Extracto del libro Conciencia Cristo por el V.M. Samael Aun Weor
El objetivo fundamental de nuestros estudios esotéricos es llegar a la Cristificación. Ante todo es necesario comprender lo que es el logos. Arriba son tres aspectos grandiosos: El Padre, el Logos y el Espíritu Santo. Al espíritu Santo también se le llama el Mahachoan en el mundo oriental, o el señor Shiva.
Abajo,
aquí en el mundo de las formas, existen tres aspectos que se compaginar con los
tres de arriba: El soplo, la sangre y el agua. Veamos el sello de Salomón:
Arriba, el Padre, el Hijo y El Espíritu Santo; abajo, el soplo, la sangre y el
agua.
Obviamente
cristificarse es lo grandioso, lo sublime, lo que realmente nosotros anhelamos.
Para llegar a la cristificación, hay que conocer el esoterismo Crístico.
Quienes
piensan que el Cristo es solamente un individuo sagrado llamado Jeshua Ben
Pandira, que se le conoció hace 1976 años y que enseñó la doctrina de los gnósticos,
realmente no han entendido a fondo el misterio Crístico. El Cristo es unidad múltiple
perfecta, eso es obvio.
Existen
tres vestiduras de gloria: El cuerpo glorioso del anciano de los días, que es
el primero y el último de los misterios; segundo, el cuerpo glorioso del logos
íntimo, y tercero, el cuerpo glorioso del revelador, que no es otro más que el
Espíritu Santo. Empero, a estos cuerpos hay que crearlos.
Normalmente
los iniciados poseen los cuerpos astral, mental y causal, los han creado en la
forja de los cíclopes. Pero para cristificarse se necesita algo más: hay que
crear las tres vestiduras de
gloria: La del Padre, la del Logos y la del Revelador, que es el Espíritu
Santo. Sin embargo esas tres vestiduras, en el fondo son del Anciano de los Días,
nosotros tenemos que crear la vestidura
El
Anciano de los Días es el punto dentro del círculo, el gran rostro, el
omnimisericordioso, la misericordia de las misericordias, lo oculto de lo
oculto, la bondad de las bondades.
El
Hijo, el Logos, es uno con el padre, y el que conoce al hijo conoce al padre,
los tres, Padre, Hijo y Espíritu Santo, devienen del gran aliento, para sí
mismo, profundamente ignoto.