LOS TEMPLARIOS

 

Urbano II promovió, en 1095, la formación de un ejercito internacional que acudiría en ayuda de los cristianos de Oriente y rescatara los Santos Lugares del dominio musulmán. Esta sería la primera de una seria de expediciones militares cristianas contra el mundo islámico que se conocerían bajo en nombre de Cruzadas.

No eran guerras de conquista, sino empresas entre místicas y caballerescas que se prolongaron por espacio de más de tres siglos y que propiciaron el establecimiento de lazos culturales y comerciales entre Oriente y Occidente.

Caballeros de la Orden del Temple, fundada en Jerusalén en 1118 con el fin de que sus miembros velasen la seguridad de los peregrinos que iban a los Santos Lugares, fue creada por el Fr. HUGO DE PAYNS.

Financiación y estatus jurídico de las Cruzadas:

La primera Cruzada nació por iniciativa de la Iglesia como una gran peregrinación a Tierra Santa que, dadas las circunstancias tomaba características de expedición militar. Para justificar la jurídicamente, la Iglesia estableció la teoría conocida como “privilegio de la Cruz”, por la que concedía indulgencia plenaria a aquellos caballeros que tomaran parte en la empresa y les garantizaba protección para ellos, sus familias y sus bienes en tanto durara la campaña.

La financiación de las empresas, la Iglesia estableció el pago del Diezmo, es decir, de la décima parte de los beneficios o de las cosechas contenidas, con lo que las Cruzadas proporcionaron grandes ingresos.

Y desde la primera Cruzada, la magnifica oratoria de algunos predicadores, como Pedro el Ermitaño o San Bernardo, había conseguido movilizare grandes masas de población que, atraídas por los privilegios que la Iglesia ofrecía a los cruzados, se lanzaban en peregrinación hacia Tierra Santa, formando ejércitos paralelos que precedían a las tropas regulares (1096), o bien lanzándose a la acción de forma independiente con generalmente, desastrosos resultados, (1320)

La más célebre de esas cruzadas populares fue, sin ligar a dudas, la llamada “Cruzada de los niños”(1212), en la que un elevado numero de niños y jóvenes alemanes y franceses, imbuidos por la predicación de algunos visionarios, fueron llevados hasta Marsella y allí, embarcados hacia Oriente, donde, en su mayoría, fueron vendidos como esclavos.

Luis IX de Francia y el Fin de las CruzadasCaballero Templario

La séptima y octava Cruzada, provocadas por la pérdida de Jesuralén (1224) y Antioquia (1268), respectivamente, fueron dirigidas sin éxito, por Luis IX de Francia, Serian las últimas de las Grandes Cruzadas. Tras él cede de hostilidades (1272), Nicolás IV predico una nueva Cruzada con motivo de la caída de Trípoli; sin embargo, su llamamiento no encontró respuesta entre los monarcas occidentales, más preocupados por detener la expansión del Islam y por consolidar sus propios estados (Guerra de los Cien Años) que por recuperar los Santos Lugares.

Aun así, se convocarían nuevas cruzadas a lo largo de los siglos XIV. XV e incluso XVI (Batalla de Lepanto) ; su ejecución práctica solía estar al cabo de la llamada cruzada permanente, es decir, al cargo de las órdenes militares del TEMPLE o del Hospital de San Juan de Jesuralén , creadas en Tierra Santa para atender civil y militarmente a los peregrinos.

Disuelta el Orden Temple en 1312 por ClementeV, serían los Hospitalarios, instalados en la isla de Malta, quienes continuaron la lucha contra turcos y berberiscos hasta fines del Siglo XVII.

 

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