Aquí
encontrarás historias de la vida real, narradas no tanto tal como
sucedieron, sino más bien tal como dejaron huella en mi conciencia.
Son retratos de mi experiencia humana que transcribo en textos, a semejanza
de ese libro fragmentado que constituye la vida y que tenemos que recorrer
sin índices que señalen el orden de los capítulos.
Poco a poco vamos entendiendo la gran novela, cuya trama se nos revelará
en el párrafo final, que nunca acabaremos de leer. Porque es entonces
cuando el Autor nos acurrucará en su ventrículo derecho,
para que la sangre que ha urdido la Gran Escritura corra por nuestras mismas
venas de artistas de la existencia.
En estos testimonios
no maquillaré las grandezas y miserias de los protagonistas, ni
siquiera las mías propias. Se puede dar testimonio de las victorias
y de las derrotas propias, pues la misma lucha es el mejor testimonio
de un hombre. Más aún, de manera misteriosa los hombres caídos
son objeto necesario de la ternura divina, a cuyo lado la ternura humana
es un bosquejo miserable. Un hombre envilecido no puede causar en mí
más que una gran admiración, contemplando la altura de la
cual ha caído y a la que todavía está llamado. Se
crea una enorme distancia recorrida por el infinito amor de Dios.
Si te repelen
los detalles crudos de la realidad, no leas algunos de estos testimonios.
No quiero edulcorar los aspectos desagradables y malsonantes de esas historias,
pues entonces perderían toda su mordiente. Toma los relatos tal
como están, sorpréndete de las cosas inauditas que ocurren
en nuestro presente en el Perú y atrévete a vivir la paradoja
de que la auténtica rebelión contra lo establecido se da
en el regreso a los valores morales humanos más tradicionales. Hoy
en día, se considera de muy mal gusto defender los detalles en que
se plasma la dignidad humana, y la palabra "tolerancia" se ha convertido
en la excusa para las peores degradaciones de la persona humana.