REGLAS PARA ASPIRANTES
Hay una gran diferencia entre los términos "aspirante al sendero"
y "solicitante de la iniciación".
El que aspira al discipulado y se esfuerza por llegar a él no está
comprometido, de ninguna manera, a adoptar la misma actitud y disciplina específica
que el solicitante de la iniciación y puede emplear el tiempo que quiera en
hollar el Sendero de Probación.
Quien busca la iniciación está en distinta posición, y, presentada la
solicitud, debe disciplinar su vida bajo normas definidas y seguir un régimen
estricto, optativo para el Discípulo..
Regla Uno.
Que el discípulo investigue dentro de
la profunda caverna del corazón. Si allí arde intensamente el fuego, dando
calor a su hermano, pero no a sí mismo, ha llegado el momento de solicitar
autorización para presentarse ante el portal.
Cuando el amor a todos los seres, sin
tener en cuenta quienes son, comienza a ser una realidad en el corazón del discípulo
y, al mismo tiempo, el amor a sí mismo no existe, indica que se está acercando
al Portal de la Iniciación y puede prestar los juramentos preliminares
necesarios, antes de que su Maestro entregue su nombre como solicitante de la
iniciación. Si no le importa el sufrimiento y el dolor del yo inferior, si le
resulta indiferente ser feliz o no, si el único propósito de su vida es servir
y salvar al mundo y si las necesidades del prójimo son para él de mayor
importancia que las propias, recién entonces el fuego del amor irradia de su
ser y el mundo podrá sentirse confortado ante sus pies. Este amor debe ser una
manifestación probada y práctica y no sólo una teoría ni simplemente un
ideal impracticable y un sentimiento grato, sino algo surgido de las
experiencias y pruebas de la vida, de tal modo que el primer impulso de la vida
sea el autosacrificio y la inmolación de la naturaleza inferior.
Regla Dos.
Cuando la solicitud ha sido presentada
en triple forma, que el discípulo la retire y olvide que la ha presentado.
En esto reside una de las pruebas
iniciales. El discípulo debe adoptar la actitud mental de no importarle recibir
o no la iniciación.. No debe tener ningún móvil egoísta. Sólo las
solicitudes que llegan al Maestro mediante la energía engendrada por móviles
puros y altruistas son trasmitidas por É1 al ángel que lleva los registros de
la Jerarquía; sólo recibirán respuesta a sus demandas los discípulos que ansían
la iniciación porque confiere un mayor poder para ayudar y bendecir. Quienes
carecen de interés por la iniciación no recibirán respaldo esotérico, y los
que por egoísmo o curiosidad ansían participar en los misterios, no atravesarán
el portal y permanecerán afuera llamando. Quienes están dispuestos a servir y
se sienten abrumados por las necesidades del mundo y se les ha despertado el
sentido de la responsabilidad personal, han cumplido con la ley, llaman y
reciben respuesta, solicitan y son reconocidos; ellos demandan mayor poder para
ayudar, y esta demanda es oída por Aquellos que silenciosamente esperan.
Regla Tres.
Triple debe ser el llamado, tomando
mucho tiempo su enunciación. Que el discípulo emita su llamado a través del
desierto, sobre los mares y a través de los fuegos que lo separan del Portal
oculto y velado.
Bajo esta simbología el discípulo recibe
el siguiente mandato: que el desierto de la vida del plano físico florezca como
la rosa, para que puedan surgir sonidos y perfumes del jardín de la vida
inferior y una vibración muy intensa cruce el espacio intermedio entre el jardín
y el portal; que aquiete las turbulentas aguas de la vida emocional, para que en
su límpida y tranquila superficie se refleje ese portal y la vida inferior
refleje la vida espiritual de la divinidad interna; que a través de la ígnea
hoguera purifique móviles, palabras y pensamientos, resortes principales de la
actividad originada en el plano mental. Cuando sean controlados, coordinados y
utilizados, aunque a veces inconscientemente, estos tres aspectos del ego en
manifestación, el Dios interno, entonces se oirá la voz del discípulo
demandando la apertura del portal. Cuando la vida inferior del plano físico se
ha fertilizado, lo emocional estabilizado y lo mental trasmutado, nada impedirá
que se abra el portal para que entre el discípulo. Sólo la vibración
sincronizada con lo que está del otro lado de la puerta, determina su apertura,
y cuando la clave de la vida del discípulo se sintoniza con la de la Jerarquía,
se abrirán las puertas una tras otra y nada podrá impedirlo.
Regla Cuatro.
Que el discípulo se ocupe de cuidar el
fuego, nutrir las vidas menores y mantener así girando la rueda.
Éste es un mandato para recordar al discípulo
su responsabilidad hacia sus numerosas vidas inferiores, que en su totalidad
constituyen su triple cuerpo de manifestación. Así es posible la evolución, y
cada vida en los diferentes reinos de la naturaleza, cumplirá consciente o
inconscientemente su función de energetizar correctamente aquello que es para
ella lo que el Sol para el planeta. Así el desenvolvimiento del plan logoico
proseguirá con mayor precisión. El reino de Dios es interno y el deber de ese
oculto Regidor interno es dual; primero hacia esas vidas que forman los cuerpos
físico, astral y mental y, segundo, hacia el macrocosmos del cual el
microcosmos es sólo una parte infinitesimal.
Regla Cinco.
Que el aspirante procure que el Ángel
solar atenúe la luz de los ángeles lunares, permaneciendo como única
luminaria en el cielo microcósmico.
Para cumplir este mandato, todo aspirante
debe hacer dos cosas: primero, estudiar su origen, comprender su propia sicología,
esotéricamente entendidos, y llegar a ser científicamente consciente de la
naturaleza real del ego o yo superior, actuando en el cuerpo causal. Después
debe cerciorarse en el plano físico, de su innata divinidad por medio de los
tres cuerpos inferiores, demostrando progresivamente su valor esencial. Segundo,
estudiar la constitución del hombre, comprender el método de funcionamiento de
la naturaleza inferior, darse cuenta de la interdependencia e interrelación de
todos los seres vivientes y poner bajo control las vidas inferiores que componen
los tres cuerpos de manifestación. Así, el Señor solar, Realidad interna,
Hijo del Padre y Pensador en su propio plano, se convierte en intermediario de
lo que es terrenal y lo que tiene su hogar dentro del Sol. Dos versículos de la
Biblia cristiana ocultan en su fondo algo de esta idea, y a los estudiantes
occidentales les será útil meditar sobre ellos: "Los reinos de este mundo
se han convertido en el reino de nuestro Señor y de Su Cristo", "¡O
Señor, Dios Nuestro, otros señores además de Ti han tenido dominio sobre
nosotros; pero sólo por Ti nosotros mencionaremos Tu nombre!". El último
versículo es particularmente interesante, porque demuestra la omisión del
sonido inferior y la fuerza creadora de aquello que es de origen superior.
Regla Seis.
Los fuegos purificadores arden
tenuemente cuando el tercero es sacrificado al cuarto. Por lo tanto, que el
discípulo se abstenga de quitar la vida y que nutra lo más inferior con el
producto del segundo.
Esta regla puede aplicarse a la conocida
norma de que el discípulo debe ser estrictamente vegetariano. La naturaleza
inferior se embota y densifica y la llama interna no puede brillar cuando se
incluye la carne en la dieta. Esta regla es rígida e inviolable para los
solicitantes. Los aspirantes pueden o no consumir carne, según prefieran, pero
en cierto etapa del sendero es esencial la abstención de cualquier tipo de
carne y es necesario vigilar con estricta atención la dieta. El discípulo debe
limitarse a las verduras, cereales, frutas y legumbres, pues sólo así será
capaz de construir el [i197] tipo de cuerpo físico
que pueda resistir la entrada del hombre real que ha permanecido ante el
Iniciador en sus vehículos sutiles. Si no hiciera esto y pudiera recibir la
Iniciación sin haberse preparado de este modo, el cuerpo físico sería
destruido por la energía que fluye a través de centros recientemente
estimulados y surgirían graves peligros para el cerebro, la columna vertebral y
el corazón.
No pueden dictarse reglas rígidas o
ascéticas, excepto la regla inicial de prohibición absoluta -para todos los
que solicitan la iniciación- de carnes, pescados, licores y el uso del tabaco.
Para quienes pueden soportarla, es mejor eliminar de la dieta los huevos y el
queso, aunque esto no es en modo alguno obligatorio; pero para quienes están
desarrollando facultades síquicas de cualquier tipo, es aconsejable abstenerse
de consumir huevos y moderarse en el queso. La leche y la manteca entran en
diferente categoría, y la mayoría de los Iniciados y solicitantes consideran
necesario incluirlas en la dieta. Pocos pueden subsistir y retener todas sus
energías físicas con la dieta vegetariana, pero allí está encerrado el
ideal, y como bien se sabe, éste rara vez se logra en el actual período de
transición.
A este respecto conviene recalcar dos
cosas: primero, la necesidad del sentido común en el solicitante, factor del
cual se carece frecuentemente, y los estudiantes deberían recordar que los fanáticos
desequilibrados no son miembros deseables para la Jerarquía. El equilibrio, el
justo sentido de proporción, la debida consideración de las condiciones del
medio ambiente y un sensato sentido común, es lo que caracteriza al auténtico
esoterista. Cuando existe el verdadero sentido del buen humor, muchos peligros
pueden evitarse. Segundo, el reconocimiento del factor tiempo yla
capacidad de efectuar lentamente los cambios en la dieta y en los hábitos de
toda la vida.
En la naturaleza todo progresa
lentamente, y los solicitantes deben aprender la verdad oculta de la frase:
"Apresúrate despacio". El proceso de eliminación gradual es
generalmente el sendero de la sabiduría, y este período eliminatorio -bajo
condiciones ideales, que raras veces existen- debe abarcar la etapa que llamamos
del aspirante, para que cuando el hombre se convierta en un solicitante de la
iniciación, haya realizado la necesaria preparatoria purificación de la dieta.
Regla Siete.
Que el discípulo dirija su atención a
la enunciación de esos sonidos que repercuten en el aula donde deambula el
Maestro. Que no emita las notas menores que inician la vibración dentro de
las aulas de maya.
El discípulo que desea pasar los Portales
de la Iniciación, no lo conseguirá hasta conocer el poder del lenguaje y del
silencio. Esto tiene una significación más amplia y profunda de lo que parece,
porque cuando se interpreta correctamente, entraña la clave de la manifestación,
el indicio de los cielos mayores y la revelación del propósito que subyace en
el pralaya. Cuando el hombre comprenda la significación de la palabra hablada y
utilice el silencio de los altos lugares, para producir determinados efectos en
algún plano, podrá ser admitido en los reinos donde cada sonido y cada palabra
pronunciada generan potentes resultados en algún tipo de materia, siendo
energetizada por dos factores predominantes: a) una voluntad poderosa, científicamente
aplicada, b) un móvil correcto, purificado en los fuegos.
El adepto es un creador en materia
mental, un promotor de impulsos en el plano mental, produciendo resultados en la
manifestación astral o física. Estos resultados son poderosos y efectivos, de
ahí la necesidad de que su originador tenga una mentalidad pura, exactitud al
hablar y habilidad en la acción. Cuando el solicitante comprenda esto, se
operarán inmediatamente importantes cambios en su vida diaria, los cuales podrían
ser enumerados de acuerdo a su utilidad práctica:
- Investigará cuidadosamente los móviles
y vigilará estrictamente los impulsos originantes. De ahí que durante el
primer año, donde el aspirante se dedica a preparase para la iniciación,
deberá anotar, tres veces al día, las investigaciones que persigue, lo
concerniente a sus móviles y el resorte principal de su acción.
- Vigilará lo que dice y se esforzará
en eliminar toda palabra hiriente, innecesaria e inútil. Estudiará los
efectos de la palabra hablada e investigará el impulso que la origina, que
en todos los casos inicia la acción en el plano físico.
- Cultivará el silencio y lo guardará
estrictamente en lo que a él concierne, a su tarea y a sus conocimientos
ocultos, a los asuntos con quienes está asociado y al trabajo esotérico en
su grupo. Sólo en los círculos del grupo o en relación con sus
superiores, se permitirá más libertad en el lenguaje. Hay un momento para
hablar y ese momento llega cuando se puede servir al grupo con palabras
inteligentes y una cuidadosa advertencia sobre las condiciones buenas o
malas; cuando es necesario decirle algo a un hermano respecto a la vida
interna, o al dirigente de algún grupo; cuando un miembro por equívoco
obstaculiza al grupo; cuando ese miembro puede ayudar al grupo si se le
asigna un trabajo distinto.
- Estudiará el efecto de la Palabra
Sagrada y dispondrá cuidadosamente las condiciones para su empleo. Emitirá
la Palabra y sus efectos girarán sobre determinado centro esotérico (en
ningún caso un centro físico) y, por lo tanto, influirá y reglamentará
la vida.
El solicitante de la iniciación debe
abocarse al estudio de los sonidos y las palabras, sagradas o no, y sobre todo
deberán hacerlo intensamente los grupos esotéricos a formarse.
Regla Ocho.
Cuando el discípulo se acerca al
Portal, los siete mayores deben despertar y evocar, sobre el doble círculo,
respuesta de los siete menores.
Esta regla es muy difícil y entraña un
peligro para el hombre que trata de seguir prematuramente el sendero final.
Textualmente, puede interpretarse así: que el iniciado en cierne debe
desarrollar en cierto modo la vibración de los siete centros de la cabeza, y
poner así en acrecentada actividad vibratoria los siete centros del cuerpo en
el plano etérico, afectando, por medio de la recíproca vibración, los siete
centros físicos, que inevitablemente quedarán estimulados cuando los centros
etéricos lleguen a su máxima vibración. No es necesario extendernos sobre
este punto, pues basta señalar que a medida que los siete centros de la cabeza
responden al ego, los siete, centros siguientes,
- la cabeza, considerada como unidad,
- el corazón,
- la garganta,
- el plexo solar,
- la base de la columna vertebral,
- el bazo,
- los órganos genitales,
son también afectados, dentro de las líneas
de purificación y control. Esto producirá resultados en los órganos
estrictamente físicos, a través de los cuales funciona el hombre en el plano físico.
Por ejemplo, el hombre puede transferir conscientemente el fuego creador y la
energía desde los órganos genitales a la garganta, o mediante el control
consciente del corazón, que produce la suspensión de la acción del cuerpo físico.
Esto no se logra por las prácticas del Hatha Yoga o el enfoque de la atención
en los órganos físicos, sino cuando se ha desarrollado el control, por el Dios
interno, que actúa a través del centro coronario, dominando así todo lo que
debe conocerse referente a la energía y sus puntos.
Por lo tanto, el solicitante aplicará
todas sus energías al desarrollo de la vida espiritual, y éste será el
resultado del recto pensamiento, la meditación y el servicio. Por el estudio
profundo de todo lo que debe conocerse referente a la energía y sus puntos
focales, coordinará su vida de modo que la vida del espíritu podrá fluir a
través de ella. Este estudio solo puede emprenderse actualmente sin peligro en
forma grupal y bajo la guía de un instructor. Los estudiantes se comprometerán
a no permitir experimentar con sus vidas ni a jugar con los fuegos del cuerpo. Sólo
se dedicarán a la comprensión teórica y a una vida de servicio.
Los centros se desarrollarán entonces
normalmente, mientras el solicitante procura amar a sus semejantes en verdad y
de hecho, a servir de todo corazón, a pensar inteligentemente y a vigilarse a sí
mismo. También observará y anotará todo lo que en su vida interna le parezca
relacionarse con la evolución de los centros. El instructor revisará estas
notas, hará el comentario, buscará las deducciones, y los informes así
obtenidos se archivarán para servir de referencias al grupo. De este modo se
puede acumular mucho conocimiento útil.
El solicitante que abuse del
conocimiento, que se dedique a "las prácticas de respiraciones para el
desarrollo mediumnímico" o a concentrarse en los centros, fracasará
inevitablemente en su empeño de llegar al portal, y pagará el precio con su
cuerpo, con perturbaciones mentales, condiciones neurasténicas y diversas
dolencias físicas.
Regla Nueve.
Que el discípulo se fusione dentro del
círculo de los demás yoes. Que se fusione en un solo color y aparezca su
unidad. Sólo cuando el grupo es presentido y conocido, la energía puede
emanar sabiamente.
Todos los discípulos y aspirantes a la
iniciación deben encontrar ese grupo particular de servidores al que pertenecen
en el plano interno, reconocerlos en el plano físico y unirse a ellos en bien
de la humanidad. Este reconocimiento se basará en:
a. Unidad de objetivo.
b. Unicidad de vibración.
c. Similitud en la afiliación
grupal.
d. Lazos kármicos muy antiguos.
e. Capacidad para trabajar
armoniosamente.
A primera vista esta regla parece ser una
de las más sencillas, aunque no lo sea en la práctica. Errores se cometen fácilmente,
y trabajar armoniosamente en el alineamiento de un grupo no es tan simple como
parece. Aunque haya vibración y relación egoicas, no obstante, quizás las
personalidades no armonicen. Por lo tanto, el trabajo del solicitante consiste
en esforzar el aferramiento de su ego a su personalidad, para posibilitar la
relación esotérica del grupo en el plano físico, lo cual se conseguirá por
la disciplina de su propia personalidad, y no corrigiendo a sus hermanos.
Regla Diez.
La Hueste de la Voz, los devas, en sus
graduadas filas, trabajan incesantemente. Que el discípulo se dedique a
considerar sus métodos; que aprenda las reglas por las cuales la Hueste
trabaja dentro de los velos de maya.
Esta regla se refiere al trabajo de
investigación esotérica, lo cual deben realizar en un momento u otro, quienes
buscan la iniciación. Aunque no es prudente para el que no está iniciado,
inmiscuirse en la evolución paralela de los devas, sin embargo, es necesario y
seguro investigar el procedimiento seguido por los constructores, y los métodos
que emplean al reproducir, a través del cuerpo etérico, el arquetipo de lo que
denominamos manifestación física; sus grupos deben ser conocidos teóricamente
y también considerarse los sonidos que los ponen en actividad. Por lo tanto, se
requiere que todos los solicitantes hagan un estudio organizado de:
- El propósito del sonido.
2. El significado esotérico de las
palabras, de la gramática y la sintaxis.
- Las leyes de la vibración y de la
electricidad, y muchos otros estudios subsidiarios concernientes a la
manifestación de la divinidad y de la conciencia, por medio de la sustancia
dévica y la actividad de los devas superiores. Se investigarán también
las leyes del macrocosmos y se reconocerá la analogía entre las
actividades del microcosmos y la activa manifestación del macrocosmos.
Regla Once.
Que el discípulo transfiera el fuego
desde el triángulo inferior al superior y preserve aquello que es creado por
el fuego en el punto medio.
Esto literalmente significa que el
iniciado controle lo que se entiende generalmente por impulso sexual y la
trasferencia del fuego que ahora vitaliza normalmente los órganos genitales, al
centro laríngeo, llegando a la creación en el plano mental, por medio de la
mente. Aquello que se ha de crear, debe ser nutrido y mantenido por la energía
amor de la naturaleza, emanada del centro cardíaco.
El triángulo inferior mencionado es:
1. El plexo solar.
2. La base de la columna vertebral.
3. Los órganos genitales.
Mientras que el superior, como se ha señalado,
es:
1. La cabeza.
2. La garganta.
3. El corazón.
Esto puede ser interpretado por el lector
superficial como el mandato de ser célibe, y la promesa, por el solicitante, de
que se abstendrá de toda manifestación física del impulso sexual. Pero no es
así. Muchos iniciados han logrado su objetivo cuando, correcta e
inteligentemente, participaron en la relación matrimonial. El iniciado cultiva
una peculiar actitud mental, donde reconoce que todas las formas de manifestación
son divinas, y que el plano físico es una forma de expresión divina como
cualquiera de los planos superiores. Se da cuenta que la manifestación más íntima
de la divinidad debe estar bajo el control consciente de la divinidad interna, y
que todo acto debe ser regido por el esfuerzo de cumplir todos los deberes y
obligaciones, supervisar toda acción y actuación y utilizar el vehículo físico,
de modo que el grupo pueda ser beneficiado por ello y ayudado en su progreso
espiritual, en la ley perfectamente cumplida.
No se puede negar que en ciertas etapas
es aconsejable que el hombre logre perfecto control, en determinado sentido, por
medio de una temporaria abstención, pero esto es un medio para un fin, que será
seguido por etapas, cuando obtenido el control el hombre demuestre los atributos
de la divinidad a través del cuerpo físico, y cada centro se use normal e
inteligentemente para desarrollar los propósitos de la raza.
Los Iniciados y Maestros contraen
matrimonio en muchos casos, y normalmente cumplen con sus deberes conyugales y
domésticos como esposos y esposas, pero se controlan y regulan por el propósito
y la intención, y ninguno se deja llevar por la pasión ni el deseo. En el
hombre perfecto, en el plano físico, todos los centros están completamente
controlados, siendo su energía utilizada legítimamente. La voluntad espiritual
del divino Dios interno es el factor principal; así habrá manifiesta unidad de
esfuerzo en cada plano, por medio de todos los centros, para el mayor bien de un
mayor número.
He tratado estos temas porque muchos
estudiantes se confunden y adoptan una actitud mental que atrofia completamente
la naturaleza física normal, o bien se entregan al libertinaje bajo el pretexto
de "estimular los centros" y acrecentar el desenvolvimiento astral. El
verdadero iniciado debe ser conocido por su prudente y santificada normalidad,
por su constante conformidad con lo que es para bien del grupo, según las leyes
del respectivo país, por el control y abstención de todo tipo de excesos y por
el ejemplo de vida espiritual y rectitud moral que da a sus asociados,
juntamente con la disciplina de su vida.
Regla Doce.
Que el discípulo aprenda a utilizar su
mano para servir; que busque en sus pies la marca del mensajero; que aprenda a
ver con el ojo que observa, situado entre los dos ojos.
Esta regla parece fácil de interpretar a
simple vista, como si se le ordenara al aspirante utilizar las manos para
servir, los pies en los mandados jerárquicos y desarrollar la clarividencia.
Pero el verdadero significado es mucho más esotérico. Comprendido ocultamente,
el "empleo de las manos" es la utilización de los chakras o centros
de las palmas de las manos para:
a. Curar las dolencias corpóreas.
b. Bendecir y curar las dolencias
emocionales.
c. Elevar las manos en oración, o
emplear sus centros durante la meditación, cuando se manipula materia y
corrientes.
Estos tres puntos requieren cuidadosa
consideración, y los estudiantes occidentales pueden aprender mucho si estudian
la vida de Cristo y consideran Sus métodos al emplear Sus manos. Nada más se
puede agregar, pues el tema es demasiado vasto para que nos extendamos en este
breve comentario.
La "señal del mensajero" en
los pies, se refiere a ese bien conocido símbolo de las alas en los pies de
Mercurio. Mucho se le revelará al estudiante sobre este tema en las escuelas
esotéricas, que sintetiza todo cuanto se sabe acerca del Mensajero de los
Dioses, y también se estudiará cuidadosamente la información que los
estudiantes de astrología han adquirido sobre el planeta Mercurio y la que los
estudiantes de esoterismo han reunido acerca de la ronda interna.
Superficialmente, la expresión
"el ojo que observa, situado entre los dos, parece significar el tercer ojo
que utilizan los clarividentes, pero su significado es mucho más profundo y se
oculta en los siguientes hechos:
- Que la visión interna es aquello
que todos los seres autoconscientes, desde un Logos a un hombre, están
desarrollando.
- Que el ego o yo superior es,
respecto a la mónada, lo que el tercer ojo es respecto al hombre, por lo
tanto, se lo describe como si mirase entre la mónada o yo espiritual por un
lado, y el yo personal por otro.
Por consiguiente, en su sentido más
amplio, esta regla incita al aspirante a desarrollar la autoconciencia y a
aprender a actuar, en cuerpo causal, en los niveles superiores del plano mental,
controlando desde allí los vehículos inferiores y viendo claramente todo
cuanto puede verse en el pasado y en el futuro en los tres mundos.
Regla Trece.
El discípulo debe aprender y comprender
cuatro cosas antes de serle revelado el misterio más recóndito: primero, las
leyes que rigen aquello que irradia; segundo, los cinco significados de la
magnetización; tercero, la transmutación o el secreto perdido de la alquimia
y, por último, la primera letra de la Palabra impartida o el oculto nombre
egoico.
No podemos extendernos sobre esta regla.
Se refiere a misterios y temas demasiado grandes para ser tratados aquí. La
incluimos en estas reglas para que sirva de tema de meditación, estudio y
reflexión grupal.
La regla final es muy breve y consiste
en cinco palabras.
Regla Catorce.
Escuchen, toquen, vean, apliquen,
conozcan.
Estas palabras conciernen a aquello que
los cristianos llamarían la consagración de los tres sentidos principales y su
empleo en la evolución de la vida interna espiritual. Luego se aplica lo
aprendido y comprobado, seguido por la fructificación del conocimiento
adquirido.
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