DON GONZALO DIAZ DE VIVAR DAVILA Y ALBURQUERQUE

Caballero de la Orden de Santiago. Su retrato lo muestra muy hermoso, crispada la diestra en la empuñadura del espadín. Se destacó por su fiereza en escarmentador de indios. Hubo, en su tiempo, un levantamiento de mutucos, y Don Gonzalo publicó que, por cada blanco que se comiesen, comería él un aborigen. Extremó el ejemplo hasta mandar que le enviasen uno, cocinado, servido en una fuente con sus blasones famosos, a la mesa. Se ignora si lo probó. El Padre Quiñones cree que sí.Los mutucos se sometieron tanto, que al encontrarse con un soldado en las afueras de la villa, lo acariciaban hasta la exageración. Esa afectiva mansedumbre les valió ser admitidos en las Ferias Anuales de Santa Popea, a las cuales contribuyeron con toscas danzas, histriónicos alaridos, cerámicas porosas y pequeños juguetes de mimbre. Había mutucos en las casas de la Ciudad del Milagro, donde se les confiaba el cuidado infantil, y las huertas donde rivalizaban con los bueyes.Cuando Don Gonzalo se aprestaba a abandonar para siempre a San Francisco, y ya lo rodeaban sus equipajes en el jardín de la Residencia, una delegación de mutucos vino a besarle las manos. Traíanle, en testimonio de acatamiento, una cesta de frutas rojas, heladas en la corriente del Petí. Don Gonzalo Díaz de Vivar Dávila y Alburquerque regresó a su Toledo natal, poco después, dentro de una caja de madera.

Manuél Mujica Lainez Fragmento de «DE MILAGROS Y DE MELANCOLIAS» (1968)

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