ARTURO CARRERA NO FUE EN SICILIA, NO FUE AQUI.  (Fragmento)  

I 

Los hombres dormían. Los niños 
cabeceaban. 
Las jóvenes muchachas conversaban y sus risas 
iban a la brisa única 
de la laguna. 

...no fue aquí, no fue en Sicilia. 

La huella del pie de un niño 
que «paseó» con su madre antes que ella durmiera, 
fue lamida apenas por la espuma 
de los bordes... 

Los perros del anochecer, furiosos, 
se mordían. 

La misma brisa alza ahora la misma huella, 
la nervadura quejumbrosa de la reminiscencia 
como un paso de lo sueños. 

Dos niñas en la arena del mar 
construyen su propio circo mínimo, allá, 
donde un botín de alfabetos y catástrofes 
parecen delatar: «Nosotros somos ese botín 
de alfabetos y catástrofes». 

No es en Sicilia, no es aquí. 

En grados-luz la insistencia del verano 
visita un arco iris que tenuemente 
se disipa. 

Las mujeres con su fábrica de noche todavía cierta 
cuentan sus probables verdades de amor. 

La innoble apariencia no las toca, 
no las excluye y 
las protege. 
II 

Dejo esta laguna frente a tí, 

esta laguna que nos ignora y sin embargo 
nos circunda, nos une por primera vez, 
nos va reuniendo. 

Nos atrevemos a sentir cómo tantas formas 
se adhieren y se apoderan de un cuerpo que ya 
                                                     /no es nuestro. 

(...) 
hay gaviotas en sus nidos todavía quejándose 
como si nos reconocieran 

(no es aquí, no es en Sicilia...) 

esta laguna nos ignora y sin embargo 
nos circunda, 

no nos aísla. 

Me animo a escuchar con qué sigilo 
el espacio y tantos sonidos como risas, voces, 
se adhieren y se apoderan de un cuerpo 

(pero tan adelante 
de nosotros). 

III 

que esta tierra me trague. 
que esta naturaleza me trague. 

allá van las bandurrias volando hacia la laguna, 

otra vez al atardecer, pero sin la rutina 
del vuelo. 

pasan envueltas en un halo parecido al de la luna, 
como una corona anticipada, 
como un velo. 

paseos, paseos, 

paseos de las pequeñas parcas alrededor de la laguna, 

no en Sicilia, no aquí, sino 
en ese ignoto continente donde los inmigrantes 
que me amaron ahora vuelven conmigo a emigrar, 
se unen fácilmente, como animales de un arca 
al antiguo reclamo, 

al antiguo rumor de vida de la laguna 

vida sin historia, sin geografía, sin Colón, 
sin el reclamo del escudo familiar 
que Mandelstam llamó 
«el vaso de agua hervida». 

En Monte Hermoso, a pocos pasos del mar, 
debajo del mar. 

Las huellas de los niños que paseaban con sus madres 
al atardecer están intactas todavía, 
como azúcar amarilla, como miel olvidada 
que un arqueólogo supo probar 
y fijar: 

o atender, como el pájaro de los Upanishads 
(mientras el otro pájaro gemelo no se contenta sólo 
con mirar...): 

él mira, calca la huella, le saca 
fotos 

la detiene en otra sospechosa memoria, 

¿pero no es ése también el signo de la connivencia, 
de los amores, 
de las uniones caligráficas? 

¿Qué me une al paseo, 

qué me une a esas misteriosas mujeres tan 
pequeñas, tan altas como mi madre? 

...qué, 
sino esos diminutos pasos tras la fugitiva 
que memoriza un espacio 
y un tiempo siempre entregados para ella 
sin materia, 

oscuros, en partículas leves 
que se disipan en residuos desorganizados, 
intangibles, 

eso que alguna vez nos pareció la naturaleza 
es acaso su Realidad. 

...pero Rodolfo González detuvo 
ese contorno de polvillo de oro para mí 
y detiene 
esa usura de presencia para mí. 
Y así como la Enana de la muerte se hace pis 
en una burbuja de ámbar, 

ahora estira nuestra lengua hilándola, 
pasándola por ese ojo de aguja donde pasas 
la historia de la femineidad. 

Oh arena, 
arena para todas ellas, 
para todos nosotros, 

arena para mí. 
 
 

de «EL VESPERTILLO DE LAS PARCAS»

LIBRO I. PRIMERA LAGUNA.( 1997).

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
ARTURO CARRERA: 
Nació en Coronel Pringles, provincia de Buenos Aires, en 1948. Figura central de la poesía argentina, es el más destacado poeta de su generación. Un poeta de la magnitud de Alberto Girri ha observado que los «textos de Carrera poseen algo decisivo para calificar una obra de poesía: personalidad poética, entendiéndose como tal lo reconocible e inconfundible». 
A propósito del «VESPERTILLO DE LAS PARCAS», que aquí reproducimos parcialmente, el mismo Carrera sostiene: «Todos mis libros han tocado de un modo u otro los temas de la identidad, la maternidad, la paternidad, los hijos y las relaciones laberínticas con el padre, la representación arcoirizada de la vida cotidiana, etc., pero ninguno enfrentó el tema de las mujeres mitológicas, que arman y desarman el rompecabezas de nuestra vida en nuestra infancia. 
Me refiero a esas mujeres que en la poesía precolombina aparecen bajo el nombre de Abuela del Día, Abuela del Alba, Antiguo secreto, Antigua Ocultadora. Mujeres que marcaron nuestro destino poético o que extendieron el hule de la poesía sobre la mesa como un mapa. Quise trabajar en ellas, en su energía, la dimensión simbólica extrema: su figura de Parcas.» 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

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