COSMOGONIA GNOSTICA

(publicado en italiano en la revista CONOSCENZA)

 

Intentaremos aquí exponer la doctrina gnóstica representando sus especulaciones sobre Dios y el Génesis del Cosmos y del Hombre, a pesar de la extrema dificultad que entraña traducirla y sintetizarla de forma accesible a la mentalidad contemporánea.

No es suficiente una simple lectura de estas construcciones filosóficas sobre los procesos que han producido el Nacimiento del Universo, para obtener su significado íntimo y profundo. Por ello nos esforzaremos en suministrar los más elementos posibles para su correcta interpretación, con el fin de proporcionar un apoyo útil a la intuición de aquello que las palabras intentan comunicar. El significado profundo que se oculta en este lenguaje especial y en las complejas descripciones puede llegar a ser comprensible solamente mediante el uso de esa facultad humana que es la intuición. En efecto, al querer los gnósticos traducir en lenguaje normal el resultado de sus meditaciones, experiencias e intuiciones, se encontraron en la necesidad de usar términos simbólicos y alegorías, de forma que toda interpretación sucesiva fuese sujeta y proporcionada al desarrollo y maduración espiritual individual. Hay que tener en cuenta, que dos mil años de adoctrinamiento seudo-cristiano y el moderno positivismo nos separan de aquellos nuestros lejanos Padres, por lo que hoy es necesario, para una comprensión no sectaria y perjudicial de sus escritos, retroceder a la mentalidad y al esquema ético-moral de aquella época, para poder ambientarse en su forma de pensar y de ser.

El Pensamiento Gnóstico Antiguo se formula, articula y estructura según sus módulos particulares: donde ellos reconocen la auténtica realidad, nosotros no logramos ver más que abstraciones poéticas e ideales, pero debido a que esos sistemas complejos y elucubraciones audaces pueden parecernos a primera vista fantásticas o absurdas, obedecen siempre a un motivo común y preciso, que no da lugar a un sistema orgánico único y que no rige el mecanismo, la articulación y la finalidad última. De ahí la originalidad y la especificidad de todas esas cosmogonías, un conjunto afín y único, que enlaza la diversidad entre ellas y al final funde las cohesiones y las explicaciones.

Hay que tener siempre en cuenta que en el esoterismo rige desde siempre la ley de la ANALOGIA, por lo que si por ejemplo se habla de tinieblas, es solamente para suscitar una imagen análoga a las tinieblas, y lo mismo sucede con la Luz. Por otro lado, si la Gnosis es el Conocimiento Directo y Experiencia de lo Divino.

GNOSTICO es aquel que "sabe" pero que, imposibilitado de transmitir el resultado de sus íntimas experiencias debido a su inefabilidad, se encuentra por ello obligado a darle el sentido alegórico, pero con la convicción de que podrá resultar incomprensible a la masa de los materialistas aunque podrá ser suficiente para abrir sus infinitas perspectivas de significado a las Mentes Espirituales, es decir a los Verdaderos Gnósticos.

Casi todas esas elucubraciones espléndidas místico-intelectuales de las distintas escuelas gnósticas del pasado deben ser consideradas nada más que como la estructura discursiva de sus experiencias internas acerca de una realidad dinámica, cuyas raíces eluden al intelecto, y que en consecuencia fue presentada bajo la forma de procesos contínuos fisiológico-generativos en el interior, primero del mundo divino y después del mismo gnóstico. Y toda la enseñanza gnóstica sobre la realidad intrínseca, objetiva y absoluta, en su creación integral y el dinamismo de sus procesos, es el enunciado de una doctrina reservada solamente a los neumáticos (espirituales), cuyo origen se remonta al alba del tiempo, que representa la vía cognoscitiva para la experiencia directa de la luz primordial, de la cual un día lejano el neuma (espíritu) se separó para descender, para hundirse en la materia oscura, para al final y mediante modificaciones repetidas y graduales volverse también luminoso.

Nuestra tentativa de sintetizar estos temas tradicionales y fascinantes, con todos sus grandiosos escenarios míticos, quiere ser sobre todo un retorno a las fuentes originales de la Tradición Primordial nunca desaparecida, pero que debió esconderse, ocultarse para sobrevivir en un mundo dominado por falsos ideales, (con religiones de estado y sacerdotes retribuidos como funcionarios, los cuales por estar autoinvestidos de la representación oficial de la Divinidad, habían impuesto su doctrina de dogmas contrarios a la razón).

La genuina enseñanza gnóstica, con sus doctrinas que respetan la Tradición Primordial, puede hoy ser presentada para la meditación y estudio de las mentes abiertas a las llamadas internas y por ello sedimentos de lo infinito y lo absoluto, pero estas doctrinas antiquísimas necesitan hoy vestimentas adaptadas a nuestra época y deben ser por ello, en su exposición, precedidas de advertencias y explicaciones, que hagan posible la mezcla por parte de los neumáticos contemporáneos. El gnosticismo, desde sus fuentes más lejanas, es una actitud, una forma de ser, no simplemente psicológica o puramente intelectual, sino globalmente existencial que implica la vida, el comportamiento, el destino, el ser mismo del gnóstico en su totalidad; y es este factor importante, inseparable de la experiencia, el que encontramos presente y operante en todos los distintos sistemas y en las diferentes escuelas.

Comparando los diferentes textos, finalmente disponibles hoy día, se puede obtener un cuadro unitario, a pesar del estilo deliberadamente alusivo y simbólico, sobre el Gran Misterio del origen del universo y de la humanidad. Las religiones y filosofías exotéricas han formulado en todas las épocas hipótesis y teorías, que no obstante en su inmensa mayoría han representado la imagen inefable de Dios transformándolo en una Entidad de cualidad humana, si no lo han revestido tosca e impropiamente haciéndolo casi objetivo y relativo, mientras Dios, por definición, no puede ser más que subjetivo y absoluto. Los antiguos gnósticos en cambio, transmitiendo el resultado de sus meditaciones e intuiciones, se han esforzado en establecer, naturalmente algunos a su propia forma, un reflejo más o menos claro de la luz pura que se le revelaba, a fin de ofrecer los instrumentos para una revelación que sería de esta forma siempre posible para el que estuviera abierto o receptivo a dicha luz, que siempre quiere actualizarse en el hombre a través de la visión espiritual.

Pero un Dios revelado, ya no es Dios nunca más, por la simple razón de que la divinidad en si debe siempre permanecer inaccesible para lo finito debido a su carácter absoluto y de totalidad. Por lo mismo no puede haber una verdadera creación, en el sentido mecánico y material, en cuanto nada puede estar fuera de Dios; existe en cambio una emanación primordial y jerárquica de los seres, mediante las múltiples modificaciones de la inagotable y superabundante esencia divina, a la que sigue a través de modificaciones ulteriores sucesivas, la transformación final de los seres emanados (que son su esencia), los cuales una vez alcanzada su perfección, se reincorporan a la propia fuente (= Dios/Perfección/Plenitud). En Dios, que es Unidad perfecta, infinita y eterna, están contenidos potencialmente todos los seres y El (= el Ser más allá de los seres) permanece inmutable bajo múltiples y diversas apariencias, que no son otra cosa que las infinitas modificaciones efímeras y temporales de Su esencia, en la sucesión de los ciclos.

Así que lo que nosotros impropiamente llamamos "creación" (= deficiencia o perfección pasiva) es en su estado ideal identificada con la Esencia (= Plenitud y por ello Perfección Activa) y después de haber salido de El (= el Ser Absoluto), después que El pasó en nuestra noche primordial (que para El es Presente Eterno) de la potencia al acto, los seres pasaron a la corriente de las formas cada uno a la búsqueda de una imagen Suya o expresión perfecta de recrear para hacerla viva y así poder manifestar su perfección (= un viaje hacia fuera y una vuelta hacia dentro de El, desde Su ausencia). La verdadera función de todas estas especulaciones aparentemente absurdas aunque fascinantes, es la de transmitir el secreto de la mutación humana, de la deificación individual; existe por lo tanto para cada individuo la opción de comprometerse, contraponiendo resueltamente a las solicitudes de la materia las exigencias del espíritu, o bien dejarlo para otro momento y acomodarse a los límites del condicionamiento evolutivo. En su lenguaje simbólico, y bajo la vestidura de esa trama alegórica aparentemente oscura, ellos desean revelarnos de acuerdo con su ambiente y mentalidad, estados derivados de su experiencia interna.

Todas las teogonías de las diversas escuelas gnósticas son variaciones del mismo tema, puesto que aparte todos los términos técnicos, se trata siempre de la misma Realidad inefable y por ello mismo indecible: el Amor inconmensurable mediante el cual el Dios transcendente y absoluto se hace inmanente, se hace presencia viva en el hombre para aproximar su creación a su Perfección. Para explicar esa Realidad entrevista o intuida, se basaron también sobre libros sagrados del Antiguo y Nuevo Testamento, cuyos sucesos y personajes no eran para ellos más que símbolos y alegorías del drama cósmico; y en la práctica sus textos sobre la Divinidad y el nacimiento del cosmos integran o concluyen, por ejemplo, la simplicidad bíblica, cuya cosmogonía es enriquecida prodigiosamente en profundidad y significado.

Los Maestros gnósticos en efecto (a diferencia de la ortodoxia católica, como del resto de todas las demás religiones exotéricas que pretenden la posesión exclusiva de la única Verdad) tienden a ver toda doctrina, teoría o mito, suyo o de otro, únicamente como una vía más o menos directa, para acercarse a la única Verdad. El gnosticismo en su amplia perspectiva, tendió así a reducir a la unidad todas las teorías y mitos de los distintos pueblos, sincretizando los diferentes componentes culturales y religiosos antiguos de Oriente y Occidente, a fin de darles un sentido nuevo y completo que estuviese en sintonía con la propia época, en una síntesis que conciliase la fe y la razón. Así, mientras el Antiguo Testamento, con su monoteísmo rígido e intransigente, había vaciado de deidades subalternas el mundo espiritual, creando la nada en torno al Dios único, el gnosticismo aportó una corrección restableciendo el Pleroma en toda su magnificencia, totalidad y poder soteriológico.

La Doctrina gnóstica no solo no niega la existencia de una divinidad absoluta, sino que la eleva a un nivel que nadie es capaz de acercarse a ella y dotarla de atributos. Y en efecto incluso la cosmogonía mosaica (vista en la perspectiva indicada aquí) se muestra nada más que como la crónica de la creación del universo por parte de una presunta Divinidad; y YHVH y Elohim no son solo los dos nombres de Dios en sus dos aspectos de transcendencia e inmanencia, sino la simple representación gráfica de las dos fuerzas cósmicas primordiales. Lo mismo sucede con los seudo-personajes que aparecen en las narraciones, que representan también los símbolos que ocultan los distintos estados de consciencia por los que pasa el hombre, como alegoría pura de las relaciones de estos con la Vida en cada instante.

Cuando leemos la Biblia con esta clave esotérica, nos damos cuenta de que en realidad describe (mediante ideogramas figurativos de arquetipos pre-existentes que se desarrollan después en alegorías) el drama de la consciencia en su peregrinaje cósmico, de forma que la creación se nos muestra no solo como un fenómeno exterior al Absoluto, sino como emanando de El (= Su esencia) y ejecutado en El. "El saca de su sustancia todas las individuaciones; las saca de Si mismo porque nada puede existir fuera de El. Y ellas (= las individuaciones) permanecen en El, porque nada puede irse del Todo." Igualmente los días del Génesis bíblico son vistos por los gnósticos como el sucesivo y progresivo revelarse jerárquico piramidal del Espíritu (= Su esencia, Su aliento que mide los ciclos de Su manifestación); es en realidad para toda individuación la génesis de una consciencia que se forma bajo el impulso del Espíritu, que presiona y apremia para hacer viva la Luz. Y la lenta pero progresiva expansión de la Luz es un fenómeno que se realiza incesantemente y por todas partes, desde las cosas inanimadas al hombre y más allá de él, mientras las Tinieblas hacen oposición a su avance (= es la materia que se opone al espíritu porque no quiere ser iluminada). Y de la Luz increada de la Teogonía gnóstica se desarrollan todas las demás teogonías y se llena también de significado el desierto espiritual de las religiones exotéricas, mostrando un Pleroma bajo la forma de repetición en serie del Absoluto Transcendente, que se revela sucesivamente cada vez bajo nuevas formas, pero en cuyo trasfondo ofrece siempre una analogía con el Dios indecible. De esta forma desde esta perspectiva inmensa, florece delante nuestro como una escalinata ascendente, que se pierde en el Absoluto Inefable, por la cual suben y bajan las jerarquías celestiales; una Realidad espiritual saturada de seres luminosos, cuya visión conmueve y exalta. Pero aunque sublimes, las Teogonías y Cosmogonías gnósticas, han sido necesariamente elaboradas por las especulaciones humanas con todos sus límites, por lo que constituyen un velo lanzado por los Doctores gnósticos del pasado sobre la Verdad entrevista o intuida por ellos (= el Verbo de Dios, llamado Logos, que es la expresión primordial espiritual de la Esencia Divina, que después se proyecta por reflejo sobre la existencia espacio/temporal); este proceso ellos lo han mostrado de la forma más sublime que el cerebro humano puede concebir, con el fin preciso de ofrecer un punto básico de salida para la intuición de los gnósticos que pudieran venir después; por eso esas formulaciones alegóricas suyas constituyeron para todos, los presupuestos para una visión espiritual proporcional a la maduración y crecimiento individual.

El doctor gnóstico conocido con el seudónimo de Matgioi escribía, "A pesar de un error lingüístico bastante difuso, una revelación es todo lo contrario de una iluminación: revelar es lo opuesto de desvelar, así como recubrir es lo opuesto de descubrir. Una revelación es una nube colocada sobre la verdad, una nube cuya forma conviene a la estética moral del momento; y para hablar en términos groseros, una ficción adecuada a los sentimientos y a la necesidad del momento en el que se formula; una invención destinada a ser en el futuro negada y sustituida conforme se transforman los sentimientos que la han hecho nacer."

El llamado proceso creativo del universo es una realidad que todos pueden o deben coger y vivir por si y para si, y esta larga introducción a la Cosmogonía gnóstica no quiere ser más que una invitación a profundizar con la meditación el estudio en el tema gnóstico, por ello hay que intentar identificarse con esos procesos, ya que esta Revelación Unica es posible.

En efecto la lenta y sufrida revelación de la Luz/Espíritu en tres planos (= el mental, el psíquico y el físico o material) es un proceso eterno y universal, pero la tiniebla/materia se opone porque no quiere ser iluminada, no quiere ser transformada; y el mismo proceso vale también para el hombre, así pues toda la cosmogonía gnóstica es un mensaje para la purificación y regeneración individual, con el fin de liberar el espíritu/luz ahogado en la tiniebla/materia. Así, los términos y los temas que ellos adoptaron para describir sus fugaces relámpagos de la Luz Pura (= de una Realidad que trasciende toda conceptualidad) son símbolos y alegorías que permanecen incomprensibles, y letra muerta, para aquellos que no acostumbran a filosofar, pero revelan su sentido profundo a aquel que cuando menos, haya comenzado a desarrollar la vida interior (= el neumático, el gnóstico). Y la existencia del cosmos (= manifestación) es un Arcano que no puede ser penetrado especulativamente, en cuanto que toda descripción literal acaba creando un artificio absurdo que se aleja en vez de acercarse a la Realidad; ya que la manifestación cósmica es un acontecimiento que no puede ser fijado en el tiempo y en el espacio (el tiempo y el espacio nacen con la manifestación misma); en verdad la creación y la vida son siempre "hic et nunc" (aquí y ahora) y el drama cósmico es también el drama de todo hombre (= microcosmos o cosmos pequeño). Y el espíritu (= la Luz) que se introduce en el desorden para crear el orden, desciende en la materia (= las Tinieblas exteriores a la Luz) para organizarla, estructurarla, afinarla, ennoblecerla, transmutarla, por lo que toda estas audaces elucubraciones son la trama de un velo que esconde la inefabilidad de su sentido místico y existencial profundo; describen en realidad mediante metáforas, símbolos y alegorías, el drama de la consciencia humana y de su regeneración, porque no quieren ser sino estímulos a la intuición del lector para que los transforme en experiencia directa. la finalidad de todas esas complicadas descripciones y argumentaciones es plantear una visión interior e individual de lo expuesto, como proceso creativo visto desde el exterior, para se convierta finalmente en visión íntima de la inmanencia divina en el interior del hombre: una inmanencia divina que quiere afirmarse en la perspectiva de una regeneración, de un renacimiento, de una mutación alquímica futura, primero solamente del iniciado y después de toda la manifestación. En esta óptica dichos procesos, vistos aquí como evolución hacia la perfección, asumen un interés vital e inmediato, obviamente en la medida en la que cada uno sea capaz de captar el mensaje; y en consecuencia se abrirá y se hará disponible con la mente, el sentimiento y las emociones para que los mismos procesos se realicen en él. El gnosticismo es experiencia interna y todos los gnósticos han tratado de describir mediante símbolos y analogías, aquellas experiencias e intuiciones espirituales que solo la visión interior puede captar.

Las cosmogonías antiguas, que hablan de sucesos cósmicos y divinos, quieren precisamente transmitir y comunicar enseñanzas preciosas acerca de los procesos que se verifican en el interior de nuestra misma sustancia. Aquello que la simbología mística llama proceso creativo en el espacio y en el tiempo, es en verdad el desarrollo interno y omnipresente de un principio/esencia, mediante el cual la Luz Divina atraviesa los mundos, los seres, los espíritus; los atrae hacia si y lentamente pero ineludiblemente los trasforma de magnificencia en magnificencia. La doctrina gnóstica no es ni dogmática ni sectaria como las de las religiones exotéricas, no obstante la síntesis que intentamos hacer aquí revestirá cierto carácter oficial a fin de que los aspirantes a entrar a tomar parte de los Centros Iniciáticos gnósticos puedan meditarla y hacerla propia, con el fin de poder después acceder a una enseñanza más avanzada y profunda, siempre dentro de los límites de la disponibilidad y desarrollo propio. En efecto cada mente tiene la dimensión que le es propia y cada persona tiene el propio campo individual de visión e intuición, en conformidad con la propia maduración espiritual; así cuando el gnóstico llega gradualmente a la consciencia de la Trascendencia que quiere expresarse individualmente en él, produce en cierto modo el nacimiento (= génesis) de un mundo nuevo especial, que es más tarde su mismo mundo a transmutar, transfigurar, en la perfección divina; y cada cosmogonía no hace más que presentar el nacimiento del verdadero y propio mundo del hombre despierto a su esencialidad, del renacido en el espíritu, del gnóstico.

Por: Johannes

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