Oval
“No puede haber ninguna revolución en la música,
excepto en el contexto de la sociedad informativa como totalidad.
El
sabotaje es la única cosa que queda para presentar una actitud crítica”
Markus
Popp
Decir
que la música electrónica alemana siempre se ha ubicado a la vanguardia
internacional no es algo novedoso, pero resaltar la ductilidad y
originalidad de sus ideas deviene, por lo menos, una cita obligada. En la
primera instancia, Kraftwerk no sólo entregó al techno una forma, sino
que resolvió el problema de su cotidianeidad (Autobahn, “Ohm, Sweet
Ohm”, Trans-Europe Express). Después, mientras algunos grupos ingleses
planificaban un discurso artie de la alienación (Throbbing Gristle,
Cabaret Voltaire) y otros se centraban en el proceso de consumo (Soft
Cell, Human League), la propuesta de los grupos alemanes resultó ser de
un carácter mucho más desenfadado, resuelto a experimentar con cualquier
clase de material (para comprobarlo, basta con escuchar el humor
irreverente del primer Der Plan, o al granadino Gaby Delgado -DAF-
cantando en castellano “Y la gracia” encima de lacerantes ritmos
programados).
Se
me ocurre que la aparición del grupo alemán Oval puede provocar un grado
similar de comparaciones en el contexto musical contemporáneo. En
momentos en que la tecnología se ha incorporado como un aspecto esencial
de la vida cotidiana, daría la impresión de que binomios ingleses como
Black Dog , Autechre y FSOL componen música con el mismo placer con que
se sientan a encender su MODEM o COREL DRAW; para ellos, la electrónica
forma parte constitutiva de un todo absorbente donde -acorde a Hebert
Marcuse en su One-Dimensional Man- se funden indistintamente el arte, el
trabajo uy el placer. La música de Oval, en cambio, permite disfrutar del
déficit de esa integración; superando la íntima relación proteica
entre monitor y apéndice nasal, se convierten en el primer grupo
auto-conciente de la era digital.
“La música es un buen medio para transportar nuestras ideas.
Nos gusta tener nuestro material para poder penetrar dentro
de un discurso digital en el que podamos
intercambiar
opiniones y puntos de vista.”
Markus
Popp
Tras
un disco con canciones armadas de retazos tecnológicos -Wohnton (1993)-
en sonde se advierten las huellas del Der Plan de Pyrolator, el trío
Markus Popp - Sebastian Oschatz - Frank Metzger halla su definitiva fórmula
con Systemisch (1994): insertando la imprevisivilidad y la incongruencia
sonora sobre un contexto básicamente uniforme, logran alejar el interés
por su trabajo hasta un área completamente extra-musical. Al escuchar
atentamente “Do While” (la suite electrónica de 94 Diskont) o la
totalidad de Systemisch (con títulos tan referenciales como “Compact
Disc” o “The Politics Of Digital Audio”) resulta claro que todo el
arsenal de recursos con que modelan su música (sonidos de CDs tildados, o
pintados, o skipping, etc.) trata de atraer la atención del oyente hacia
el acto de reproducción musical (hacia su medio de escuchar música), de
recordarle que en lugar de sus primitivos aparatos automáticos -pasivos-
hoy se ubica un aparato reproductor digital; programable, pero con
motivaciones propias (y en este sentido, la función
random es una clara respuesta de esa desapercibida capacidad
volitiva). Un paso mas allá, Oval expande la tecnología como campo
auto-referencial para su música.
¿Meta-lenguaje
de la electrónica?: no, un lenguaje articulado por d
El
trío alemán alerta sobre la voluntad de la máquinas pero -dado que
comunica a través de sus fallas- también nos pone al tanto de su
imperfección. Porque el sonido de Oval empieza y termina en un CD
tildado.
Jorge
Luis Fernández
(Extraído del número 10 de la revista Esculpiendo Milagros, Buenos Aires, enero-febrero 1996)