Los artistas (y dentro de ellos los poetas) han tenido a lo largo de la historia de la humanidad, la misión de ayudarnos a entender y comunicar los sentimientos de quienes -a pesar del dicho aquel del "músico, poeta y loco"-, carecemos de la capacidad de exteriorizar nuestras alegrías y pesares.

Esta relación entre creadores y público, ha sido mutuamente enriquecedora, ya que por un lado ellos (creadores) retratan vivencias que coinciden con las de muchos de nosotros (público), creando un lazo de identificación plena a nivel de comunión de almas, ya que los artistas tienen la palabra que nos falta para explicar algo, la imagen que describe lo que sentimos y la pieza musical que nos permite elevar el espíritu.

En ese sentido, la poesía de Araceli (y ella misma por su puesto), cumple fielmente con la misión que a lo largo de la historia de la humanidad han tenido los artistas. Cuando uno lee "El hueco de mi mano", no puede menos que identificarse con la persona llena de amor, que describe todo y cuanto cabe en el hueco de su mano, pero que invariable e irremediablemente, le dice a la persona amada que tiene su espacio ahi guardado, si le ama.

Cito a ustedes tres poemas de Araceli Collazo: Escenas...como de película vieja, El hueco de mi mano y Era el amor. Deseo de todo corazón, que como a mí, les encanten.

Gerardo Daniel Juárez Mtz.



ESCENAS... COMO DE PELICULA VIEJA.

Araceli Collazo


Escenas, como de película vieja.
El día concluye con la más fuerte de ellas.
Negro y blanco,
color ya extinguido,
amenazando con desaparecer
te conviertes en piedra.
Mientras la luz de la lámpara
con tu presencia se petrifica,
tú te recargas sobre una esquina
con tanta paciencia.
Escenas, sugerencias irónicas,
mientras mi mano se extiende
con lentitud hacia afuera.
Tú y yo nos fundimos
sobreviviendo un momento;
escribiendo al despedirte
garabatos sobre el viento.
Es difícil vivir sobre ideas,
ideas erróneas que no dejan huella.
Te dí mi voz, mi calma, mi tiempo.
Para tí no tiene sentido
todo esto que estoy diciendo.

Brilla tu luz
y sin esperarlo, te quedas una vez más
tocándome así hasta lo más profundo del
alma y el pensamiento, mientras rompemos todas las reglas.
Hablamos de cosas, secretos,
deseos, sueños nuevos,
sueños perdidos, sueños enfermos, sueños
viejos...


Amanece, te busco entre las sombras:
no ha quedado de tí
ni el polvo de tus pies descalzos.
En blanco y negro.
Escenas,
como de película vieja.


Tomado de:

Collazo, Araceli (1997) Escenas...como de película vieja. Sacramento: Tree House Publications.



EL HUECO DE MI MANO

Araceli Collazo

En el hueco de mi mano
tengo guardada una palabra.

Pero el hueco de mi mano es tan profundo
que cabe más que ésta única palabra.

Cabe el sonido de la lluvia
jugueteando sobre el techo de mi calma.

Cabe el olor de tus labios empapados
y el reflejo de tus ganas.

Cabe el sentir de mis dedos
recorriendo los caminos de tu espalda.

Cabe la luna, cabe tu nombre
cabe tu esencia blanca.

Cabe la humedad de tus rizos,
dormidos sobre mi almohada.

Cabe el corazón doliente, el alma abierta
cabe esta inquieta esperanza.

Cabe el interior de una ciudad callada
buscando un mañana.

Caben mis ganas de estar lejos
de esta casa desolada.

Pero el hueco de mi mano es tan profundo,
que cabes tú mismo, si te quedas y me amas.


Tomado de:
Ventana Abierta - Revista Latina
University of California
Center for Chicano Studies
Vol. 2 Num. 8
Primavera del 2000



ERA EL AMOR

Araceli Collazo

Era el azul de las aguas
Era la flor de las nubes
Era la mar con sus alas
Era un domingo sin lunes

Era el sonar de violines
Era el color de las aves
Era el rocío de otoño
Era el verano de andares

Era la voz que me hablaba
Era el cantar de mis aguas
Era el amor que sembraba
Era él la tierra más fértil

Era la paz que escapaba
Era el tormento nocturno
Era la tierra que ardía
Era el jardín sin sus flores


Era la hierba encendida
Era la luz apagada
Era el sabor de los labios
Era la piel serenada

Era la miel derramada
Era el juego de lunas
Era el recuerdo divino
Era la voz del mañana

Era el temor que dormía
Era el calor apagado
Era la noche perpetua
Era tu ser... olvidado


Tomado de:
Ventana Abierta - Revista Latina
University of California
Center of Chicano Studies
Vol. 1 Num. 3
Otoño de 1997



 

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