JUDES,
EL PUEBLO SIN NOVIAS
Tampoco tiene carretera,
teléfonos, carros, ni nombres en las esquinas de las calles

Noticia Facilitada por Rafael Casado Martínez
No pudieron abrirse más los ojos
de aquel guardia civil joven, pulcro, correcto y atento, que montaba
la guardia en la puerta del cuartel. Le pareció insólito
el propósito, acaso absurdo:
 |
| El alcalde y el secretario
(primero y segundo de la izquierda, respectivamente) conversan con
uno de los enviados especiales de SÁBADO GRÁFICO |
- Vamos en busca del "pueblo sin novias".
- ¿Es
una broma?
- Absolutamente en serio. Deseamos
ir a Judes.
- Bien. Si ustedes van a Judes lo mejor
es que tomen la carretera de Tarragona hasta Maranchón. Allí
le dirán después.
 |
| Esperan novia ¿Las
hay en el pueblo? "Las pocas mozas que hay se marchan a otros
lugares a buscar tyrabajo", nos dicen. |
Maranchón estaba en fiestas. Multitud
de jóvenes, acicaladas iban y venían de oir misa. Trajes
nuevos y vistosos; rostros jubilosos y frescos. Es curioso -buena observación
de aquel personaje que la hiciera en otra ocasión- cómo
se ha "dulcificado" el colorido de los vestidos de los días de
fiesta en los pueblos españoles. De cada diez mujeres jóvenes,
antes, cinco al menos, eran de color rojo, color predominante de la
fiesta nacional. Hoy, los bermellones han dado paso a los amarillos
tenues, a los verdes indefinidos, a los marrones opacos...
- ¿Por
dónde se va a Judes?
- preguntamos.
El interrogado observa la dimensión
del vehículo que nos conduce:
- ¿Piensan
ustedes ir en ese automóvil? Es una lástima. No hay carretera.
Lo mejor sería que buscaran ustedes un práctico para que
les guiara hasta ese pueblo.
Alguien bromea: "Ni que nos propusiéramos
atravesar el canal de Suez".
En efecto, no hay carretera que conduzca
a Judes, que, si antes nos dijeron que es un pueblo sin mujeres casaderas,
porque todas emigran a Zaragoza, Barcelona y Madrid, ahora se nos presenta
como aldeas sin ferrocarril, sin carretera, sin camino definido y sin
ruta bien determinada, perdido en el monte, a 1.200 metros de altitud.
- Pero hoy va a ser difícil
encontrar un guía experto - sigue nuestro interlocutor-
. Las fiestas... ¿No ha venido nunca por aquí?
 |
| En Judes se diría
que no hay más que ancianos. No se ve un solo carro en el
pueblo perdido |
- Por aquí, por Maranchón,
si; por el monte, hacia Judes, jamás. Hoy lo vamos a intentar.
- Pues sigan ese camino de ruedas que
se ve a la izquierda. A veces desaparece. No hay más que agudizar
los sentidos y no desorientarse; luego una trocha, a continuación
una "pista" (senda con un montón de grava encima, a ratos) de
camiones... Ahora pienso, ¿por qué no han traído ustedes
un "jeep"?
(¡Caramba!)
Total monte a través. Con un poco
de buena voluntad y un mucho de vista a la huella, como los indios comanches,
reprendemos la ruta. Chaparros, chaparros, chaparros. Piedras, piedras,
piedras. El sol cae de plano. El automóvil brinca como un saltamontes.
Sabemos que habremos de recorrer diez kilómetros, que el camino,
o lo que sea, se perderá varias veces, que no encontraremos a
nadie en el trayecto, que se nos antoja ya interminable. Sabemos únicamente
que Judes es de la provincia de Soria, que está perdido en el
monte, en el "bosque de Sabinas", como los villorrios de los viejos
cuentos de príncipes encantados. Sabemos también que es
"el pueblo sin mujeres solteras". Luego sabremos muchas cosas más.
Al fin ¡Judes!
Un montón apretado de casa hechas
con piedra gris. Piedra del monte, con olor a tomillo. Nadie en las
eras, nadie en la entrada del poblado, nadie en las primeras calles
que enfilamos, también empedradas en cuesta hacia arriba y abajo.
Comienzan a asomar rostros por las ventanucas. Faces añosas y
selladas por el asombro de ver alterada su paz pétrea con nuestra
prese2ncia. Unos cuantos niños comienzan a correr delante de
nosotros.
- Niño, ¿por qué calle
se va a la plaza?
- Por cualquiera.
Las plazas de las aldeas españolas
son como Roma: por cualquier camino se va a ellas.
- Niño, ¿cómo se llama
esta calle?
- No sé.
Observamos que no hay placas con nombres
en las esquinas.
- ¿No
tienen nombres las calles?
- No, señor.
Judes es también el pueblo de las
calles sin nombre. ¿Qué mayor sencillez? A poco que andamos nos
hallamos en el Ayuntamiento, sentados al lado del secretario, un hombre
amable que atiende a nuestras preguntas:
- ¿Es
cierto que las muchachas emigran a otros pueblos para casarse?
- No es muy cierta esa noticia, aunque,
en verdad la mayor parte de las mujeres jovenes de Judes se marchan
a Barcelona, Madrid y Zaragoza, principalmente, en busca de trabajo.
Si luego se casan fuera de aquí, ello no quiere decir que se
vayan exclusivamente para casarse.
- ¿Pero
es verdad que hay más hombres que mujeres?
- Igual número de hombres que
el de mujeres
- ¿Cuántas
solteras?
- Verdaderamente, pocas. Hay que reconocer
que la mayoría de los mozos no tienen novia. Cuando pasa la época
de las faenas veraniegas del campo, las muchachas se ausentan del pueblo,
como he dicho antes. En el pueblo hay pocos recursos para vivir.
- ¿Cuántos
matrimonios se celebran al año?
- Uno, por término medio.
- ¿Mueren
muchas personas?
- Se registran unas seis defunciones
por año.
- ¿Y
nacimientos?
- Cuatro. Pueden ustedes ver que hay
pocos niños en Judes. El promedio de hijos es de cuatro por matrimonio
- ¿De
qué medios viven los judeños?
La principal riqueza es el ganado lanar.
Este año se han dedicado muchos vecinos a la destilación
del espliego, que se utiliza para perfumes y productos farmacéuticos.
 |
| Ha llegado el momento
de cantar la rondalla es presidida por un anciano de la localidad. |
- Hemos visto que no hay caminos adecuados
para autocares. No hemos visto ningún carro. ¿Es que no hay carros
en este pueblo?
- No; no hay carros, efectivamente.
- ¿Cómo
se trasladan a otros pueblos?
- A lomo de caballería o andando.
Realmente viajamos muy poco.
- ¿Cuál
es el pueblo mas importante que hay por aquí cerca?
- Arcos de Jalón, que dista
dieciocho kilómetros.
- ¿Es
allí donde van a casarse las mozas del lugar?
- Ya he dicho que se ha exagerado sobre
este asunto. Existe algún ejemplo de mujer que trabajó
algunos años lejos de aquí y regreso después para
casarse.
Poco despues de nuestra conversación
con el secretario del Ayuntamiento, durante una charla con varios mozos
judeños éstos nos han dicho lo siguiente:
- Diga usted que aquí es más
dificil encontrar una novia que una aguja en un pajar. No se ven más
que mujeres casadas; la mayor parte, de edad avanzada, ¡No hay mozas!
Diga usted que no
- ¿En
qué quedamos?
- En que tocamos a una muchacha por
cada veinte mozos en edad casadera.
- ¿Cuándo
y donde hallan ustedes novia?
- Cuando nos vamos al servicio militar.
- ¿Y
mientras tanto?
- A trabajar, cantar y tocar la guitarra
o la bandurria
- ¿Salen
ustedes a otros lugares a entablar amistad con muchachas?
- Sí, señor. Generalmente,
vamos a Arcos de Jalón y a Maranchón
- ¿Qué
otra distracción les atrae a ustedes?
- El deporte. La caza también
cuenta aquí con muchos aficionados, pues constituye una buena
fuente de ingresos.
 |
| Los mozos
descansan a la sombra. A un lado, seis mujeres. De éstas,
dos ancianas, y el resto, casadas. Los jóvenes judeños
no tienen novia. |
Al atardecer nos alejamos de Judes. Tuvimos
ocasión de asistir a una rondalla estática, interior,
circundada por cuatro paredes de una sencilla taberna. Dos mozas bonitas
cantaban canciones de amor y una veintena de arrogantes muchachos, tostados
por el sol, empinaban el porrón lleno de vino tinto, espeso un
poco aspero, aragonés. A los mozos les brillaban los ohos. Un
viejos tocaba la guitarra. Atrás quedó Judes.
|
|
|
Un
cantar que habla de amores imposibles.
|
+
noticias