavía; viejos conocidos, como el destino o la bruma de la ciudad. Y el mal semblante; la desconfianza en los ojos, en los grandes ojos de la gente hechos para volar. Manos enrarecidas que rodean la calle sitiando su respiración. Dominados del mundo; empleadas tersas y vulgares bajando de coches lujosos de los dueños de otras empleadas, y así sucesivamente. De Del otro lado (1960-1965) |
| FRANCISCO URONDO: "Dicen que un escritor
atraviesa al morir un purgatorio de veinte años en la memoria pública. El plazo está
más que cumplido para ese gran poeta que fue -que es- Francisco Urondo, caído en combate
contra la dictadura militar un día de junio de 1976, a los 46 años de edad... No hubo abismos entre poesía y experiencia para Urondo. «Empuñé un arma porque busco la palabra justa» -dijo alguna vez-. Había escuchado el reclamo de Rimbaud: «¡Cambiad la vida!». Estaba convencido de que sólo de una vida nueva puede nacer la nueva poesía. Mi confianza se apoya en el profundo desprecio/por este mundo desgraciado. Le daré/ la vida para que nada siga como está, escribió. Fue -es- uno de los poetas en lengua castellana con más valor y lucidez". Fuente: Juan Gelman sobre Paco Urondo Los poemas seleccionados pertenecen a "Poemas de batalla - Antología poética (1950 - 1976)", Buenos Aires, 1998. |
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