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La
cultura en Puerto Plata fue más que en cualquier otro lugar del
país, un estilo de vida. Hubo hombres, como Eduardo Brito, que sin
saber leer y escribir, eran capaces de cantar Rigoletto, y de hacerlo
excepcionalmente bien; y, luego, de autoeducarse hasta llegara sorprender
en las naciones más desarrolladas y cultas.

El
ambiente de libertad, de circulación de personas con opiniones distintas,
de trovadores, poetas, pintores, comerciantes y aventureros que
fijaron allí residencia, hizo que este pueblo fuera realmente "encantado".
La
riqueza guarda en sus monumentos históricos, en sus casas victorianas,
en sus costumbres trasnochadoras y bohemias, en sus gestas patrióticas
y en el carácter de la gente, hicieron parte del milagro en menor
tiempo que en cualquier otro lugar del mundo. Ayudaron tanto como
pudieron hacerlo la belleza de sus playas y las inversiones realizadas.
En
Puerto Plata muchos de los munícipes más importantes no nacieron
en el pueblo, como fueron los casos de José Dubeau y Mary Lithgow.
Pero se quedaron allí toda la vida y en ese pueblo dejaron fijada
su residencia eterna. Otros, trashumantes, como Colson y Brito,
anduvieron por el mundo y regresaron a descansar para siempre en
la tierra que les vio nacer para disfrutar, por toda una eternidad
de sus encantos.
El
Puerto Plata de las logias masónicas, de orfelos, de los clubes
de Comercio, Fe en el Povernir, Club de Damas, Renovación, Unión
Puertoplateña, Puerto Plata Tenis Club, ese pueblo preparó el ambiente
que luego sirvió de base a la actual sociedad que ahora los ve morir
abatidos por el comején y el olvido.
La
sociedad local vive profundas transformaciones fruto del choque
con otras culturas, y aunque ese encuentro siempre estuvo presente
en la historia local y enriqueció la cultura auttócton, nunca fue
tan masivo y permitía ir integrando, controlada y sabiamente, elementos
llegados de otras latitudes.
El
puertoplateño de hoy, que tiene la suerte de vivir en la ciudad
de cultura más interesante del país, tiene el reto de recibir, como
siempre lo recibimos, al mundo y conquistarlo, sin permitir que
nos invada y avasalle.
Tiene
la obligación de continuar enriqueciendo la cultura local, con los
aportes que nos llegan, pero sin permitir que se destruya la basxe
que nos define y caracteriza. Y, un día, cuando un puertoplateño
esté en posición de hace4rlo, tenemos que reconstruir la ciudad
por quinta vez porque ya en la década del 70 hubo una cuarta, porque
la actual generación, no cuida la historia de la que es legataria,
que viene siendo corroída por la polilla y el olvido.
* Datos tomados del Libro: Puerto Plata
letras, colores y sonidos, autor Lic. Angel Lockward
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