SEXO Y RELIGIOSIDAD
El fundamento de todas las Escuelas de Misterios reside en el Sexo. Por eso es que todas las religiones encontramos a una Deidad masculina y a una Deidad femenina. En Egipto vemos a Isis y a Osiris; en Fenicia, a Hércules y Dagón; en Grecia a Apolo y Diana; en Ática a Plutón y perséfone.
Haciendo un estudio comparativo de religiones occidentales y orientales, encontramos en todas ellas un punto de convergencia. La cuestión sexual es abordada por los cristianos en sus sagradas escrituras. En la Pistis Sophia o enseñanza secreta de Jesús El Cristo, es señalada de manera muy enfática. También en el Antiguo Testamento, el Decálogo de Moisés hace referencia al hecho de No Fornicar y No Adulterar.
Los Mahometanos en varios de sus postulados inclinan las enseñanzas hacia el sexo, mientras que los hindúes esculpieron en las rocas milenarias a muchas Deidades que aparecen cohabitando con su contraparte divinal, masculina o femenina. Los paganos realizaban procesiones, ya por las calzadas de la antigua Roma o ya de la antigua Grecia, portando (las Vestales) Phalos hechos de yeso, los cuales eran mirados con profunda reverencia y admiracion.
El Tantrismo Tibetano, conocido a medias en nuestro hemisferio occidental, señala la manera de llegar a Dios mediante una Supra-sexualidad, contenida en libros Sagrados como el Kama-Kalpa, el Kamasutra y el Anangaranga. Todas estas vías religiosas hablan del sexo (en los libros que integran sus doctrinas), bien mostrado el castigo que espera a los profanadores, o bien resaltando al héroe que ha vencido las ataduras de la infra-sexualidad que esclavizan a los hombres en la Tierra.
Los Egipcios no podrían ser la excepción de la regla en materia de Religiosidad
y Sexo. La cultura egipcia estuvo enraizada en una sexualidad trascendente que
ha pasado inadvertida para los arqueólogos y antropólogos. El Maestro Samael Aun
Weor describe su Iniciación en los Misterios del Sexo, cuando ingreso a las
Escuelas Gnósticas en tiempos del Faraon Kefren:
"Durante las primeras dinastias del viejo Egipto recibí yo la clave de la Magia Sexual, en un salón sagrado de una vieja Pirámide calcinada por el sol del desierto. El Maestro iniciador, vestido con su túnica blanca, estaba de pie junto a un vastago vertical que como símbolo, representaba al Phalo. Con esa voz sobria y austera de los viejos Hierofantes, me instruía detenidamente sobre los grandes Misterios del Sexo. Yo, sentado en un sillón, escuchaba atentamente al Hierofante. Luego El, dirigiendo sus ojos penetrantes hacia mí, con voz recia y autoritaria me dijo: "Descubrete". Yo me descubrí y el Maestro (de labios a oídos) me comunicó el secreto indecible del Gran Arcano. Practiqué después mi primer culto de Magia Sexual con la Sacerdotiza, bajo la dirección del Hierofante, "Esto es maravilloso" exclame... Aquel que violaba el secreto indecible del Gran Arcano, era condenado a pena de muerte".
Así era la entrega del Gran Arcano en los Antiguos Tiempos. Todo estaba rodeado de gran solemnidad y no existía en la mente el veneno repugnante de la morbosidad, lujuria.