Nueva Electrónica  

 

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  "El día de mañana, con la música electrónica,

escucharemos el sonido de la libertad"

John Cage, "New Music, New Dance", 1939.

 

La frase de John Cage puede ser interpretada, al menos, de dos modos. Si entendemos a la libertad como la capacidad creciente de efectuar elecciones, basadas en el conocimiento (control) de nuestras acciones y sus consecuencias, la música electrónica, el "sonido de la libertad", es el lugar de las posibilidades infinitas, el momento donde realmente podemos controlar el sonido, sintetizarlo, definirlo, ordenarlo. La otra interpretación posible implica pensar que el orden no produce, reproduce. Y que sólo el caos, el accidente, al reconfigurar al alterar el orden y transformarlo, crea. Accidente impensable sin una organización a alterar. Por lo tanto, el sonido de la libertad sólo es posible tratando de cercar al máximo el límite mismo de la lógica que pone en juego la tecnología empleada en la música electrónica.  

Empecemos por el final.  Intentemos definir a la música electrónica a través de su límite, la "electrónica musical". Entendiendo a la misma como la operación (y en algunos casos construcción) de dispositivos electrónicos que producen un rango de frecuencias audibles por el oído humano. Esta definición recubriría a toda la música electrónica existente.

Pero esto poco nos dice de la diversidad y complejidad de la música electrónica actual. Nos vemos obligados a complejizar nuestro análisis estableciendo otra serie de demarcaciones del campo. Sería posible delimitar tres grandes contextos culturales donde la música electrónica se inscribe: el rock, la música "académica", la cultura de baile. Más que una unidad de la música electrónica como "género", podríamos pensar en modalidades específicas de desplazamientos transculturales y en el límite de la "electrónica musical" como factores que relacionarían la diversidad de acontecimientos culturales agrupados bajo el rótulo "música electrónica" (desde Stockhausen al Jungle pasando por Kraftwerk y Oval).

Estas modalidades específicas de desplazamientos culturales tal vez sea la característica que más interesante hace a la música electrónica actual. Bajo esta dinámica, los contextos culturales comienzan a ser imposibles de formalizar y la red conceptual se complejiza al punto de encontrar permanentes permeabilidades. La música electrónica construida desde el rock emplea procedimientos de la música electrónica de baile y/o la música electrónica académica y viceversa. Lo que permite al que escucha ir recorriendo las diferentes conexiones preexistentes, estableciendo nuevas, y desplazándose de la cultura de baile al rock y de éste a la música académica y viceversa.

En este dossier, elegimos centrarnos en la música electrónica producida desde el rock. Es en este contexto que el grupo alemán Kraftwerk, surgido a principios de los '70, puede ser considerado como el hito fundacional. Kraftwerk construye una estética de la pureza mecánica. Traducción sonora de los ideales progresistas de la modernidad, la electrónica de los '70 inventa un futurismo pacífico. Alejado de la violencia destructora del Marinetti de principios de siglo.

La nueva electrónica, en cambio, parece encontrar en las discontinuidades inherentes a todo sistema su disparador. Construye estéticas del desvío, estudios de la asistematicidad de la estructura. Intento de cercar el lugar donde la técnica siempre falla, en tanto es esa falla la que la pone en movimiento. Al incluir lo accidental, lo antagónico a la estructura misma del imperialismo del discurso tecnológico que, paradójicamente, funda la posibilidad de que la tecnología exista, la nueva música electrónica no propone su integración como un elemento más del "espacio técnico" donde la música electrónica "sucedería". Lejos de intentar colocar al accidente como complemento, como cierre del cerco que el control establece sobre el sonido, el accidente emerge como una especie de abertura inmanente a lo impredecible, capaz de resignificar a los demás elementos.

 

Franco Ingrassia

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[publicado en la revista planeta-x, nro. 8, 1999]