Los Tres Senderos hacia la Verdad
por M. Hipócrates
Hay
tres Senderos que conducen a la verdad, el primero es el de la Conciencia, el
segundo el de la Naturaleza, y el tercero es el de la Experiencia acumulada por
las generaciones anteriores, que recibimos en la forma de grandes obras maestras
de todas las épocas. Desde tiempos inmemoriales, el hombre y la humanidad han
seguido estos tres senderos.
El
Primer Sendero hacia la verdad, el Sendero de la Conciencia ha sido seguido por
los grandes místicos, consideraban que la conciencia es la realidad más
inmediata a nosotros y que es la clave del universo. Es algo que está en
nosotros y en todas las épocas de la historia, los místicos han descubierto
que las leyes de la conciencia humana contienen un aspecto que no se encuentra
en las leyes que gobiernan el universo material.
Existe
una cierta unidad dinámica en nuestra conciencia en la que uno es al mismo
tiempo muchos. No es posible tener simultáneamente diferentes pensamientos,
ideas, asociaciones, imágenes, memorias e intuiciones que ocupan nuestra
conciencia en fragmentos de minutos o segundos; no obstante, toda esta
multiplicidad constituye una unidad dinámica. Por lo tanto, las leyes de las
matemáticas son válidas para el universo material y una clave para su
comprensión, pero no podrán ser válidas en el campo de la Conciencia, reino
en el que dos y dos no necesariamente son cuatro. Los gnósticos hemos
encontrado que las medidas de espacio, tiempo y peso, universalmente válidas
para todo el universo material, no eran aplicables a la Conciencia, en la que a
veces unos pocos segundos parecen horas o las horas un minuto.
Para
nuestra Conciencia no existe el espacio y por lo tanto no puede ser medida en términos
espaciales. Tiene su propio tiempo, con frecuencia es atemporal, por lo que las
medidas de tiempo no pueden aplicarse a la Verdad alcanzada por este sendero.
Los
gnósticos descubrieron que la Conciencia humana es la realidad más inmediata
para nosotros y al mismo tiempo la Fuente de Energía, de Armonía y de
Conocimiento. El Sendero hacia la verdad que conduce a través de la conciencia
ha producido las grandes enseñanzas para la humanidad y las grandes obras
maestras en todas las épocas. Por desgracia, las enseñanzas de los grandes
maestros frecuentemente pierden su vitalidad con el paso de las generaciones,
son modificadas, distorsionadas y convertidas en dogmas. Sus valores son
petrificados en instituciones y jerarquías organizadas. Las instituciones puras
son ahogadas por las arenas del tiempo, el egoismo, el orgullo místico y la
materialidad del poder económico; por ello deberán ser desenterradas por los
Buscadores de la Verdad, capaces de penetrar su Esencia Universal.
Otro
peligro es el de que las personas que transitan por este Sendero hacia la verdad
-el Sendero de la Conciencia- pueden caer en exageraciones, llegan a creer que
es el único sendero hacia la verdad y menosprecian todos los demás.
Frecuentemente el místico se crea un universo artificial, alejado de la
realidad, hasta que termina viviendo en una torre de marfil perdido con todo
contacto con la realidad y con la vida.
El
Segundo de los tres Senderos es el de la Naturaleza. Mientras el Primer Sendero
comienza en el interior y de ahí penetra en la totalidad de las cosas, el
segundo toma el camino opuesto. El punto de partida es el mundo exterior. Es el
sendero del científico y ha sido seguido en todos los tiempos a través de la
experiencia y del experimento y del uso de los métodos deductivo e inductivo.
El científico, al trabajar con medidas cuantitativas exactas, mide todo en el
espacio y en el tiempo, y hace todas las correlaciones posibles.
Con
el telescopio penetra en el remoto espacio cósmico y en los diferentes sistemas
solares y galácticos; por medio del espectro mide los elementos constitutivos
de los planetas en el espacio cósmico, y por medio de los cálculos matemáticos
determina por anticipado los movimientos de los cuerpos celestes. Al aplicar la
ley de causa y efecto, el científico establece una larga cadena de causas y
efectos que le ayudan a explicar y a medir el universo y la vida.
Pero
el científico, como el místico, algunas veces cae en exageraciones. Mientras
la ciencia ha transformado la vívida humanidad y ha creado grandes valores para
el hombre en todas las épocas, no ha podido encontrar una solución
satisfactoria a los problemas finales de la existencia, de la vida y del
universo. El científico tiene la larga cadena de causas y efectos asegurada en
sus eslabones, pero no tiene idea de qué hacer con el extremo de la cadena. No
tiene un lugar sólido para fijar el extremo de la cadena y así, en el sendero
hacia la verdad a través de la naturaleza y del universo material, es incapaz
de dar respuesta a las grandes y eternas preguntas relativas al principio y al
fin de las cosas.
Los
científicos más grandes reconocen que en el campo metafísico, más allá de
la cadena científica, hay algo que continúa a partir del extremo de la cadena.
No obstante, están también los científicos dogmáticos que niegan todo otro
acceso a la verdad que el suyo y que rehúsan atribuir realidad a los hechos y
fenómenos que no encajen en sus categorías y clasificaciones.
El
sendero hacia la Verdad a través de la Naturaleza, no es el del científico
dogmático, así como el primer sendero no es el del místico unilateral. La
Naturaleza es un gran libro abierto en el que todo puede encontrarse, si
aprendemos a extraer de él la inspiración que ha producido a los grandes
pensadores de todos los tiempos y de todas las épocas. Si aprendemos su
lenguaje la naturaleza nos revelará las leyes de la vida y del universo.
Es
esta la razón por la que los grandes maestros de la humanidad de tiempo en
tiempo se retiraron a la Naturaleza: Zaratustra y Moisés a la montaña, Buda al
bosque, Jesús y los Esenios al desierto, y siguieron así el segundo sendero al
igual que el de la Conciencia. Ambos Senderos no se contradicen, sino que se
complementan armoniosamente en el pleno conocimiento de las leyes de ambos. Fue
así como los grandes maestros alcanzaron verdades maravillosas y profundísimas
que han sido la inspiración para millones de personas durante miles de años.
El
Tercer Sendero hacia la Verdad, el de la Sabiduría, del Conocimiento y la
Experiencia adquiridos por los grandes pensadores de todas las épocas y
transmitidos a nosotros en forma de grandes enseñanzas, grandes libros sagrados
o escrituras y las grandes obras maestras de la literatura universal, que juntos
forman lo que hoy llamamos la cultura universal. En resumen, nuestro acceso a la
verdad es triple: a través de la Conciencia, de la Naturaleza y de la Cultura.
En
los capítulos siguientes seguiremos el triple sendero que conduce a la verdad y
traduciremos algunas de las reglas de las grandes escrituras sagradas de los
esenios.
Hay
diferentes maneras de estudiar los grandes escritos: Una –la de los teólogos
y de las iglesias organizadas- es la de considerar cada texto literalmente. Esta
es la forma dogmática que es el resultado de la petrificación por el que las
verdades son inevitablemente transformadas en dogmas.
Cuando
el teólogo sigue este sendero tan fácil pero unilateral, tropieza con
infinitas contradicciones y complicaciones, y llega a conclusiones tan alejadas
de la verdad como las del intérprete científico de estos textos que los
rechaza como absolutamente inútiles y sin validez. Los enfoques del teólogo
dogmático y del científico exclusivista representan los dos extremos.
Un
tercer error es creer, como hacen ciertos simbolistas, que estos libros no
poseen más que un contenido simbólico y no son más que parábolas. Con su
manera particular de formular exageraciones hacen miles de diferentes y
contradictorias interpretaciones de los grandes textos. El espíritu de la
tradición esenia es opuesto a estas maneras de interpretar los escritos eternos
y adoptar una posición completamente diferente.
El
Método Esenio de interpretación de estos Libros Sagrados es, por un lado,
ponerlos en correlación armoniosa con las leyes de la Conciencia Humana y de la
Naturaleza, y, por el otro, considerar los hechos y las circunstancias de la época
y del ambiente en que fueron escritos. Este Método toma también en cuenta el
grado de evolución y de comprensión de aquellos a quienes el maestro
particular dirigía su mensaje.
Como
todos los grandes maestros se vieron precisados a adaptar sus enseñanzas al
nivel de su audiencia, encontraron necesario formular una enseñanza tanto esotérica
como exotérica. El mensaje exotérico fue comprensible para las personas en
general y fue expresado en términos de reglas, formas y ritos diversos que
correspondían a las necesidades básicas de las personas y a la época en
cuestión. Paralelamente, las enseñanzas esotéricas han sobrevivido a través
del tiempo en parte como tradiciones escritas y en parte como tradiciones no
escritas, libres de forma, de rito, de reglas y de dogmas, y que en todas las épocas
han sido mantenidas vivas y practicadas por una pequeña minoría.