Y TODAS ESAS COSAS Y TODAS ESAS COSAS Y TODAS ESAS COSAS Y TODAS ESAS COSAS

SU
Querida Su:
paso días, paso largas temporadas
sin escribir. Pero esta mañana
encontré tu papelito (con tu letra)
«¿Por qué no puedo hablar de plata
con el marido de la estrella?»,
dice.
No hay ninguna arboleda
fosforescente, Su.
Es tu trabajo, tenés que hablar de plata.
Yo, Su, que viviré y moriré
¿conozco alguna justicia que no sea
fundada en el azar? Anoche soñé
que era una muchacha en una hamaca
paraguaya. Y creía, meciéndome entre unos
tilos, oir la música de un infinito
no merecido, Su.
 
 
Sergio Bizzio (Buenos Aires)
de plaquette Paraguay (1991).
LA VENTANA
 
Es febrero y es verano
y uno debería escribir acerca del calor,
la furia inmensa de las noches breves,
los cuerpos hirviendo en la madrugada,
el sol que asoma rojo entre las ramas quietas.
Sin embargo, solo basta asomarse a la ventana
para que las cosas no concuerden
con el paisaje de la mente:
charcos marrones bajo un cielo denso,
poca luz, ladrillos húmedos, viento frío,
papeles pegados a la reja oxidada.
Ahora pasa un auto.
Los chicos cruzan la calle de tierra.
Pesados de lluvia los árboles se doblan,
opacos, hacia la vereda.
El trabajo del ojo a expensas
de cualquier intuición.
Como quien escribe llueve porque llueve,
y nada más que eso.
 
José Di Marco

EPITAFIO
 
Ahora, aquí abajo,
engordando la tierra,
yazgo tieso,
yo, que en un tiempo
me moví en la luz,
como ustedes se mueven,
/allá arriba,
dejando al descuido una flor
sobre mi tumba,
mientras comen galletas,
y hacen bromas,
y se ríen,
como yo me reía,
y hacía bromas,
y comía galletas
cuando estaba vivo,
moviéndome en la luz,
dejando al descuido una flor
sobre la tumba de otro,
como dejan ustedes, allá arriba,
sin pensar que una vez,
inexcusablemente,
también yacerán tiesos,
tan tiesos y graves como yo,
aquí abajo,
engordando la tierra,
yazgo ahora.
 
César Cantoni
(La Plata)
 

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BOLERO DE FIN DE SIGLO
 
Cautivos de sí mismos
en la esquina de un atardecer
dos siluetas enamoradas hacen planes.
Visten el futuro con latigazos de esperanzas
y ensayan posibles secuencias en el teatro
/de la imaginación.
Ahora el relámpago de los besos
apaga el centelleo de los ojos para encender
/sus cuerpos.
Vistos desde la distancia, sólo es posible apreciar,
el cristalino lengüeteo de sus flamas,
hay que acercarse para oír sus voces
y esa respiración que infla y agiganta el horizonte.
Más allá de ellos el universo acaba.
Sin embargo, ya han inventado
el día de su casamiento, la primer noche
bajo las estrellas de Dios, el hijo inaugural,
los cimientos de una casa, cada ladrillo,
las puertas, las ventanas, cada baldosa,
el anhelado techo, la confortable cama,
el fantasma radioactivo, el bacteriano, el abismal,
el crédito al fin, el regular atraso en los impuestos,
el remate del destino por un hábil contrabandista,
un político, un comerciante implacable, un país seguro
de la importancia del resto del mundo,
y el amor, el amor...¿lobo está?
Han inventado
una férrea esperanza clavada en las costillas,
el vaivén inagotable de los etcéteras
y el péndulo metódico del azar
ordenando y desordenado la mesa de los mediodías.
Más allá de ellos el universo acaba.
Se abrazan y despiden: son felices.
El relámpago de sus bocas
brilla en la noche, apagándose,
y el viento, que ha comenzado a soplar,
dispersa en el aire chispas y cenizas.
La solitaria esquina de los besos
ha quedado sola, espera
sin ansiedad, que el amor trame otro encuentro.
 
Marcelo Fagiano
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
UNIDAD 3
 
6:30
llegás a constitución a las 7
a ezeiza a las 8.
te parás detrás de la barrera
hasta que te dejen entrar
atravesás el camino que llega a la ventanita
hacés la cola, esperás a que te atiendan,
te atienden entregás carnet y dni
das su nombre-buscan fichan y te dan 3 números
te hacen esperar otra hora más detrás de la puerta de rejas
te abren
entrás al pañol esperás de nuevo
te llaman por el númerito amarillo -el que tiene el sello es para d.n.i.-
vacías tus bolsas te revisan cosa por cosa
pinchan
abren
sacan
rompen
nada relleno nada metal nada vidrio
pasan todo a bolsa
te sacan ropa azul gris negra
dejás «valores» despúes te dan otro numerito, «valores»,
te hacés otra cola, otra espera, vas a requisa
te levantás el sweater
te levantás la remera
el corpiño
te das vuelta
te levantás del cuello-la ropa
te tocan el cuello-el pelo
te das vuelta te desabrochás el botón
te bajás el cierre
te bajás los pantalones
te bajás la bombacha
te das vuelta te agachás (!)- te enderezás
te subís los pantalones te subís la bombacha
te sacás los zapatos
te revisan los zapatos
te tocan los pies te sacás las medias
te ponés las medias
te revisan los bolsillos.
finalmente te dan un cartoncito: «requisado»
te acomodás la ropa
agarrás tus bolsas te acercás a la otra puerta de rejas
mostrás el «requisado» y esperás a que el milico te abra
te abre, pasás a los tumbos cargado de bolsas
nunca se termina de entrar -pensás-
y entrás
te caminás esa cuadra enlomada
te parás frente a esa puerta de hierro macizo
-y pensás que el cielo está demasiado bajo en buenos aires-
y la pateás, porque ya no te quedan manos con que golpear-
te abren, entregás el «requisado»
entrás
subís una escalerita caracol así de angosta
1 piso
esperás a que te abran la puerta de hierro
la llave que la abre es enorme (con una así le abrieron la cabeza a una)
caminás, te parás en la puerta donde te piden su nombre
anotan
pasás buscás rápido una mesa
mirás si están Aldo y Mari
si están te vas con ellos, sino los esperás con una mesa...
después llegan ellas.
el tiempo se te pasa demasiado rápido
y querés decir lo que no tiene palabra.
llaman pabellón por pabellón
te da escalofrío el sonido de esas voces llamando
y el conglomerado de toda esa gente que se abraza ...
ellas se van pabellón por pabellón, y te quedás ahí 1 hora
hasta que termina el recuento interno, recién ahí te podés ir
-cuando ellos quieren, cuando ellos te abren la puerta, y la otra y la otra y la otra-
 
María Medrano (Buenos Aires)

MI PELICULA
 
Masticando el pasto de los años
no sé como seguir en pie y estoy cansado.
La radio anuncia, intermitentes lluvias,
y la tele, una histriónica lucha para mi corazón.
Pero vos dormís y todo está estrellado.
Un perrito temerario, cruza la calle con sus pulgas,
y un obrero chala, en la parada del 12, un tabaquito
/en los labios.
El mundo avanza sin pudor.
Debatiéndome, entre la burguesía y el temor,
en la honda quietud de mi silencio
las botellas bailan la alegría del malbec.
Son una foto vieja en el buquet de los recuerdos.
Hoy estoy hecho de mitos, de palabras,
de una historia que nunca contaré.
Pero vos dormís y yo no puedo
dejar de contárselo al planeta.
Porque quiero perpetuarme en ese plazo,
/instante sideral,
donde habita el lenguaje de los sueños.
Por eso canto.
Como si en mí creciera,
el otro lado de tus cosas, miro,
tu media mano, tu medio cuerpo, tu media sombra.
El 50 % de lo que todo,
fatalmente no me diste: y estoy contento.
Ahora puede llegar el sepia de los años.
Las injurias de la vejez, la decadencia del alma,
/las cicatrices del tiempo.
Pueden volar de mí todos los pájaros.
Porque yo me quedo con esa gota de sudor,
como un tatuaje,
que tu lengua de azúcar pulveriza,
en la boca del viento.
 
Ernesto San Millán
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