ENIGMAS Y
MISTERIOS DEL ANTIGUO EGIPTO
Imaginen científicos marcianos
aterrizando en la tierra y tomando interés en el fútbol. A través de los años
habrán de acumular una cantidad de información acerca del tema.
Sin embargo, si los juegos fueran
desconocidos en Marte, serían vistos como sin sentido, como un curioso rito
religioso, realizado por seres supersticiosos con actitudes emocionales
incomprensibles.
Mas si por algún rapto de genio
alguno de los marcianos llegara a adquirir alguna comprensión de la
naturaleza del juego, toda esa información incomprensible comenzaría a
adquirir sentido.
La Egiptología tiene una gran
analogía con esto. Por cerca de dos centurias los eruditos han acumulado
información, traducido textos, excavando y restaurando ruinas y debatiendo
acerca de sus descubrimientos. Se ha desarrollado un consenso académico por
el cual los antiguos egipcios son presentados al público como una raza de
primitivos poseedores de cierta tecnología, aunque faltos de una verdadera
ciencia o matemática, que rendían culto a una mezcla de extraterrestres,
dioses con cabeza de animal, obsesionados con la muerte y con complejos y
elaborados ritos funerarios, aunque capaz de producir las más increibles
piezas maestras de arte y arquitectura en el planeta.
Toda persona con cierta inteligencia
reconocerá esto como una gran paradoja. Todo arte sofisticado implica un
pensamiento sofisticado. Esta paradoja es también percibida, pero raramente
formulada, por los comunes viajeros de Egipto, maravillados por los templos,
mas cansados e irritados por las explicaciones que pretenden dar cuenta de
todo.
Desafortunadamente, los académicos
raramente son creativos, presentándose al público ignorante esta visión
paradójica como si fuera un hecho establecido. Este es el poder que ejerce
cierto tipo de adoctrinamiento: pocos se atreven a desafiar al dogma,
especialmente cuando viene investido de un halo de erudición y ciencia.
Esta visión de Egipto nunca fué unánime.
Un número de estudiosos ha sentido siempre que debía haber algo erróneo en
tales interpretaciones, que la magnitud y perfección de las obras implica un
profundo y oculto conocimiento.
A lo largo de los tiempos ha habido
numerosos intentos para su desciframiento, muchos de ellos erróneos y
extraviados. La Grán Pirámide de Keops, por ej., fué descripta
alternativamente como un instrumento directamente inspirado por Dios, como una
bomba hidráulica gigante o como un hito para el despegue y aterrizaje de
naves extraterrestres.
Los egiptólogos académicos ejercen
una particular labor: todo aquello que no conforma a la visión ortodoxa de
Egipto como un pueblo de primitivos supersticiosos queda sistemáticamente
desestimado. Aún cuando algunas teorías alternativas son absurdas no
significa que todas lo son.
En 1957, después de casi dos
decadas de trabajo en Egipto, principalmente en Luxor, el matemático, filósofo
y orientalista R. A. Schwaller de Lubicz publicó El Templo del Hombre. Este
exhaustivo y documentado trabajo ha dado a luz una nueva visión de Egipto.
A través de la llamada interpretación
Simbolista el arte y la arquitectura de Egipto revelan todos sus prodigios,
como expresión de la llamada por Schwaller "Ciencia Sagrada", el
conocimiento y el despliegue conciente de los principios cósmicos.
La noción de Ciencia Sagrada es
ajena al pensamiento de nuestro siglo. No hay nada que hayamos aprendido en la
escuela que sugiera dicha posibilidad y no es fácil deshacer el virtual
lavado de cerebro al que hemos estado sujeto bajo el nombre de educación. Aún
así es posible distinguir entre lo que se puede denominar ciencia sagrada de
lo que no es, formulándonos la perenne y filosófica pregunta con respecto a
si toda la creación o más precisamente la formación del universo tiene un
propósito y si la humanidad es parte de ese propósito.
El Antiguo Egipto (y otras culturas
antiguas tradicionales) han contestado a la pregunta con una rotunda afirmación.
Egipto afirmaba que la humanidad había sido desenvuelta por los poderes
divinos y que su propósito era - según palabras de Schwaller - el retorno a
la Fuente. La Ciencia Sagrada es el cuerpo sistemático de conocimiento que
trata de dichos poderes formativos y sus interacciones.
La Sabiduría Egipcia
Se reconoce actualmente que
los Egipcios, entre todos los pueblos antiguos, fueron los más versados en
las Ocultas Ciencias de la Naturaleza. Los más sabios filósofos de otras
naciones visitaron Egipto para ser iniciados en los sagrados Misterios
por los sacerdotes de Tebas, Memfis y Hermópolis. Tales, Solón, Pitágoras y
Platón viajaron de Grecia al delta del Nilo en la búsqueda del conocimiento.
Al retornar a sus propios países, estos hombres iluminados reconocieron a los
Egipcios como a los más sabios de los mortales y a los templos Egipcios como
los repositorios de las más sublimes doctrinas concernientes a la historia de
los Dioses y a la regeneración de los hombres.
Solón, el más grande legislador
ateniense y uno de los pensadores más notables entre los Griegos, estudió
filosofía en Egipto con Psenophis de Heliópolis y con Sonches de Sais, dos
de los más versados sacerdotes. De ellos, según afirma Platón, Solón
recibió el conocimiento de la lengua Atlante que luego comenzaría a explicar
en verso. En cierta ocasión Solón cuestionó a sus maestros egipcios en
asuntos relacionados a la antigüedad de los imperios. Entonces, el más
anciano de los sacerdotes le replicó : “Solón, Solón, vosotros los
Griegos sois siempre unos niños, no hay ningún Griego que sea un hombre
anciano”. De aquí podemos inferir que si los Egipcios tenían conocimiento
de los antiquísimos misterios de la Atlántida, como habrían de ignorar los
orígenes de su propio imperio y de su teología y filosofía.
Platón viajó a Egipto,
estableciéndose en Sais, donde los hombres sabios le enseñaron respecto al
universo, su origen y su desarrollo hasta el presente. De Pausanias sabemos
también, que fué de los Egipcios que Platón aprendió con respecto al
misterio de la inmortalidad del alma humana.
Demócrito pasó buena parte
de su vida en Egipto y de allí tomaría los fundamentos para su celebrada
doctrina de los átomos.
Pitágoras siendo muy joven
estudió con Tales de Mileto, según afirma Jámblico. Tales, que en esos
tiempos ya era de edad avanzada, se lamentaba de su incompleto conocimiento de
las doctrinas sagradas y urgió a Pitágoras a visitar Egipto, la tierra de la
sabiduría. Talés confesó que su propia reputación de sabio se debía a la
instrucción recibida de sus sacerdotes; reconociendo que él mismo no tenía
la excelente predisposición que naturalmente encontraba en la persona de Pitágoras,
augurándole que se convertiría en el más sabio y divino de los hombres si
estudiaba con los sacerdotes Egipcios. Jámblico describe luego el viaje de
Pitágoras a Egipto, como fué iniciado en los misterios de varias naciones a
lo largo de su ruta, siendo recibido por los sacerdotes Egipcios con afecto y
respeto, siendo admitido, después de un tiempo,en los secretos de sus órdenes.
Allí estuvo durante veintidós años, aprendiendo astronomía y geometría,
siendo luego iniciado en los misterios de los dioses. El como muchos otros
iniciados en sus Misterios, retornó para ser uno de los fundadores de los
grandes sistemas de conocimiento.
La declinación de los
Egipcios bajo los Ptolomeos tuvo como resultado la desaparición de los
arcanos sagrados y la violación de los santuarios de los Dioses Herméticos.
Los sacerdotes se retiraron al desierto y migraron a regiones más
hospitalarias. En lugares distantes y desolados los viejos ritos florecieron
nuevamente, y los Hierofantes siguieron ofreciendo sus juicios con los
cuarenta rollos esparcidos frente a ellos en lo alto del altar.
Hoy día se acepta que la
Piedra Rosetta ha proporcionado la clave maestra del conocimiento secreto tan
efectivamente escondido en los viejos jeroglíficos egipcios. Los egiptólogos
llevan adelante la tarea de clasificación de los fragmentos literarios. Nada
queda de la gloria del antiguo Egipto sino sus fabulosos monumentos, las
innumerables inscripciones, su elaborado arte. Las inescrutables caras pétreas,
que se alzan junto al Nilo desde hace miles de años no han dado una respuesta
a los interrogantes de nuestra ciencia. Los labios de Kem están sellados con
el polvo del tiempo.
Un alfabeto no es un lenguaje,
y si bien mucho se ha avanzado en el desciframiento de las viejas
inscripciones, comprendemos todavía muy poco de su religión y filosofía.
Dichas dificultades están expresadas en las palabras de un gran egiptólogo,
P. Le Page Renouf: “La dificultad no se halla en la traducción literal del
texto, sino en la comprensión del significado que se halla oculto dentro de
los términos familiares”. Una gran parte de la literatura egipcia es críptica;
su verdadero significado fué probablemente desconocido en el período
Ptolomeico aún para los mismos egipcios. No debemos, por lo tanto, ser
demasiado confidentes respecto de la exactitud de las traducciones,
considerando que debajo de la superficie que nosotros hemos iluminado con el débil
rayo de nuestro conocimiento, hay una oscuridad mucho más profunda que la de
las noches egipcias. Sin embargo, se ha acumulado suficiente evidencia como
para aportar una explicación metafísica a los mitos egipcios. Alphonse
Mariette dice al respecto: “para el iniciado del santuario, sin duda, estaba
reservado el conocimiento de Dios en lo abstracto, el Dios oculto en las
inescrutables profundidades de su propia esencia. Mientras que para la menos
refinada adoración del pueblo eran presentadas las innumerables imágenes de
las deidades esculpidas en las paredes de los templos”.
En la estatua de un gran sacerdote,
encontrada en Menfis, se lee la siguiente inscripción: “El conocía las
disposiciones de la tierra y del cielo; no había nada oculto para el; el
adoraba a Dios y lo glorificaba en sus designios; el cubría con un velo el
lado de todos a los que había visto”. Expresiones como estas tienen su
significado; ellas nos confirman que los egipcios estaban al cuidado de sus
tradiciones esotéricas. Al respecto, Orígenes nos da su testimonio: “Los
filósofos egipcios tienen nociones sublimes con respecto a la naturaleza
divina, que ellos mantienen en secreto, y nunca las revelan al pueblo sino
bajo un velo de fábulas y alegorías”.
La Magia Egipcia y el Ciclo
Osiriano
Isis fué la patrona de las
artes mágicas. El uso dado a dicha magia se revela, entre otros, en el
Ciclo Osiriano donde Isis aplica el más potente de sus encantos e
invocaciones para lograr la resurrección de Osiris, bajo otras palabras, la
redención del alma humana.
Osiris, el negro dios del
Nilo, debe ser considerado como la personificación de un orden de enseñanza,
que Plutarco identifica con la doctrina sagrada, o la tradición de los
Misterios. Así como Thot personifica la esfera total de conocimiento y es a
través de su ayuda que Osiris vino a la existencia, así Osiris representa el
secreto y la sabiduría sagrada reservada para los versados en los antiguos
ritos. El representa el conocimiento primordial, la ultérrima realización de
la Verdad. El significa la unión con el Absoluto que es el fin de toda
iluminación, y por su vida, muerte y resurrección, reveló los medios por
los cuales el hombre puede alcanzar tal fin. Así Osiris se convierte en un símbolo
dual, siendo en primera instancia la sabiduría esotérica misma, y en segundo
lugar, la orden de Iniciados a través de la cual la tradición ha sido
perpetuada. La personalidad misma de Osiris tipifica la institución erigida
por los antiguos para perpetuar las inmortales verdades del alma. La cabeza
viviente fué coronada con las plumas de la sabiduría y el poder, las manos
llevaban los cetros de los tres mundos, mas el cuerpo estaba envuelto con las
vendas de momia de la muerte. Aquí encontramos el espíritu, la cabeza
viviente, unida incongruentemente a la materia, el cuerpo momificado. El alma
fué aprisionada en las estrechas ataduras de carne. Una cosa es cierta:
Osiris representa la Doctrina Secreta anterior al tiempo en que la
Palabra primordial fué perdida.
Osiris es el primero de los
hijos de Nut; los cinco hijos de Nut son los cinco continentes que han
aparecido sobre la tierra y las cinco razas que los poblaron. Osiris es la
primitiva revelación de la primera raza, mientras que Isis nació en el
cuarto día, lo cual nos da evidencias que esta tradición habría llegado a
Egipto a través de los misterios de origen atlante, de los cuales Isis es su
símbolo.
Del reino de Osiris nos llega
el siguiente mito: hubo un tiempo, la Edad de Oro, cuando la verdad y la
sabiduría reinaban en la tierra,y en que una aristocracia del saber conducía
a los hombres hacia un estado superior del ser. Esta fué la dinastía divina
de los mitológicos sacerdotes-reyes que gobernaron la humanidad con virtudes
no solo temporales sino con además con atributos divinos. A través de dichos
sacerdotes, Osiris, representante de la tradición oculta, presidió sobre el
mundo entero.
Si entendemos a Osiris como el
polo positivo de la vida universal, entonces Isis representa el polo receptivo
de dicha actividad. Así en Egipto la institución de los Misterios fué la
gran Madre, el puente con el cielo mismo. Isis también representa la orden
temporal del sacerdocio, el cuerpo de Iniciados. Ella es personificada como el
templo; ella es la madre de todo bien, la protectora de todo derecho, la señora
de todo avance. Ella asegura nobleza, inspira virtud y despierta las más
nobles pasiones del alma. Como Diana de Efeso ella es la gran madre que nutre
a todas las criaturas de sí misma. Como la Luna ella brilla solo con la luz
del soberano Sol.
Typhon es la personificación
de toda perversidad. El es la creación negativa, así como el Ahrimán del
Zoroastrismo. El es la magia negra y la brujería, la Hermandad Negra.
Nephtis, su esposa, es la institución a través de la cual se manifiesta.
Typhon llevó a Osiris al arca de la destrucción cuando el sol entra en el
signo del escorpión, así lo conocemos como el eterno contendiente, aquél
que deshace todas las buenas cosas y presagia la ruina. El es el poder del
universo físico que constantemente busca la destrucción de los valores
espirituales guardados en su substancia. El golpéa en el mes octavo, y ahora
se supone que un bebé nacido en el octavo mes no puede vivir debido a la
maldición de Typhon. Osiris al haber nacido en el séptimo mes se dice que es
previo a la regencia de Typhon. En los ritos iniciatorios el es el que somete
a pruebas, “el señor que está en contra nuestra”. Typhon, la reina de
Etiopía y los 72 conspiradores representan los poderes destructivos, los
asesinos del Maestro Constructor. Ellos son la ignorancia, la superstición y
el temor.
El advenimiento de la codicia
y la perversión marcaron el fin de la Edad Dorada-la Era de Osiris- y cuando
el buén príncipe Osiris, la verdad profunda, retornó a sus propias tierras,
se convirtió en la víctima de un oscuro complot. Sus asesinos huyeron del
palacio llevándose el sarcófago y lo arrojaron a las aguas del Nilo, símbolo
de los ideales, que llevan a los hombres por la senda de la virtud, que siendo
obscurecidos, dan paso al error que entonces rige soberano. Typhon asciende al
trono como regente del mundo, presidiendo sobre una humanidad deyecta. Con la
verdad muerta, o por lo menos exiliada al mundo invisible, los hechos
evidentes han sido reemplazados por opiniones, llevando a los hombres a
combatir por ideas sin sentido y sin alma. Typhon rige hoy al mundo, teatro de
las ambiciones desmedidas.
Qué es de Isis, la madre de
los Misterios? Aquella que está olvidada y desacralizada por los profanos,
que sus sabios y profetas fueron forzados a partir al destierro para escapar a
la persecución. La gloria de Egipto cesó con la muerte de Osiris. Los
grandes templos todavía permanecen mas los dioses que lo iluminaban se han
ido. Los santuarios fueron cayendo en ruinas y los custodios de las verdades
se ocultaron en oscuros lugares de la tierra. Isis, como representación del
conjunto de Iniciados, comenzó la gran búsqueda del secreto perdido, la búsqueda
del cuerpo de su señor.
Buscando en todas las partes
de la tierra y a través de innúmeras edades, inspiró a hombres y mujeres,
la congregación de los justos, para así redescubrir los arcanos y traerlos
nuevamente con regocijo del mundo. Isis, por medios mágicos, logró la
resurrección del dios muerto y uniéndose a él trajo nuevamente una orden de
sacerdotes bajo el nombre colectivo de Horus, el halcón, el pájaro que todo
lo vé.
La ambición, personificada
por Typhon, sabiendo que el poder temporal debe perecer si el poder divino es
restablecido, puso en juego toda su potencia otra vez para dispersar la
doctrina, esta vez tan efectivamente que nunca pudiera ser redescubierta. El
cuerpo de Osiris, (la Doctina Secreta), fué dividido en catorce partes y
esparcido por el mundo. Baco, entre los griegos, fué dividido en siete partes
por los Titanes. En palabras de Faber, ambas historias son esencialmente la
misma, y en una de sus variantes los viejos mitólogos añaden a los siete
Titanes, los siete Cabiri.
Nos dice el mito que todas las
partes fueron recuperadas, salvo el miembro sexual de Osiris que fué devorado
por un pez. Este es un símbolo de la energía vital y también de la Palabra
Perdida, que no fué recuperada y la cual fué substituída por una réplica
de oro. En los jeroglíficos egipcios el cuerpo físico, después de la
partida del alma, es llamado kha y su jeroglífico es un pez.
Isis, al modelar y reproducir
el miembro faltante de Osiris, da al cuerpo del dios la apariencia de
completura, mas el poder de vida ya no está presente. Isis ha logrado todo lo
que se puede realizar por medio de la filosofía natural. Entonces queda
nuevamente el recurso de la magia. El miembro de oro es vuelto a la vida por
un secreto proceso rescatado del libro de Thot. Así el poder divino de Osiris
es reestablecido a través del proceso de regeneración del hombre y el
proceso de la iniciación. Así las instituciones iniciáticas son
representadas por Isis, la madre de los misterios, de cuyo oscuro seno nacen
los iniciados en el misterio del segundo ó filosófico nacimiento, convirtiéndose
así en los hijos de Isis. Isis es la viuda, buscando la restauración de su
señor.
En los ritos egipcios Horus es
el salvador-vengador, hijo de Isis, concebido por ritual mágico. El es el
redentor póstumo. Cada iniciado es como Horus, un halcón del Sol, cada uno
está dedicado a combatir el reino de Typhon. La gran batalla , en la que los
hijos del halcón baten a las huestes de la oscuridad, es la misteriosa
Armageddón de la Revelación, el Kurukshetra del Mahabarata, el Ragnarok de
los Eddas.
Los orígenes atlantes de Egipto
Platón en su diálogo
Critias, llegado hasta nosotros incompleto, constituye una de las principales
referencias con respecto a la Atlántida. Este libro junto a su diálogo
Timeo, considerado como su libro más hermético, han dado lugar a cientos de
escritos con referencia al fabuloso continente perdido, aunque muchos de ellos
carentes de todo genio. Entre los pocos que han aportado investigaciones de
valor puede mencionarse a Albert Slosman, matemático que participó en
programas de la NASA, que de 1976 a 1980 publicó una serie de libros en los
que menciona el hundimiento de la Atlántida y el éxodo de sus pueblos hacia
colonias ya establecidas previamente ante la previsión del gran cataclismo
que la afectó. Su investigación abarcó los templos egipcios de Dendera y
Abydos. Fué como consecuencia de sus investigaciones que el Museo del Louvre
colocó en lugar accesible el zodíaco de Dendera, pieza que estaba olvidada
muchos años en un sótano. Esta pieza, de alrededor de 2,40 m y que tendría
originalmente un peso de casi sesenta toneladas señalaría, según él, la
fecha del cataclismo atlante ocurrido hace unos 12000 años en el 9792 a.C.,
causado por algo que cayó del espacio, produciendo enormes fosas y la
activación de volcanes que llevarían al hundimiento del continente.
Las pirámides y la Gran
Pirámide
Muchas
veces se ha formulado la pregunta : para qué se construyeron las pirámides ?
Las respuestas van desde
considerarlos monumentos funerarios, la teoría más difundida, hasta
suponerlos como enormes graneros, observatorios astronómicos o lugares de
ritos mágicos.
En ninguna de las grandes pirámides
se han encontrado momias o restos que permitan afirmar la primera tesis, salvo
aquella que apareció en la de Micerino, que se probó que había sido
introducida posteriormente. Este hecho se atribuyó al saqueo sufrido por
todas ellas que habría suprimido valiosa evidencia. Sin embargo, el
descubrimiento de la pirámide de Sekhemkhet ha aportado contundentes pruebas
en contra. Dicha pirámide erigida hacia 2600 a.C. en la necrópolis de
Sakkara, permaneció intacta hasta que Zacarías Goneim en 1951 encontró
la cavidad para acceder a su interior. Allí se hallaron intactos los sellos
de las puertas de acceso, mostrando que no había sido violada. Los
arqueologos esperaban hallar los restos del faraón en el gran sarcófago de
alabastro de su sala principal. Por el contrario, su interior se encontró vacío
y los análisis posteriores mostraron que nunca había estado ocupado por
restos orgánicos.
La Gran Pirámide es la última
de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo que perdura, calificada como el hito
más sublime de la historia y construída por arquitectos que poseían un
profundo conocimiento de los secretos del universo.
Dice Peter Tompkins que, a lo largo
de los siglos se ha venido desarrollando una polémica entre los defensores de
esta teoría y sus adversarios, habiendo a ambos lados eminentes científicos
y académicos. Todos aseguran que tiene por lo menos cuatro mil años de antigüedad,
pero nadie puede asegurar como se construyó, ni porqué, ni quienes fueron
sus arquitectos y constructores.
Hasta hace poco tiempo, ni siquiera
había prueba de que los antiguos egipcios fueran capaces de formular cálculos
astronómicos y matemáticos tan precisos como los necesarios para llevar a
cabo tan monumental tarea.
Se consideró casualidad su
orientación practicamente exacta hacia los puntos cardinales, que en su
estructura se encuentre expresado el número P
con una exactitud de varios decimales y que en la Cámara del Rey se aplicaran
los triángulos sagrados de relaciones 3:4:5 y la del teorema de Pitágoras.
Se atribuyó a casualidad que los ángulos acreditasen un conocimiento
avanzado de la trigonometría, y que en su estructura se encuentren las
proporciones de la Sección Aurea.
Según muchos académicos modernos,
en Egipto no se utilizó el número P
sino hasta después del 1700 a. C., el teorema de Pitágoras recién a partir
del siglo V a.C. y el desarrollo de la trigonometría se atribuye a Hiparco en
el siglo II a. C.
Todas estas afirmaciones deben ahora
ser revisadas. Los estudios recientes de los antiguos jeroglíficos y de las
tabletas cuneiformes de babilonios y sumerios han revelado que existió una
civilización avanzada en Oriente Medio más de tres mil años a. C. y que Pitágoras,
Eratóstenes, Hiparco y otros griegos, a quienes se atribuye el origen de las
matemáticas, no hicieron más que recoger fragmentos de una ciencia antigua
desarrollada por dichas culturas.
De tal manera, la Gran Pirámide ha
sido diseñada, como también muchos grandes templos de la antigüedad, en
base a una geometría hermética, de la cual pasaron sólo vestigios al mundo
helénico y alejandrino.
Todos los descubrimientos
practicados permiten volver a analizar la Gran Pirámide con resultados
revolucionarios.
A lo largo de más de mil años,
científicos y exploradores han estado trabajando para lograr esclarecer los
misterios de la Pirámide. Cada uno ha descubierto alguno de los aspectos válidos.
Se ha demostrado que contituye un almanaque, con el cual puede medirse la
duración del año, tan exactamente como un moderno telescopio. Se ha
demostrado que es un teodolito virtualmente indestructible. Sigue siendo una
brújula orientada con gran exactitud.
Es también un marcador geodésico
cuidadosamente localizado, un hito a partir del cual se construyó la geografía
del mundo antiguo. Sirvió también de observatorio celeste desde el cual
pudieron trazarse mapas del cielo y es un modelo a escala del hemisferio, en
el cual se observan con toda exactitud los grados de latitud y longitud.
La Gran Pirámide se constituye así
en una representación de un sistema antiguo y universal de pesos y medidas,
modelo de uno de los conjuntos más precisos de mediciones temporales y
espaciales que se hallan construído jamás.
Así también se ha demostrado la
falsedad de la suposición comunmente aceptada de que la Gran Pirámide fué
una tumba más, construída para perpetuar la memoria de un faraón vanidoso.
Hoy ha sido demostrado que quienes
fueron sus constructores conocían la circunferencia exacta de la Tierra y la
duración del año con una precisión de varios decimales, datos que no se
redescubrieron sino recién en el siglo XVII. Sus arquitectos debieron conocer
la longitud media de la órbita de la Tierra en torno al Sol, su densidad
específica, el ciclo de precesión de los equinoccios, la aceleración de la
gravedad y la velocidad de la luz.
Las Pirámides de Giza y el
Misterio de Orión
En 1989 el ingeniero Robert Bauval
presentaba la teoría de la correlación de Orión, ampliada posteriormente
con su libro El Misterio de Orión (1994) resultado de 10 años de
investigaciones.
Su enunciado puede resumirse en que
las tres grandes pirámides de Giza imitan la disposición de las tres
estrellas centrales de la constelación de Orión: Zeta Orionis, Epsilon y
Delta. La correlación entre pirámides y estrellas exige retroceder en el
tiempo hasta la posición que ocupaban en el firmamento en el 10500 a.C.,
fecha en la que ambos esquemas eran uno espejo del otro. Bauval afirma que tal
esquema se repite con las pirámides de Diodefru, Zahaw el Arani y Snefru, que
se corresponden con otros puntos de la constelación de Orión, constituyéndose
esta en una verdadera puerta de acceso estelar. Por otro lado, en la Gran Pirámide,
los canales norte y sur de la cámara de la Reina apuntan a la Osa Menor y
Sirio, mientras que los de la cámara del Rey apuntan a Zeta Orionis y la
constelación del Dragón. También la ubicación de las pirámides al oeste
del Nilo coincidiría con la situación de Orión al oeste de la Vía Láctea.
Esto coincide con la identificación
egipcia entre Osiris y Orión y entre Isis y Sirio, corroborando el aforismo
hermético de la correlación entre el Microcosmos y el Macrocosmos.
La Gran Pirámide como Templo
Iniciático
El diseño interno de la pirámide
mostraría el desarrollo interno del individuo. Según señalan varios autores
la Gran Pirámide está relacionada intimamente con los misterios egipcios, el
saber secreto poseído por una jerarquía de iniciados, comunicado a quienes
habían acreditado dignidad y mérito suficientes, luego de haber pasado severísimas
pruebas.
La orden egipcia del templo
implicaba un proceso gradual de admisión, durante el cual se enseñaba a los
candidatos las diversas ciencias, incluyendo la geometría y las matemáticas,
los grandes principios y leyes del cosmos y su relación con el hombre,
utilizando la Gran Pirámide para la iniciación en los grados más altos.
Algunas de las ceremonias de los
misterios han llegado de manera más o menos velada a través del ritual de
diversas hermandades.
Dice William Kingsland que si la Pirámide
fué construída por iniciados y para iniciados, con toda probabilidad se
emplearon en su edificación algunas de las fuerzas más íntimas de la
Naturaleza, que podrían explicar los enigmas de su construcción.
Afirma H. P. Blavatsky, en “La
Doctrina Secreta” que la Pirámide no sólo indicaba las órbitas que seguían
las estrellas en el firmamento, sino que constituía el testimonio
imperecedero y el símbolo indestructible de los misterios e iniciaciones
sobre la Tierra. En “Isis sin velo” señala que si bien la Pirámide
simbolizaba el principio creador de la naturaleza, e ilustraba los principios
de las matemáticas, de la astronomía y de la astrología, en su interior
estaba el centro de los misterios de la iniciación, un templo en el cual los
hombres se elevaban hasta los dioses, y los dioses descendían hasta los
hombres. Se colocaba al neófito que pasaba por todas las pruebas en el cofre
de la Cámara del Rey donde por tres días y tres noches se decía que su Yo
Espiritual conversaba con los dioses y entraba al Amenti. Luego era
transportado la noche anterior al tercer día a la entrada de una galería,
donde a determinada hora los rayos del Sol naciente caían de lleno sobre el
rostro del candidato, quien, al despertar, era iniciado por Osiris y por Thot,
el Dios de la Sabiduría.
Gran parte de los antiguos filósofos
y grandes maestros visitaron Egipto y se dice que recibieron su sabiduría de
boca de sus iniciados. Entre ellos encontramos a Moisés, Pitágoras, Solón,
Platón, Heráclito, Sófocles, Píndaro, Cicerón y Séneca entre otros.
W. Marshall Adams dice que la Pirámide
representaba en forma monumental la doctrina que expone el Libro de los
Muertos, en el que se contienen de manera alegórica y simbólica el saber
secreto de los iniciados, las leyes que gobiernan el universo.
Ralston Skinner, autor de “La
fuente de las medidas” señala que la Pirámide no era una tumba, sino un
templo de iniciación, vinculandola a la Cábala como sistema de simbolismo
alegórico entre iniciados.
Tons Brunés, en su obra “Los
secretos de la antigua geometría” demuestra que la mayor parte de los
grandes templos de la antigüedad fué diseñada a base de una geometría
avanzada y hermética, solo conocida por los iniciados, algunos de cuyos
fragmentos fueron incorporados a las obras de los griegos clásicos y
alejandrinos. Los egipcios -dice- utilizaron el diseño básico de un círculo
inscrito en un cuadrado para dividir geométricamente el círculo y el
cuadrado en partes iguales de dos a diez, y en todos sus múltiplos posibles,
sin más ayuda que una regla y un compás que junto con la Pirámide son
emblemas de órdenes de ayer y hoy. El círculo era sagrado para ellos, lo
mismo que el triángulo, el cuadrado y la cruz, figuras que se aplican a la
Gran Pirámide de base cuadrada y lados triangulares, con el objeto de
representar el círculo sagrado. De allí también obtuvieron las figuras básicas
del pentágono, hexágono, octógono y decágono. Del pentágono se deducen la
Sección Aurea y el Número de Oro de la forma geométrica más simple. Cada línea
de la estrella de cinco puntas, símbolo del iniciado pitagórico, corta a la
otra determinando una proporción aurea. Además, el lado de un pentágono
inscripto en una circunferencia de diámetro igual al perímetro de la Pirámide,
será igual al apotema de la Pirámide.
Brunés afirma que aunque siempre se
ha dicho que Grecia es la cuna de las matemáticas,
Pitágoras, considerado su fundador,
pasó veintidós años en Egipto sirviendo como sacerdote del templo, y sólo
volvió a Grecia después de la invasión de los persas por Ciro en el 527 a.
C., después de ser llevado a Babilonia. Ya, de regreso a Grecia, Pitágoras
enseñó en base a lo aprendido en Egipto. Unos ochenta años después, Platón
salió de Atenas después de la ejecución de Sócrates entrando en contacto
con la sociedad pitagórica. Luego se trasladó a Egipto, donde también fué
iniciado.
Platón gastó una buena parte de su
fortuna adquiriendo escritos pitagóricos. Formuló la idea de que el cosmos
estaba construído en base a los cinco sólidos regulares que pueden
inscribirse en una esfera. Platón habría revelado en sus escritos,
especialmente en el Timeo, las doctrinas secretas de los egipcios, que juró
no revelar, expresándolas bajo un velo de mito y lenguaje hermético.
También Moisés, que fué sacerdote
egipcio, conocía la antigua geometría, que transmitió herméticamente en
sus instrucciones para la construcción del Tabernáculo. Dice Funk- Hellet
que el arquitecto Hiram Abiff construyó por orden de Salomón el Templo de
Jerusalén, en base a las medidas del codo real del cual se puede deducir el
valor valor de el número P
hasta la diez milésima parte. La Gran Pirámide es para él un gnomón o
pilar geodésico, al que se aplican los valores del metro, el codo, el palmo y
el dedo. El metro y el codo estaban determinados por mediciones geodésicas,
obteniéndose el metro por medio de la observacíon de la altura medida al
momento en que una luz desaparecía por el horizonte. A principios del siglo
pasado, Herschel dedujo mediante este procedimiento que el radio de la Tierra
era de 6793 km., en lugar del correcto de 6379 km.
Para Funk-Hellet los egipcios
calculaban mejor. Dice que el apotema completo de la Pirámide, incluyendo el
piramidón, es de 10.000 dedos de largo, o sea 1870 metros y el radio que de
allí se deduce es de 3570 m. Los experimentos actuales muestran que una luz
desaparece por el horizonte exactamente a 3570 m, estando el observador a 1m
sobre el suelo.
Schwaller de Lubicz reafirma en su obra El Templo en el Hombre la idea de que
los egipcios conocían el metro. A todo lo largo del circuito amurallado de la
III dinastía se encuentran tres líneas pintadas a una distancia exacta de un
metro.
Dice José Alvarez López en su obra
Física y Creacionismo, que un codo de 523 mm es exactamente la mitad de lo
que llama metro absoluto, que según él es una unidad natural del sistema
solar. Los planetas de nuestro sistema girarían en torno del Sol en órbitas
situadas a distancias armónicas, múltiplos de dicha unidad.
Según lo señala, la Pirámide debió
estar pintada con los colores del espectro, simbolizando la construcción del
sistema solar.
La Pirámide, dice, representa un
esquema decimal del sistema solar. La altura debió ser la millonésima parte
de la distancia al Sol, y su base la diezmillonésima parte de la superficie
de la Tierra.
También afirma que las dimensiones
del cofre de granito de la Cámara del Rey son tales que forman un atlas
astronómico perfecto: la medida interior es de un metro cúbico absoluto.
Para él no hay sino una manera de construir un cofre que incluya no sólo la
distancia de la Tierra al Sol sino el peso de la Tierra, el del Sol en relación
con la Tierra y la Luna y el radio polar de la Tierra. La realización de
estos cálculos constituyó una de las labores más arduas y dificultosas que
haya realizado el hombre.
Como una presencia de otra dimensión
la Gran Pirámide de Giza, llamada por los antiguos egipcios La Luz, ha
presidido a través de incontables siglos sobre el antiguo territorio de
Egipto. A través de las épocas los conquistadores han llegado y se han
retirado, las civilizaciones se han elevado y han caído, mas allí, junto a
las arenas que marcan el comienzo del desierto occidental la colosal Pirámide
continúa apuntando majestuosamente a los cielos con suprema indiferencia.
Se ha dicho que el hombre teme al
tiempo, más el tiempo mismo le teme a las pirámides.
Su Arquitecto constructor y la Gran
Pirámide misma, aún hoy día siguen operando su magia.
La Gran Esfinge
La Gran Esfinge de Giza tiene cuerpo
de león y cabeza de hombre, llevando el tocado real nemes. Si bien el
antiguo término griego esfinge significaba estrangulador, se ha mencionado
que el origen de la palabra sería la frase egipcia shesep ankh (imágen
viviente), que era un epíteto aplicado a las esfinges.
El significado del simbolismo de la
Esfinge es motivo de algunos debates, mas todos coinciden en que es un símbolo
solar. Los Egipcios no reverenciaron al Sol visible como un dios. El Sol era
el ojo de Ra; es decir el órgano de percepción de la divinidad y la
manifestación física de la Causa Invisible. La Esfinge refleja en cierto
sentido esa significación: el cuerpo de león simbolizando el poder y la
fuerza de lo espiritual en su forma física; la cabeza de hombre simbolizando
la inteligencia y la conciencia, la participación con lo divino. Como síntesis
artística, la Esfinge es un trabajo de maestría consumada; tan perfecta es
la fusión entre el león y el hombre que parece orgánica.
La Esfinge está excavada de un único
montículo de roca viva de 73 m de largo y 20 m de altura. La cabeza, que
tiene una textura diferente del cuerpo y muestra una erosión mucho menos
severa, es un afloramiento natural de una piedra más dura.
Un relevamiento reciente ha
evidenciado tres estratos separados de roca. La formación extremadamente dura
de la cabeza no ha sufrido daños por la exposición natural. Los severos daños
de la cara se deben a que la Esfinge fué utilizada como blanco por la
artillería mameluca en el siglo XVIII. El grueso del cuerpo está formado por
piedra caliza mucho más blanda. Esta parte está conformada por capas
alternadamente blandas y duras, siendo esta la razón de su desgaste en forma
corrugada, con entradas de hasta 60 cm. La base es de una piedra caliza más
dura.
Frente a la Esfinge podemos
observar un templo en un estado ruinoso, es el Templo de la Esfinge, que sería
supuestamente de la IV dinastía, hecho aparentemente de la misma piedra. Fué
probablemente dedicado al culto de las tres formas del Sol: Khepri por la mañana,
Ra al mediodía y Atum al atardecer. Durante el Reino Nuevo, la Esfinge fué
identificada con Horemakhet (Harmackis, Horus en el horizonte), y un nuevo
templo dedicado a él fué construído al norte del viejo edificio.
Curiosamente Herodoto, quién
describió a las pirámides con tanto detalle, no la menciona; aunque cabe
acotar que si no se la mantiene libre de arena, en apenas veinte años queda
cubierto su cuerpo leonino, dejando la cabeza a nivel de la arena.
En muchas ocasiones a lo largo de la
historia fué cubierta por las arenas y luego despejada, siendo la más
conocida de dichas instancias la que se halla registrada en la “Estela del
Sueño”, erigida justo frente a ella por Tutmosis IV (1401-1391 AC),
describiendo la promesa hecha a él en un sueño de que si despejaba la arena
que la cubría sería ungido rey.
En uno de los registros menos
legibles de este texto, aparecía el nombre de Kefrén (Khafre) en jeroglífico.
Mas el texto asociado a él era ilegible, habiendo desaparecido enteramente
hoy día. Posteriores excavaciones del Templo del Valle, al sur y contiguo al
templo de la Esfinge y a la misma Esfinge, mostraron una serie de estatuas de
Kefrén incluyendo una en la forma de esfinge. Esto llevó a los estudiosos a
atribuir la Esfinge y su templo a Kefrén, aún a costa de dejar de lado
evidencia con respecto a la mayor antigüedad de la Esfinge .
Sin embargo, una deducción mucho más
dramática respecto a la edad de la Esfinge ha sido formulada por Schwaller de
Lubicz, basada en consideraciones geológicas. Si dichas observaciones pueden
ser confirmadas, no solamente la edad de la Esfinge debería ser revisada sino
toda la historia entera de la evolución de la civilización.
Para comprenderlas se hace necesario
efectuar una disgresión. Los escritores griegos y romanos de la antigüedad,
basando sus reseñas en informaciones recibidas de primera o segunda mano de
fuentes egipcias, otorgaban una antigüedad mucho mayor a la civilización
egipcia que la establecida por los egiptólogos. Estas fuentes egipcias
mencionaban antigüedades del orden de los 24.000 a 36.000 años durante los
cuales Egipto fué gobernado por los dioses mismos y por los Shemsu Hor, los
compañeros o seguidores de Horus. Mas ante la falta de concreta apoyatura y
evidencias los académicos terminaron por atribuir estas versiones a la fantasía
y la leyenda.
Por lo menos uno de estos antiguos
relatos puede ocultar un hecho cierto. Herodoto relata que los sacerdotes le
informaron que el sol se puso dos veces donde actualmente se eleva, y que se
elevó dos veces donde actualmente se pone. Esta aseveración es generalmente
descartada como sin sentido. Sin embargo, como señala Schwaller de Lubicz
ella puede hacer referencia a los ciclos precesionales, por lo que los
sacerdotes egipcios referirían su historia a por lo menos un ciclo y medio,
unos 39.000 años. Esto se halla de acuerdo con antiguos relatos y tablas
cronológicas fragmentarias, sin que hubiera hasta ahora evidencia científica
que lo soporte.
Schwaller de Lubicz observó que la
severa erosión del cuerpo de la Esfinge no pude ser el resultado de la acción
del viento y la arena, como generalmente se menciona, sino debida al efecto
del agua. Si ello fuera posible deberíamos concluir que debió ser esculpida
antes de que Egipto fuera cubierto por las aguas, lo que supondría aceptar
que, de acuerdo a las teorías históricas aceptadas, es anterior a las
civilizaciones conocidas, y que pertenece a una época en que el hombre se
hallaba en el estadio rudimentario de vivir de la caza y la pesca.
En 1989, el egiptólogo John A. West
se contactó con el Dr. Robert M. Schoch, un estratígrafo y paleontólogo de
la Universidad de Boston, quien quedó intrigado por estos argumentos y
evidencias, no queriendo arriesgar su opinión hasta no haber examinado el
sitio personalmente. Ambos viajaron para efectuar un relevamiento no oficial.
Si bien no pudieron conseguir permiso para entrar a la Esfinge para estudiar
de cerca los detalles del desgaste, éste es tan considerable y claramente
demarcado que Schoch se convenció que se debía a la acción del agua. Luego
de una recorrida por la planicie de Giza, Schoch coincidió con los siguientes
argumentos:
1) Solamente
la Esfinge, las paredes de la construcción que la circunda y otras
estructuras relacionadas a ella arquitecturalmente o estilísticamente exhibían
estas características marcas de desgaste por agua. Todo aquello otro que data
del Egipto dinástico ha sido desgastado por el viento y la arena.
2) Las
estructuras que muestran el típico desgaste por viento y arena, que se hallan
esparcidas por el área, fueron cortadas de las mismas capas de roca que la
Esfinge misma, y por lo tanto no pueden datar del mismo período, como creen
los egiptólogos.
3) La
Esfinge y los templos del Valle han debido ser construídos en dos etapas
teniendo en cuenta los desgastados bloques de piedra caliza del núcleo
ubicados detrás de los de granito.
Si bien provisionalmente satisfecho
con la teoría, Schoch no la podía presentar al mundo geológico sin haber
tenido acceso directo y oficialmente permitido a la Esfinge. Habiendo obtenido
finalmente el permiso, el equipo de investigadores incluyó, aunque de manera
no oficial, a dos geólogos adicionales, un oceanógrafo y a Thomas L.
Dobecki, un geofísico acreditado. Entonces, ya dentro de la cubierta de la
Esfinge se hizo claro que las causantes del profundo desgaste fueron las
fuertes lluvias y no las crecientes ni las aguas surgentes, como en principio
se suponía. Esto también explica la presencia de los mismos perfiles de
desgaste en lugares tales como el Templo Mortuorio situados unos 30 m. más
arriba, en un lugar donde ninguna crecida, por extraordinaria que fuera, podría
llegar.
Los sismógrafos de Dobiecki
mostraron perfiles de desgaste debajo de la superficie y más impresionante aún,
revelaron varias cavidades subterráneas en el área inmediata a la Esfinge,
en particular un gran espacio rectangular de unos 12 por 15 metros, a unos 5m
de profundidad, entre las patas de la Esfinge. Esta cámara ha producido
sorpresa en determinados círculos. El famoso psíquico norteamericano Edgar
Cayce ha predicho estando en trance, que entre las patas de la Esfinge se
encontraría la Sala de los Registros, conteniendo la historia del perdido
continente de la Atlántida. Es innecesario remarcar que estas y otras
lecturas inpiradas en trances han producido muy poca impresión en los círculos
de los egiptólogos académicos. Mas los sismógrafos no operan en trance, y
aquí han mostrado una evidencia que coincide con lo predicho por Cayce, al
menos en parte. Qué es lo que contiene la cámara? Todavía no lo sabemos y
el permiso para posteriores estudios todavía está en espera de ser
concedido.
El hecho comprobado de que el
desgaste se debe a la acción de fuertes lluvias sólo puede significar que la
Esfinge es mucho más antigua de lo que se supone.
Extensos estudios paleontológicos
coinciden en afirmar que Egipto se convirtió en desierto alrededor del 10.000
A.C. Antes del 15.000 A.C. esta región así como el resto del norte de
Africa fueron una fértil sabana. Coincidiendo con la irrupción de la última
edad glacial, Egipto experimentó un largo período de fuertes lluvias. Cuando
lo peor de dicho período tuvo fin alrededor del 10.000 A.C., Egipto se
convirtió en desierto, y siguió siendo desierto desde entonces, si bien gozó
de ciertos períodos de lluvias en los cuales algunas regiones que hoy son un
árido desierto todavía eran verdes. Entre el 10.000 y el 4000A.C. Egipto fué
aumentando su aridez llegando al final de dicho período a ser lo que es
actualmente. En la zona de Giza la precipitación anual es de alrededor de
unos 25 mm. Bajo ninguna circunstancia puede esto producir el desgaste
observado en la Esfinge. Tomando las estimaciones más conservadoras que
permiten los datos combinados, Schoch estimó la talla de la Esfinge como mínimo
en el 5000 al 7000 A.C.
Las culturas neolíticas conocidas
de dicha época no han mostrado evidencias de disponer del tipo de tecnologías
necesarias para la realización de la Esfinge y de los asombrosos templos que
están frente a ella.
La noción de una civilización
Atlante es ignorada y ridiculizada por los círculos académicos modernos. Sin
embargo, si bien este desprecio puede silenciar y suprimir buena evidencia,
nada hace en cuanto a su negación. Hay una creciente evidencia proveniente de
distintos campos que soporta la antigua y extendida creencia de que ha
existido esta hoy perdida alta civilización, doquiera pudiera estar ubicada.
Dicha evidencia es también congruente con las antiguas afirmaciones respecto
a que dicha civilización desapareció rápidamente bajo circunstancias
catastróficas.
Sucesivas investigaciones llevadas a
cabo por Schoch y John A. West, han dado nuevos apoyos a la teoría desde
varios otros puntos de vista.
En Saqqara, a unos 16 km al sur de
Giza, se encuentran las tumbas de barro de los primeros reyes del Egipto dinástico,
hallándose estas en condiciones reconocibles y estables. Estas fueron
erigidas alrededor del 3000 AC, unos quinientos años antes de que la Esfinge
fuera supuestamente construída por Kefrén. Si como afirman algunos egiptólogos
para preservar la datación actual de la Esfinge, hubieran caído suficientes
lluvias para desgastarla a su actual condición inmediatamente después de su
construcción, deberíamos concluir que las mismas lluvias debieran haber caído
en Saqqara dada su inmediata cercanía. Dado que aún la piedra caliza más
blanda es mucho más resistente que el barro, sería lógico concluir que
dichas tumbas de barro debieran haberse disuelto bajo dichas condiciones. Sin
embargo ellas están allí hoy día sin mostrar prácticamente signos de haber
sido afectadas por el agua.
También se hizo necesario
investigar la atribución de la Esfinge a Kefrén bajo una perspectiva
diferente. Siempre fué un artículo de fé para los egiptólogos que la
desgastada cara de la Esfinge representaría al faraón Kefrén, si bien al
ojo desnudo no se encuentra semejanza entre ambos. En un artículo del
National Geographic de 1989, el arqueólogo Mark Lehner describió sus
intentos de reconstruir la dañada cara de la Esfinge mediante computadora. La
cara reconstruída guardaba estrecha semejanza con la cara de una estatua de
Kefrén.
Mas para lograr su reconstrucción,
Lehner alimentó a su computadora con datos provenientes de una de las
estatuas de Kefrén, la que en consecuencia, reprodujo la cara del faraón.
Esta fué entonces superpuesta sobre la Esfinge “probando” de esta forma
que la cara de la Esfinge fué la de Kefrén. Usando el mismo método también
habría sido posible “probar” que la cara de la Esfinge sería la de Diego
Maradona. Sin embargo dicho trabajo tuvo una amplia aceptación y fué
difundido por la prensa.
Para hacer frente a estos
resultados, West buscó ayuda de un experto en reconstrucción y comparación
de rostros, el detective Frank Domingo, experto forense del Departamento de
Policía de Nueva York. Domingo viajó a Egipto, y utilizando las prácticas
normalizadas de la policía, reprodujo las caras de la Esfinge y de Kefrén y
las comparó, llegando a la conclusión de que ambas son totalmente diferentes
y nunca pueden haber representado a la misma persona. Dado que las otras
evidencias utilizadas para atribuir la Esfinge a Kefrén son circunstanciales,
quedó en claro que dicha atribución solamente puede persistir como artículo
de fé y no puede ser considerada evidencia científica.
La controversia respecto de la
Esfinge ha dado lugar a numerosos artículos, en especial en la revista
norteamericana KMT dedicada especialmente al Antiguo Egipto. En el número de
verano del '94 se publica un artículo del Dr . James Harrell, profesor y uno
de los jefes del Departamento de Geología de la Universidad de Toledo, Ohio,
cuestionando las afirmaciones de West. En el mismo número se publica la réplica
de West donde rebate punto por punto los cuestionamientos de Harrell.
Recientemente, en un papiro hasta
ahora desconocido, el arqueólogo Zahi Hawass, jefe de excavaciones en el
Valle de los Reyes, descubrió un plano que muestra la existencia de un tunel
que recorre el flanco interior izquierdo de la Esfinge. Estudios con sondas de
resonancia magnética confirmaron que el tunel existía. Según sus
afirmaciones, posiblemente el túnel nunca haya sido violado, ya que su
entrada se encontraría intacta.
Según una versión que menciona P.
Christian en su “Traité des Mystéres”, la Esfinge servía de entrada a
las sagradas cámaras subterráneas en las cuales se llevaban a cabo las
pruebas de iniciación. Esta entrada que hoy estaría obstruída por arena y
escombros, habría estado cerrada por una puerta de bronce cuya apertura sólo
podía ser operada por los magos. En el vientre de la Esfinge existirían
galerías que llevan a las partes subterráneas de la Gran Pirámide. Estas
galerías tendrían un trazado tan intrincado que al tratar de recorrerlas sin
la debida guía inevitablemente hacían retornar al punto de partida.
La Esfinge está estrechamente
ligada a la leyenda de Edipo, quién resolvió el enigma propuesto por la
misteriosa criatura compuesta por el cuerpo de un león alado y la cabeza de
una mujer, que aparecía en las encrucijadas del camino a Tebas (en Grecia). A
cada viajero que pasaba le formulaba la pregunta: “Cuál es el animal que en
la mañana camina en cuatro pies, al mediodía en dos y al atardecer en tres
pies ?” Aquellos que no podían responder eran devorados por la Esfinge.
Edipo contestó que era el hombre mismo quién en la infancia gateaba apoyado
en sus manos y pies, en su juventud caminaba erguido en sus dos pies y que en
su vejez lo hacía ayudado por un bastón. Al escuchar la solución al enigma
se dice que la Esfinge se precipitó desde lo alto de una roca para así
perecer.
Habría otra interpretación para
dicho enigma, emparentada con una consideración pitagórica de los números.
El 4, el 2 y el 3 suman 9 que es el número atribuído al hombre y también a
los ciclos de tiempo. El 4 representa el hombre ignorante, el 2 el hombre
intelectual y el 3 el hombre espiritual. La humanidad infantil camina en
cuatro patas, la humanidad evolucionante en dos, y al poder de su propia mente
agrega el iluminado el bastón de su sabiduría.
La Esfinge es por lo tanto el
misterio de la Naturaleza, la personificación de la Doctrina Secreta. Pasar
la Esfinge es alcanzar la inmortalidad.