Medinat al-Zahra  

Es paso obligado, la visita a Medina al-Zahara. Está situada a unos cinco kilómetros de la ciudad de Córdoba, en las faldas de Sierra Morena; es uno de los principales yacimientos arqueológicos nacionales y europeos de la edad media. La tradición popular dice que su nombre es debido a una historia de amor. El rey moro Abderramán III, enamorado de su esposa, quiso dedicarle a ésta, la construcción palaciega. Aunque otras fuentes dicen que significa “Ciudad resplandeciente”.

Ambas designaciones se vislumbran en la ciudad. Ya que solo el amor,  es capaz de creaciones tan bellas. Solo él pudo hacer éste conjunto con la armonía del universo y la dedicación de quien sabe apreciar lo esencial... Y también es muy cierto que la ciudad resplandece, acariciada por los rayos del sol andaluz. Es una joyita expuesta entre un oasis de verdor, exaltada por esa luz astral, que encanta con sus embelesos, no solo al artista que la esculpió, sino al que mora y respira su dulce perfume ajazminado.

Es una ciudad de ensueño, por su conservación, es fácil de adivinar el encanto y los lujos que poseyeran sus moradores. Todos los adornos, a pesar del gran número, son equilibrados y armoniosos.

Su construcción data del año 936 y está dispuesta en forma de terrazas o niveles, cada una de las cuales corresponde a diferentes zonas residenciales que pertenecían a diferentes jerarquías políticas: Primero la del califa, luego la zona oficial y después el cuerpo de guardia para terminar con las zonas administrativas y los jardines además de las viviendas de los artesanos. Por supuesto no falta la Mezquita, separada por dos terrazas y una muralla.

Aquí se ve la perfecta combinación concertada entre lo material y lo espiritual. Cuando todavía no se había dado el nefasto divorcio entre el arte y la religión, entre la ciencia y la religión. Proporción y correspondencia en cada lugar, indican una religión científica y un arte espiritual. Una creación alquimista de los seres que saben unir sus voluntades para Alá, para Dios.

Todo el conjunto se expande en una planta rectangular de 1.550 metros por 750, con trazado octogonal y una red primorosa de alcantarillas y abastecimiento de aguas.

La cultura de los Omeyas, con sus despliegues técnicos y cuantiosos recursos demuestra el poderío y alto nivel alcanzado en la península Ibérica con su presencia. Grandes sabios, filósofos y alquimistas lo hicieron posible. Es la sabiduría del cielo en la tierra. Generosamente regalada por el Creador a su fiel criatura, que está dispuesta a servirle.

Actualmente solo se ha excavado la décima parte de su superficie total, no obstante, las dependencias halladas ilustran el cometido de los recitos específicos, como el gran salón que se utilizara para la recepción de embajadas, (lleno de mármol rosa y azul, en columnas y suelos). La impresionante puerta del norte, punto de unión y partida de caminos; las viviendas, el cuerpo de guardia, las caballerizas, la casa del Ya´far, el patio de los pilares, el gran pórtico con su monumental entrada protocolaria del alcázar, los  jardines, albercas, habitaciones etc, etc.

Lamentablemente un siglo después padeció los efectos de luchas internas y fue saqueada sistemáticamente durante toda la edad media. Sus nobles recursos se utilizaron como cantera artificial para la construcción de otras edificaciones.

¡Quien pudiera!

Despertar cada mañana,

 entre el mar de luz de la sierra Morena,

con los dulces trinos de los pájaros y el arrullo del viento.

 En una ciudad encantada, llena de encantos que embelesan.

Que suspiran por el Eterno Amor...

planea sobre El, se desliza con El, se petrifica con El,

se identifica con Él,

dándole real sentido a la humana existencia.

Bullir agitado como la fuente gorgotera.

¡Quien pudiera!

 Fluir entre la ostentosa ornamentación vegetal...

Gracioso ataurique que nos transporta con sus hojas pétreas

Cual mágica alfombra de Aladino,

Vegetales llenos de sabia lechosa con espíritu inmortal.

¡Como imitan perfectos el cuerpo material

de los inmensos jardines palaciegos!

No seamos ciegos, viendo tan solo su forma

Otra materia apuntan más excelsa, más sublime, más perfecta.

¡Quien pudiera!

Despertar cada mañana

Alborotada, anonadada, inmortalizada

En tu mar de luz, Medinat al-Zahra

Sagrario Galdós

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