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La Gran Esfinge |
La
Gran Esfinge de Giza tiene cuerpo de león y cabeza de hombre, llevando el
tocado real nemes. Si bien el antiguo término griego ESFINGE significaba
estrangulador, se ha mencionado que el origen de la palabra sería la frase
egipcia: shesep ankh (imágen viviente), que era un epíteto aplicado a las
esfinges.
El significado del simbolismo de la Esfinge es motivo de algunos debates, más
todos coinciden en que es un Símbolo Solar.
Los
Egipcios no reverenciaron al Sol visible como un dios. El Sol era el ojo de Ra;
es decir el órgano de percepción de la Divinidad y la
manifestación física de la Causa Invisible. La Esfinge refleja en cierto
sentido esa significación: el cuerpo de león simbolizando el poder y la fuerza
de lo espiritual en su forma física; la cabeza de hombre simbolizando la
inteligencia y la conciencia, la participación con lo divino. Como síntesis
artística, la Esfinge es un trabajo de maestría consumada; tan perfecta es la
fusión entre el león y el hombre que parece orgánica.
La Esfinge está excavada de un único montículo de roca viva de 73 m de largo
y 20 m de altura. La cabeza, que tiene una textura diferente del cuerpo y
muestra una erosión mucho menos severa, es un afloramiento natural de una
piedra más dura.
Un relevamiento reciente ha evidenciado tres estratos separados de roca. La
formación extremadamente dura de la cabeza no ha sufrido daños por la exposición
natural. Los severos daños de la cara se deben a que la Esfinge fué utilizada
como blanco por la artillería mameluca en el siglo XVIII. El grueso del cuerpo
está formado por piedra caliza mucho más blanda. Esta parte está conformada
por capas alternadamente blandas y duras, siendo esta la razón de su desgaste
en forma corrugada, con entradas de hasta 60 cm. La base es de una piedra caliza
más dura.
Frente
a la Esfinge podemos observar un templo en un estado ruinoso, es el Templo de la
Esfinge, que sería supuestamente de la IV dinastía, hecho aparentemente de la
misma piedra.
Fué probablemente dedicado al culto de las tres formas del Sol: Khepri por la
mañana, Ra al mediodía y Atum al atardecer. Durante el Reino Nuevo, la Esfinge
fué identificada con Horemakhet (Harmackis, Horus en el horizonte), y un nuevo
templo dedicado a él fué construído al norte del viejo edificio. Curiosamente
Herodoto, quién describió a las pirámides con tanto detalle, no la menciona;
aunque cabe acotar que si no se la mantiene libre de arena, en apenas veinte años
queda cubierto su cuerpo leonino, dejando la cabeza a nivel de la arena.
En muchas ocasiones a lo largo de la historia fué cubierta por las arenas y
luego despejada, siendo la más conocida de dichas instancias la que se halla
registrada en la “Estela del Sueño”, erigida justo frente a ella por
Tutmosis IV (1401-1391 AC), describiendo la promesa hecha a él en un sueño de
que si despejaba la arena que la cubría sería ungido rey.
En uno de los registros menos legibles de este texto, aparecía el nombre de
Kefrén (Khafre) en jeroglífico. Mas el texto asociado a él era ilegible,
habiendo desaparecido enteramente hoy día.
Posteriores excavaciones del Templo del Valle, al sur y contiguo al templo de la
Esfinge y a la misma Esfinge, mostraron una serie de estatuas de Kefrén
incluyendo una en la forma de esfinge. Esto llevó a los estudiosos a atribuir
la Esfinge y su templo a Kefrén, aún a costa de dejar de lado evidencia con
respecto a la mayor antigüedad de la Esfinge .
Sin embargo, una deducción mucho más dramática respecto a la edad de la
Esfinge ha sido formulada por Schwaller de Lubicz, basada en consideraciones
geológicas. Si dichas observaciones pueden ser confirmadas, no solamente la
edad de la Esfinge debería ser revisada sino toda la historia entera de la
evolución de la civilización.
Para comprenderlas se hace necesario efectuar una disgresión. Los escritores
griegos y romanos de la antigüedad, basando sus reseñas en informaciones
recibidas de primera o segunda mano de fuentes egipcias, otorgaban una antigüedad
mucho mayor a la civilización egipcia que la establecida por los egiptólogos.
Estas fuentes egipcias mencionaban antigüedades del orden de los 24.000 a
36.000 años durante los cuales Egipto fué gobernado por los dioses mismos y
por los Shemsu Hor, los compañeros o seguidores de Horus. Más ante la falta de
concreta apoyatura y evidencias los académicos terminaron por atribuir estas
versiones a la fantasía y la leyenda.
Por lo menos uno de estos antiguos relatos puede ocultar un hecho cierto.
Herodoto relata que los sacerdotes le informaron que el sol se puso dos veces
donde actualmente se eleva, y que se elevó dos veces donde actualmente se pone.
Esta aseveración es generalmente descartada como sin sentido. Sin embargo, como
señala Schwaller de Lubicz ella puede hacer referencia a los ciclos
precesionales, por lo que los sacerdotes egipcios referirían su historia a por
lo menos un ciclo y medio, unos 39.000 años. Esto se halla de acuerdo con
antiguos relatos y tablas cronológicas fragmentarias, sin que hubiera hasta
ahora evidencia científica que lo soporte.
Schwaller de Lubicz observó que la severa erosión del cuerpo de la Esfinge no
pude ser el resultado de la acción del viento y la arena, como generalmente se
menciona, sino debida al efecto del agua. Si ello fuera posible deberíamos
concluir que debió ser esculpida antes de que Egipto fuera cubierto por las
aguas, lo que supondría aceptar que, de acuerdo a las teorías históricas
aceptadas, es anterior a las civilizaciones conocidas, y que pertenece a una época
en que el hombre se hallaba en el estadio rudimentario de vivir de la caza y la
pesca.
En 1989, el egiptólogo John A. West se contactó con el Dr. Robert M. Schoch,
un estratígrafo y paleontólogo de la Universidad de Boston, quien quedó
intrigado por estos argumentos y evidencias, no queriendo arriesgar su opinión
hasta no haber examinado el sitio personalmente.
Ambos viajaron para efectuar un relevamiento no oficial. Si bien no pudieron
conseguir permiso para entrar a la Esfinge para estudiar de cerca los detalles
del desgaste, éste es tan considerable y claramente demarcado que Schoch se
convenció que se debía a la acción del agua. Luego de una recorrida por la
planicie de Giza, Schoch coincidió con los siguientes argumentos:
1. Solamente la Esfinge, las paredes de la construcción que la circunda y otras
estructuras relacionadas a ella arquitecturalmente o estilísticamente exhibían
estas características marcas de desgaste por agua. Todo aquello otro que data
del Egipto dinástico ha sido desgastado por el viento y la arena.
2.Las estructuras que muestran el típico desgaste por
viento y arena, que se hallan esparcidas por el área, fueron cortadas de las
mismas capas de roca que la Esfinge misma, y por lo tanto no pueden datar del
mismo período, como creen los egiptólogos.
3.La Esfinge y los templos del Valle han debido ser
construídos en dos etapas teniendo en cuenta los desgastados bloques de piedra
caliza del núcleo ubicados detrás de los de granito.
Si
bien provisionalmente satisfecho con la teoría, Schoch no la podía presentar
al mundo geológico sin haber tenido acceso directo y oficialmente permitido a
la Esfinge. Habiendo obtenido finalmente el permiso, el equipo de investigadores
incluyó, aunque de manera no oficial, a dos geólogos adicionales, un oceanógrafo
y a Thomas L. Dobecki, un geofísico acreditado. Entonces, ya dentro de la
cubierta de la Esfinge se hizo claro que las causantes del profundo desgaste
fueron las fuertes lluvias y no las crecientes ni las aguas surgentes, como en
principio se suponía. Esto también explica la presencia de los mismos perfiles
de desgaste en lugares tales como el Templo Mortuorio situados unos 30 m. más
arriba, en un lugar donde ninguna crecida, por extraordinaria que fuera, podría
llegar.
Los sismógrafos de Dobiecki mostraron perfiles de desgaste debajo de la
superficie y más impresionante aún, revelaron varias cavidades subterráneas
en el área inmediata a la Esfinge, en particular un gran espacio rectangular de
unos 12 por 15 metros, a unos 5m de profundidad, entre las patas de la Esfinge.
Esta cámara ha producido sorpresa en determinados círculos. El famoso psíquico
norteamericano Edgar Cayce ha predicho estando en trance, que entre las patas de
la Esfinge se encontraría la Sala de los Registros, conteniendo la historia del
perdido continente de la Atlántida. Es innecesario remarcar que estas y otras
lecturas inpiradas en trances han producido muy poca impresión en los círculos
de los egiptólogos
académicos. Mas los sismógrafos no operan en trance, y aquí han mostrado una
evidencia que coincide con lo predicho por Cayce, al menos en parte. ¿Qué es
lo que contiene la cámara? Todavía no lo sabemos y el permiso para posteriores
estudios todavía está en espera de ser concedido.
El hecho comprobado de que el desgaste se debe a la acción de fuertes lluvias sólo
puede significar que la Esfinge es mucho más antigua de lo que se supone.
Extensos estudios paleontológicos coinciden en afirmar que Egipto se convirtió
en desierto alrededor del 10.000 A.C. Antes del 15.000 A.C. esta región
así como el resto del norte de Africa fueron una fértil sabana. Coincidiendo
con la irrupción de la última edad glacial, Egipto experimentó un largo período
de fuertes lluvias. Cuando lo peor de dicho período tuvo fin alrededor del
10.000 A.C., Egipto se convirtió en desierto, y siguió siendo desierto desde
entonces, si bien gozó de ciertos períodos de lluvias en los cuales algunas
regiones que hoy son un árido desierto todavía eran verdes. Entre el 10.000 y
el 4000A.C. Egipto fué aumentando su aridez llegando al final de dicho período
a ser lo que es actualmente. En la zona de Giza la precipitación anual es de
alrededor de unos 25 mm. Bajo ninguna circunstancia puede esto producir el
desgaste observado en la Esfinge. Tomando las estimaciones más conservadoras
que permiten los datos combinados, Schoch estimó la talla de la Esfinge como mínimo
en el 5000 al 7000 A.C.
Las culturas neolíticas conocidas de dicha época no han mostrado evidencias de
disponer del tipo de tecnologías necesarias para la realización de la Esfinge
y de los asombrosos templos que están frente a ella.
La noción de una civilización Atlante es ignorada y ridiculizada por los círculos
académicos modernos. Sin embargo, si bien este desprecio puede silenciar y
suprimir buena evidencia, nada hace en cuanto a su negación. Hay una creciente
evidencia proveniente de distintos campos que soporta la antigua y extendida
creencia de que ha existido esta hoy perdida alta civilización, doquiera
pudiera estar ubicada. Dicha evidencia es también congruente con las antiguas
afirmaciones respecto a que dicha civilización desapareció rápidamente bajo
circunstancias catastróficas.
Sucesivas investigaciones llevadas a cabo por Schoch y John A. West, han dado
nuevos apoyos a la teoría desde varios otros puntos de vista.
En Saqqara, a unos 16 km al sur de Giza, se encuentran las tumbas de barro de
los primeros reyes del Egipto dinástico, hallándose estas en condiciones
reconocibles y estables. Estas fueron erigidas alrededor del 3000 AC, unos
quinientos años antes de que la Esfinge fuera
supuestamente construída por Kefrén. Si como afirman algunos egiptólogos para
preservar la datación actual de la Esfinge, hubieran caído suficientes lluvias
para desgastarla a su actual condición inmediatamente después de su construcción,
deberíamos concluir que las mismas lluvias debieran haber caído en Saqqara
dada su inmediata cercanía. Dado que aún la piedra caliza más blanda es mucho
más resistente que el barro, sería lógico concluir que dichas tumbas
de barro debieran haberse disuelto bajo dichas condiciones. Sin embargo ellas
están allí hoy día sin mostrar prácticamente signos de haber sido afectadas
por el agua.
También se hizo necesario investigar la atribución de la Esfinge a Kefrén
bajo una perspectiva diferente. Siempre fué un artículo de fé para los egiptólogos
que la desgastada cara de la Esfinge representaría al faraón Kefrén, si bien
al ojo desnudo no se encuentra semejanza entre ambos. En un artículo del
National Geographic de 1989, el arqueólogo Mark Lehner describió sus intentos
de reconstruir la dañada cara de la Esfinge mediante computadora. La cara
reconstruída guardaba estrecha semejanza con la cara de una estatua de Kefrén.
Más para lograr su reconstrucción, Lehner alimentó a su computadora con datos
provenientes de una de las estatuas de Kefrén, la que en consecuencia,
reprodujo la cara del faraón. Esta fué entonces superpuesta sobre la Esfinge
“probando” de esta forma que la cara de la Esfinge fué la de Kefrén.
Usando el mismo método también habría sido posible “probar” que la cara
de la Esfinge sería la de Diego Maradona. Sin embargo dicho trabajo tuvo una
amplia aceptación y
fué difundido por la prensa.
Para hacer frente a estos resultados, West buscó ayuda de un experto en
reconstrucción y comparación de rostros, el detective Frank Domingo, experto
forense del Departamento de Policía de Nueva York. Domingo viajó a Egipto, y
utilizando las prácticas normalizadas de la policía, reprodujo las caras de la
Esfinge y de Kefrén y las comparó, llegando a la conclusión de que ambas son
totalmente diferentes y nunca pueden haber representado a la misma persona. Dado
que las otras evidencias utilizadas para atribuir la Esfinge a Kefrén son
circunstanciales, quedó en claro que dicha atribución solamente puede
persistir como artículo de fé y no puede ser considerada evidencia científica.
La controversia respecto de la Esfinge ha dado lugar a numerosos artículos, en
especial en la revista norteamericana KMT dedicada especialmente al Antiguo
Egipto. En el número de verano del '94 se publica un artículo del Dr . James
Harrell, profesor y uno de los jefes del Departamento de Geología de la
Universidad de Toledo, Ohio, cuestionando las afirmaciones de West. En el mismo
número se publica la réplica de West donde rebate punto por punto los
cuestionamientos de Harrell.
Recientemente, en un papiro hasta ahora desconocido, el arqueólogo Zahi Hawass,
jefe de excavaciones en el Valle de los Reyes, descubrió un plano que muestra
la existencia de un tunel que recorre el flanco interior izquierdo de la
Esfinge. Estudios con sondas de resonancia magnética confirmaron que el tunel
existía. Según sus afirmaciones, posiblemente el túnel nunca haya sido
violado, ya que su entrada se encontraría intacta.
Según una versión que menciona P. Christian en su “Traité des Mystéres”,
la Esfinge servía de entrada a las sagradas cámaras subterráneas en las
cuales se llevaban a cabo las pruebas de iniciación. Esta entrada que hoy estaría
obstruída por arena y escombros, habría estado cerrada por una puerta de
bronce cuya apertura sólo podía ser operada por los magos. En el vientre de la
Esfinge existirían galerías que llevan a las partes subterráneas de la Gran
Pirámide.
Estas galerías tendrían un trazado tan intrincado que al tratar de recorrerlas
sin la debida guía inevitablemente hacían retornar al punto de partida.
La Esfinge está estrechamente ligada a la leyenda de Edipo, quién resolvió el
enigma propuesto por la misteriosa criatura compuesta por el cuerpo de un león
alado y la cabeza de una mujer, que aparecía en las encrucijadas del camino a
Tebas (en Grecia). A cada viajero que pasaba le formulaba la pregunta: “Cuál
es el animal que en la mañana camina en cuatro pies, al mediodía en dos y al
atardecer en tres pies” Aquellos que no podían responder eran devorados por
la Esfinge. Edipo contestó que era el hombre mismo quién en la infancia
gateaba apoyado en sus manos y pies, en su juventud caminaba erguido en sus dos
pies y que en su vejez lo hacía ayudado por un bastón. Al escuchar la solución
al enigma se dice que la Esfinge se precipitó desde lo alto de una roca para así
perecer.
Habría otra interpretación para dicho enigma, emparentada con una consideración
pitagórica de los números. El 4, el 2 y el 3 suman 9 que es el número atribuído
al Hombre y también a los ciclos de tiempo. El 4 representa el hombre
ignorante, el 2 el hombre intelectual y el 3 el hombre espiritual. La humanidad
infantil camina en cuatro patas, la humanidad evolucionante en dos, y al poder
de su propia mente agrega el iluminado el bastón de su sabiduría.
La Esfinge es por lo tanto el misterio de la Naturaleza, la personificación de la Doctrina Secreta. Pasar la Esfinge es alcanzar la inmortalidad.
Monseñor
Obispo CARLOS HECTOR TULA