LA SERPIENTE
El Símbolo según su etimología (del griego symballein) sería como un objeto
cortado en dos, cuyas partes, que se reúnen tras una búsqueda, permiten
reconocerse a quienes la posean. Contiene en sí las polaridades, las cuales más
que la verificación de la dualidad, marcan una apertura y un principio de
movimiento que nos orienta y hasta nos dirige.
Al ser bipolar, el símbolo conjuga los contrarios y por eso lo significativo se
centra en esa unión que prepara y es unidad. Por tal motivo, se dice que el símbolo
es ambivalente, por lo que manifiesta tan variada, contradictoria y rica
significancia. Esto no debe confundirnos, sino por el contrario, enriquecernos.
René Guénon, gran estudioso de las religiones y sus símbolos nos dice que el
símbolo sugiere, no expresa. Por eso no nos encontramos ante un lenguaje llano
directo, sino que apela a la intuición y no a la razón. Su origen es no-humano
y se basa en la correspondencia entre dos realidades. Su ambigüedad vela y
revela la realidad, y este carácter posibilita su interpretación en diversos
ordenes y planos. Es por esto que cada ser humano penetra en la intimidad del símbolo
según como sea él (con todo lo que esto implica) y en qué momento de la
existencia se encuentre.
El símbolo elegido para un análisis somero, es la serpiente. Aquí vamos a
encontrar que este símbolo - como todos - no excluye los diversos sentidos que
contiene, cada uno es válido en su orden y todos se complementan integrándose
en una síntesis.
Comencemos por Ouroboros, la serpiente que se muerde la cola:

Aquí encontramos la unión del mundo ctónico - en la serpiente - con la del
mundo celeste - en el círculo que esta forma -. En sí contiene la dualidad y
el tercer elemento invisible y fundamental que hace que todo exista y que
Ouroboros se muerda la cola y pueda engullirse a sí misma, recrearse y
regenerarse eternamente.
Al autofecundarse sin cesar encontramos un afán de equilibrio ya que si creara
vida sin poner un límite, tendríamos un cosmos atiborrado de seres y así
entraríamos en el caos, o sea el no-ser. Este equilibrio lo es de los
principios fundamentales que nos rigen, de vida, de muerte, del macho y la
hembra, del Yin y del Yang.
De hecho el Yin no existe sin el Yang, como la vida no puede surgir del macho
solo, ni tampoco de la hembra sola, ambos son necesarios. Al unir estas fuerzas
antagónicas "producimos" vida, pero sin la Vida (el Uno) no tendríamos
vida (el tres en uno).
Ouroboros vislumbra tres pasos de la manifestación de esa vida: creación,
sustentación y destrucción (simbolizado claramente en la Trimurti hindú). Y
nunca hay que perder de vista la esencia invisible que hace que esos tres
aspectos sean diferentes fases de una única cosa. En conclusión, volvemos al
tres que es uno.
Dentro del Tai Chi en la simbología del Extremo Oriente, encontramos los mismos
significados.

Por un lado contiene una dualidad, simbolizada por los colores blanco-Yang donde
en Ouroboros sería lo celestial o el círculo que forma y el negro-Yin,
terrestre o ctónico simbolizado por la serpiente. Esta dualidad está en
permanente disputa, mutilándose una a otra, regenerándose y recreándose. Aquí
también descubrimos ese afán de equilibrio. Y además volvemos a encontrar el
tercer elemento que hace que el Tai Chi pueda tener esa forma y no otra, que
contiene a esa dualidad y la diferencia y que permite el intentar llegar a ese
equilibrio. Esto está representado por la circunferencia en sí, por la línea
divisoria entre el Yin y el Yang y aquella que hace que exista algo de Yang en
el Yin y de Yin en el Yang.
Ouroboros como el Tai Chi contienen la función del dador de la vida y de la que
la sustenta. Es en sí matriz y falo (como la serpiente) y es por esto que se
autogenera, se mantiene y se autofecunda. En este sentido, también lo podemos
comparar con la cruz, donde el madero vertical representaría la vida que se nos
da desde la esfera de lo celeste, y el madero horizontal, aquello que sustenta
esa vida, aquí en la esfera de lo terrestre. La esencia o la perfecta síntesis
de ambos "flujos" estaría en la intersección de los maderos, el Uno
Absoluto, la esencia primordial de la que todo es generado.
Existe un detalle: para que la vida se manifieste es necesaria la muerte, ( por
eso la ambivalencia del símbolo que contiene en sí significados opuestos y con
ello nos lleva a la unidad) esto forma parte del equilibrio, por eso Ouroboros
se muerde la cola.
En Alquimia esto se entiende como vida, muerte y resurrección
("mejor" vida). Es necesario que la paloma dentro de la redoma
atraviese la oscuridad de la noche para poder llegar a la luz. Pasará por
cientos de procesos para llegar a ella, pero debe conocer el dolor, o sea la
transmutación final: el Rebis, la Unión, la síntesis perfecta de los
contrarios.
Los principios antagónicos (dualidad) del Ars Magna, son el azufre (en
ocasiones representados por un león) y el mercurio ( a menudo simbolizado por
una serpiente); el azufre es Yang, masculino y fijo, y el mercurio es Yin,
femenino y volátil. Y el tercer principio es la sal que brinda el equilibrio a
los dos anteriores y permite su unión.
También en Grecia encontramos simbolizado de diferentes formas la misma esencia
en el caduceo. Al respecto de su "creación", la mitología nos cuenta
lo siguiente:
Hermes nació y al instante echó a andar y fue a robarle un hato de vacas y
toros blancos consagrados a su medio hermano Apolo. Este al tomar conocimiento
de la travesura, se enfadó.
Hermes para congraciarse inventó la lira del caparazón de una tortuga. A
cambio de este gesto, Apolo le regaló una vara de oro. Hermes al desembarcar en
Tracia observó cómo luchaban dos serpientes y para separarlas interpuso el
regalo de Apolo. Estas inmediatamente se enroscaron a lo largo de la vara. Es así
como nació el caduceo.
Es así que el caduceo también simboliza el equilibrio armónico de las fuerzas
antagónicas, por un lado la fuerza ctónica y por el otro, la fuerza celeste, o
sea, el mercurio y el azufre, el Yin y el Yang que tienen el punto de equilibrio
en la vara central que contiene en esencia a las otras dos.
En otro ámbito, en la esfera microcósmica, la serpiente es denominada por los
hindúes como Kundalini. Esta se encuentra enroscada en la base de la columna
vertebral. El trabajo del yoguin consiste en despertarla y hacerla ascender por
los siete chakras centrales que se encuentran a lo largo de este eje. El
objetivo es que esta energía llegue al último y cuando esto ocurre llega el
Despertar, significando que ha traspasado la esfera de la manifestación.
(Ouroboros).
Lograr que Kundalini ascienda implica que el yoguin consiguió equilibrar
armonizando las energías antagónicas de la derecha-Yang y de la izquierda-Yin,
unificándola en el centro o axis. Esto es una síntesis entre lo celeste que se
encontraba "dormido" en el hombre y lo terrestre u hombre mismo.
En resumen, la comprensión del símbolo así como depende de la persona y el
momento de la existencia que atraviesa, así, lo mismo ocurre con los pueblos y
sus diferentes manifestaciones. Cada uno de ellos ha tomado del símbolo ciertos
significados y "ha hecho uso" de él de determinada manera, y no por
esto ha agotado toda su significancia. Por tal motivo podríamos escribir libros
enteros sobre él y aún detenernos por una cuestión de limitación propia y aún
así el símbolo no agotaría su significancia. Es por esto que invitamos al análisis
de los símbolos para redescubrir sus significados y aprender de y con ellos.
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