El Fuego Pentecostal
Es importante para nosotros conocer el Camino Angosto y estrecho que conduce a cada iniciación.
En el Edén, los árboles son dos: el árbol de la Vida y el árbol de la Ciencia del Bien y del Mal.
El árbol de la Vida es el Ser, la Constitución Séptuple del Hombre Verdadero.
El árbol de la Ciencia del Bien y del Mal es el Gran Arcano, indecible por Eliphas Levi, el Sahaja Maithuna Indostán, el Secreto Secretorum de los Alquimistas, sólo se transmite de labios a oídos para el Iniciado preparado.
Toda verdadera doctrina cultural tiene que estudiar detenidamente éstos dos árboles, porque el estudio de un árbol con el olvido del otro da un conocimiento incompleto e inútil
¿De qué sirve estudiar el Ser sino conocemos el Arcano A.Z.F., que nos conduce hacia el TAO?
¿De qué sirve practicar el celibato, la abstención sexual sino conocemos los funcionalismos del Ser?
Ambos árboles son del Edén, y hasta comparten sus raíces. Estas son las dos grandes columnas torales de la Logia Blanca:
Sabiduría y Amor.
La Sabiduría es el árbol de la Ciencia del Bien y del Mal; y el Amor es el árbol de la Vida.
En el Egipto se estudiaba a fondo la doctrina de éstos dos árboles, pues fue ahí en las grandes pirámides de los templos gloriosos donde el Maestro Jesús (Jeshua Ben Pandhira) recibió paso a paso sus grandes iniciaciones que lo llevaron a la Coronación sublime.
Esa es la Corona que han recibido todos los grandes iniciados y maestros que han venido por amor a la humanidad. Este es el verdadero Bautismo.
Como el bautismo del Buddha Jesús, ese bautismo tan majestuoso y esa coronación en el Jordán. Allí Juan tenía su templo donde oficiaba para los Iniciados.
En la puerta del templo puso una inscripción que decía: "Se
prohiben las danzas profanas". Juan es un gran maestro de la Logia Blanca. Era
un hombre de mediana estatura y cuando oficiaba se revestía con su regia túnica
sacerdotal. Ya afuera en el desierto en público cubría su cuerpo con una piel de
camello y anunciaba la venida del Mesías.
Grandes fueron los acontecimientos que le deparaba el destino, Juan el Bautista tuvo en su misión el más grande evento además del regreso del Mesías, ser Él quien lo bautizara. En esos instantes tres estrellas resplandecieron intensamente en el cielo del espíritu. La tercera estrella era roja como fuego vivo. Entonces descendió del cielo el espíritu de sabiduría. Ese fuego es el instante supremo.
Entró en Jesús por la glándula pineal. El Padre no entró en esos instantes en el cuerpo de Jesús; solamente asistió en su regio carro de fuego, visible solo para los ojos del espíritu.
Así fue la coronación del Buddha Jesús. Aquella corona tiene tres aspectos:
El anciano de los Días: el Padre.
El Hijo muy amado.
El Espíritu Santo muy sabio.
Esta es la Tríada perfecta dentro de la unidad de la vida.
Esta Tríada más la unidad de la Vida es el Santo Cuatro, los cuatro vientos del mar, el santo misterio del Tetragrammaton, cuya palabra mántrica es: IOD-HE-VAU-HE, el nombre terrible del eterno.
El Anciano de los Días es original en cada hombre, y es
Padre. Hay tantos padres en el cielo como hombres en la Tierra.
Sólo venciendo a la muerte podemos encarnar el Anciano de los Días. Las pruebas del Arcano Trece son más espantosas y terribles que cualquier otra prueba iniciática.
El Arcano Trece es el Anciano de los Días. De allí emana la Divina Pareja que es el Cristo y su virgen esposa.
El espíritu Santo está representada por la paloma, tiene su desdoblamiento femenino, la Divina Madre, que viste túnica blanca y manto azul, es la bendita Diosa Madre del Mundo. Lleva en su mano una lámpara preciosa.
Ese Cristo es el Cristo Cósmico que se manifiesta en todo lo creado y está latente en todo lo existente.