Esoterismo

      El hombre marcha por el camino de la vida, sin saber si el paso que
sigue se podrá dar con tanta seguridad como el que precede. Marchar y
marchar siempre, es ley de la naturaleza, pero el objetivo de tal marcha es
casi siempre desconocido por aquel que camina la vía a veces dolorosa de
la existencia.

       El más santo y más sabio de todos los seres que en el mundo han
existido, dijo: “Buscad la Verdad y ella os hará libres”.  Pero, ¿se podrá
contar siquiera un ser humano por mil que esté interesado en la búsqueda
de la verdad?   Con toda sinceridad podemos contestar negativamente;
quizás el uno por diez mil de los hombres esté sinceramente interesado en
su búsqueda.

      En el momento actual, el hombre goza con que se le presente algo
ilusorio que tenga suficiente fantasía para entretener la fuerza de la
emoción, que es lo que hoy predomina en la raza.

       Es mas interesante para el común de las gentes presenciar una corrida
de toros que extasiarse en las melodías armoniosas de un concierto.   Estos
hechos nos dejan ver que el grueso de la humanidad vive el mundo de la
emoción, sin que le importen para nada las cosas trascendentales, es decir,
de verdadera importancia en la cultura individual.

      Fácilmente el hombre adora un ídolo, pero difícilmente es capaz de
reflexionar siquiera una vez sobre la nula trascendencia de su culto
pagano.  Este marchar entre sombras es muy propio del hombre que gusta
más de la apariencia que de la realidad ! sustancial de los hechos.

     Pero lo más grave del problema es que las apariencias son apariencias y
por lo tanto, nunca serán realidades, como los ceros nunca serán valores
intrínsecos.

    Lo aparente es de hecho transitorio y lo transitorio, irreal.   Deja siempre
en el corazón de aquél que lo toma por realidad el triste y doloroso vacío
que experimenta el niño a la sombra de un juguete; se acerca a ella para
poseerla y se halla ante el duro desengaño de la ilusión.

     Como el niño en esta triste situación llora en su doloroso desconcierto,
así el hombre que vive de las transitorias ilusiones tiene grandes y penosos
desengaños.

      El hombre que busca la verdad tiene que dejar de lado todo lo que al
ser sometido a la experiencia, no produce el efecto ansiado, el realismo que
de ello se esperaba.

      En los últimos tiempos se está hablando mucho de esoterismo pero la
humanidad seria, tiene desconfianza de ello, por la sencilla razón de que la
falta de cultura en este sentido hace que se tome la sombra por la realidad,
como se dice comúnmente.

       Al amparo de la ignorancia, que en nuestro medio existe acerca de lo
que realmente son las ciencias ocultas, una gran cantidad de charlatanes,
espiriteros, cartománticos, palmistas, pseudo-astrólogos, pero más que
todo audaces que especulan con la candidez de los crédulos, se han
presentado como grandes esoteristas, poniendo naturalmente en ridículo lo
que es esta ciencia oculta, en lo cual están fundamentados los más
elevados conocimientos científicos transcendentales.

       Ni los espiriteros, palmistas, cartománticos, pseudo-astrólogos, ni
supuestos extáticos, saben absolutamente nada de lo que es el esoterismo
real, es decir, el espíritu de las verdaderas ciencias naturales.

     El esoterismo es el estudio de las fuerzas transcendentales de la
Naturaleza que no están directamente al alcance de nuestros humanos
sentidos, pero que se presentan claras y expresivas, a través de sus efectos.

     El esoterismo, o mejor Ciencia Hermética, es el profundo conocimiento
de la Vida en sus múltiples manifestaciones o maneras de ser.

       El auténtico esoterista es ante todo un verdadero sacerdote oficiante
en el Templo de la Naturaleza, que lleva en la mano izquierda la lámpara
de Hermes, en la derecha el bastón de los patriarcas y cubre su espalda con
el manto de Apolonio.

      La lámpara de Hermes es la divina luz del corazón iluminado por la
fuerza del Amor.    La capa de Apolonio, la Sabiduría que envuelve su
consciencia y el bastón de los patriarcas, el poder que maneja, gracias a la
concentración de la divina energía del Logos, orientada y canalizada por el
poder de su omnipotente Voluntad.

      El verdadero esoterista hace uso de su sabiduría y poder para ayudar a
la sufriente humanidad a salir del caos de la ignorancia, llevándola a los
hermosos valles de la Luz.

      Moisés es el gran hierofante de las antiguas dispensaciones que como
supremo Iniciado, conduce al pueblo escogido, es decir, al ser que desea
ennoblecerse y superarse para vivir armoniosamente la vida, hacia la tierra
de promisión, donde todo es paz y felicidad.
 
En L.V.X.
F.´.L.´.Zerión KRC.

 

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