Nicolas Guillen  

PIEDRA DE HORNO  

La tarde abandonada  
gime deshecha en lluvia.  
Del cielo caen recuerdos  
y entran por la ventana.  
Duros suspiros rotos,  
quimeras calcinadas.  
Lentamente va viniendo tu cuerpo.  
Llegan tus manos en su órbita  
de aguardiente de caña;  
tus pies inagotables quemados por la danza,  
y tus muslos, tenazas del espasmo,  
y tu boca, sustancia  
comestible, y tu cintura  
de abierto caramelo.  

Llegan tus brazos de oro, tus dientes sanguinarios;  
de pronto entran tus ojos traicionados,  
tu piel tendida, preparada  
para la siesta;  
tu olor a selva repentina; tu garganta  
gritando (no sé, me lo imagino), gimiendo  
(no sé, me lo figuro), quejándose (no sé, supongo, creo);  
tu garganta profunda  
retorciendo palabras prohibidas.  

Un río de promesas  
baja de tus cabellos,  
se demora en tus senos,  
cuaja al fin en un charco de melaza en tu vientre,  
viola tu carne firme de nocturno secreto.  

Carbón ardiendo y piedra de horno  
en esta tarde fría de lluvia y de silencio. 
 

 de «POEMAS DE AMOR»    

ALTA NIÑA  
DE CAÑA Y AMAPOLA  

Primero fue su rápida cintura,  
la órbita de oro en que viajaba  
su cuerpo, el mundo joven de su risa,  
la verde, la metálica  
naturaleza de sus ojos.  
¿La amé? Nunca se sabe,  
Pero en las noches tímidas,  
en las nubes perdidas y sonámbulas  
y en el aroma del jazmín abierto  
como una estrella fija en la penumbra,  
su nombre resonaba.  
Un día la distancia  
se hizo un largo suspiro.  
¡Oh qué terrestre angustia, en un gran golpe  
de nieve y lejanía!  
¿Sufrí? Nunca se sabe.  
Pero en las tardes tristes,  
en la insistencia familiar del Angelus,  
a la hora del vuelo taciturno  
del búho y el murciélago,  
como en un sueño simple la veía.  
Al fin he aquí que el viento,  
he aquí que el viento al fin me la devuelve.  
La he tenido en mis brazos, la he besado  
en un tibio relámpago.  

Toqué sus manos lentas,  
la flor bicéfala del seno, el agua  
de su lujuria inaugural...Ahora,  
oh tú, bienesperada,  
suave administradora,  
del fuego y de la danza,  
alta niña de caña y amapola,  
ahora ya sé que sufro y que te amo.  
 

de «POEMAS DE AMOR»    

 

ELEGIA MODERNA 
DEL MOTIVO CURSI 

No sé lo que tú piensas, hermano, pero creo 
que hay que educar la Musa desde pequeña en una  
fobia sincera contra las cosas de la Luna, 
satélite cornudo, desprestigiado y feo. 

Edúcala en los parques, respirando aire libre, 
mojándose en los ríos y secándose al sol; 
que sude, que boxee, que se exalte, que vibre, 
que apueste en las carreras y que juegue handball. 

Tú dirás que el consejo es pura «pose», ¿no es eso? 
Pues no, señor, hermano. Lo que ocurre es que aspiro 
a eliminar el tipo de la mujer-suspiro, 
que está dentro del mundo como un pájaro preso. 

Por lo pronto, mi musa ya está hecha a mi modo. 
Fuma. Baila. Se ríe. Sabe algo de derecho, 
es múltiple en la triste comunidad del lecho 
y dulce cuando grito, blasfemo o me incomodo. 

Por otra parte, cierro mi jardín de tal suerte, 
que no hay allí manera de extasiarse en la Luna. 
(Por la noche,el teatro, el cabaret, o alguna 
recepción...) Y así vivo considerado y fuerte. 
 

de «MUSICA DE CAMARA»  


NICOLAS GUILLEN: Este mulato «prodigiosamente dotado para la poesía», nació en Camaguey, en 1902. Dedicó la mayoría de sus versos a la segrergación de los negros y a los aconteceres de la política de Cuba. Escribió sus primeros poemas a los 14 años, que debieron interrumpirse por el asesinato de su padre: «Mi padre fue una de las víctimas de esas vendettas. Le mataron los soldados en la segunda década de esta centuria. Y cuando él cayó yo aún estaba, como afirmo en la canción «Filial», frente al vasto pizarrón de las cosas,/con sus sistemas de cuaciones odiosas,/con la tiza en la mano y la frente fruncida,/tratando de arranacarle, en vano, su incógnita a la vida. Ahí empecé a ser triste.»
Con el tiempo, su obra, de gran sensualidad, comenzó a introducir un antiimperialismo discreto. Sufrió el exilio, bajo la dictadura de Batista y recreó, notablemente, las melodías y ritmos afros hasta lograr una composición de gran cadencia, que le valió el reconocimiento popular en canciones y lo convirtió en el poeta nacional de Cuba. «El verso -explicaba Guillén- es amigo de la emoción. Por eso ha de ser fino y profundo como una nota de arpa. pero yo no olvido que nací en la República, en medio de la coyuntura trágica de la isla: con Martí y Julián de Casal.»
Murió a los 87 años. Los dibujos de esta página son obra de Nicolás Guillén.  


 
 

 

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