EL
PODER DEL PENSAMIENTO
Max Heindel
Como
el hombre piensa en su corazón, así es, dijo el Cristo, y esta es una
proposición absolutamente científica y, además, algo que todo el mundo puede
comprobar fácilmente fijándose en las condiciones de la vida cotidiana del
hogar, del trabajo, de la calle.Aquí vemos a un hombre de labios gruesos, de
henchidos carrillos, con una papada bajo el mentón, y en seguida sabemos que se
trata de un glotón y de un sensual.Viene otro por la calle:su rostro está
cubierto de arrugas, sus labios son finos y duros, y en seguida sabemos que los
arquitectos que han modelado esa faz son el pensamiento y las preocupaciones.
Cada
transeúnte expresa exactamente sus pensamientos internos.Uno es musculoso y
activo, porque los pensamientos que han gobernado sus actividades han construido
un cuerpo lleno de actividad.Otro tiene carnes fofas, un enorme vientre y una
marcha vacilante, demostrando a todas luces que no le agrada el ejercicio.En
cada uno de los casos, el cuerpo es la reproducción exacta de la mente, y cada
clase sufre las afecciones peculiares a las tendencias generales de su actividad
mental.El glotón y el sensual sufren enfermedades provocadas por pensamientos
que han cristalizado y debilitado el sistema digestivo y los órganos
creadores.Sus enfermedades son completamente distintas de las afecciones
nerviosas que suelen atacar al pensador, y cualquier sistema curativo que no
tenga en cuenta el hecho de que el cuerpo es más un instrumento físico para la
expresión de la mente que no la mente una manifestación del hombre físico,
cometerá errores radicales.En nuestra compleja naturaleza, la mente y la
materia actúan y reactúan recíprocamente, de tal manera que es absolutamente
necesario considerar al ser humano en conjunto, cada vez que tratemos de curar
alguna afección.
Todos
los fisiólogos saben muy bien que la alegría es capaz de sacar al paciente de
su lecho de enfermo mucho más rápidamente que cualquier medicina.Si se produce
algún acontecimiento que dé a sus asuntos mundanos un buen empuje de
prosperidad, de manera que se vuelva optimista, parece que la enfermedad
desapareciera como por arte de magia, en tanto que si, por el contrario,
mientras goza de buena salud, una influencia deprimente sobreviene sobre sus
negocios, comienza a sentirse también físicamente mal.Una carta que contenga
malas noticias puede detener la digestión de golpe, produciéndole una grave
indigestión a la persona que la reciba.De ahí la verdad enunciada por nuestro
Salvador, de que "Así como el hombre piensa en su corazón, así es",
queda ampliamente demostrada en la práctica de la vida diaria.
Cuando
también comprendemos la necesidad de mantener una actitud de franco optimismo,
comprobamos que un estado de ánimo lleno de esperanza es el mejor remedio, y la
reiteración constante de la resolución de sobreponerse y vencer las
enfermedades presentes es mucho más eficaz que todas las medicinas del
mundo.Cuando uno está sufriendo constante y agudamente, es quizá muy difícil
mantener una actitud optimista; pero, sin embargo, la fórmula mágica del
Salvador aplicada a la salud nos ayudará a vencer la enfermedad a su debido
tiempo.
Es
una ley que si "pensamos en la salud", acabaremos forzosamente por
labrárnosla, tarde o temprano, pero debemos vivir una vida racional, suspender
todos los excesos, especialmente los de la comida, en lo cual nunca se insistirá
bastante.De nada servirá pararse ante un espejo y decirse a sí mismo:"Yo
tengo fe", "Yo tengo salud" y otras vanas afirmaciones
similares.Basta con dejar de hablar a los demás de nuestras afecciones,
tratando sobre todas las cosas, de distraer el pensamiento acerca de nuestro mal
y creer en la salud como un estado normal, cosa que puede lograrse sin
dificultad por todos, sin andar vacilando.
Quizás
hayáis oído contar la anécdota referente a aquella buena anciana que oyó al
pastor decir en un sermón que la fe podía mover montañas.En seguida trató de
poner a prueba su fe con un montón de cenizas.Pero a la mañana siguiente,
cuando fue a verlo y lo encontró donde estaba antes, exclamó:"Ya me parecía
a mi que era así".Las cosas eran tal cual ella las creía en su corazón,
no como las decía su lengua, y lo mismo sucede con todo el mundo.Por lo tanto
creed sinceramente en vuestro corazón.