EL PORNÓGRAFO


Los nombres de las  personas  han sido cambiados. Cualquier coincidencia con la realidad es inevitable.

Esto sucedió en una casa de estudios superiores. Como institución a la zaga de los últimos adelantos tecnológicos, cuenta también con una red informática, que permite a profesores, alumnos, cuerpo administrativo y cualquiera que tenga un vínculo con la institución estar intercomunicado. La salida a Internet constituye uno de los beneficios disponibles, muy necesario para estar actualizado y para conseguir información que contribuya a los estudios. Pero este recurso también es utilizado por muchos alumnos para acceder a páginas web pornográficas. Existe también un intercambio de este tipo de material vía e-mail entre algunos compañeros de estudio.

Teodoro era ajeno a este tipo de comunicación, hasta que un día se vio involucrado, cuando recibió un mail de un compañero de estudios, aficionado al fútbol y promotor de los partidos de este deporte dentro de la escuela. Decía que, a pesar de que su equipo había perdido dentro del campeonato, nadie se opondría a formar un equipo con las siguientes personas. Adjuntos al mail había diez archivos en formato JPEG. No eran otra cosa que fotografías de mujeres dentro de un campo de fútbol, con accesorios propios del deporte, en poses y actitudes pornográficas.

Teodoro pensó, en primer lugar, que había recibido el mail por error. Pero lo más probable era que se tratara de una provocación, pues su condición de católico declarado era conocida públicamente en la escuela. Él no era el único que había recibido este mail. Su dirección aparecía dentro de una lista de destinatarios, los cuales a su vez podrían incluirlo posteriormente en su lista de personas a las que desearan enviar material pornográfico. Este hecho requería de una respuesta rápida y fuerte. Le envió el siguiente mensaje a su compañero, a quien de aquí en adelante llamaremos Porky, con copia a todos los destinatarios de la lista.
 

 
Estimado amigo:

No sé dónde has podido conseguir fotografías tan íntimas. ¿Son miembros de tu familia? ¿Es tal vez un equipo de primas tuyas?

Ciertamente las chicas son bonitas. Lamentablemente no son higiénicas, lo cual revela falta de cultura y educación. Meter la cara o el dedo en determinadas partes, sin considerar el mal olor que despiden, es propio de animales o personas que se les asemejan. Tal vez no hayan aprobado el kindergarten, que es donde se enseñan las normas de aseo personal. ¿Son calabacitas? ¿Crees tú que tal equipo pueda ganar un partido?

A mi mujer tampoco le han gustado las fotos del equipo. Lo ha tomado casi como una ofensa personal. ¿Así quiere ver ese de tu grupo a las mujeres? ¿Por qué miércoles no le pide a su madre o a su hermana que formen parte del equipo? He intentado convencerla de que no ha sido hecho con mala intención, de que no se trata de la acción de un depravado, sino de alguien que no ha madurado desde que abandonó la secundaria y que lo toma a broma, sin darse cuenta de lo que ello significa.

Mi querido amigo: El desnudo bien proporcionado es bello, si en esa belleza refleja la armonía y deja entrever la riqueza que encierra un ser humano. El desnudo femenino es hermoso, siempre y cuando despierte en uno a la vez la admiración y el respeto por la mujer. Si, en cambio, el desnudo nos invita a considerar a la mujer como una prostituta, o como un objeto de placer, ¿que queda de la belleza? ¿Qué pensaría una mujer de alguien que sólo tiene en mente meterle la pinga por la chucha, o por donde sea? ¿No lo despreciaría en lo más hondo? A no ser que esa mujer ya se haya degradado primero a sí misma, en cuyo caso ya no le importaría hacer lo que sea, sea por el dinero o por desprecio a sí misma. Las mujeres normales quieren de un hombre mucho más que su pinga. Por lo tanto, querido amigo, te recomiendo desarrollar otras facetas de tu personalidad.

Un afectuoso saludo,

Teodoro

 P.D. Saludos también para tus familiares.

NOTA FINAL: Te sugiero que también pienses en la explotación de personas, comercio de niños y jóvenes, sadismo y violencia, que se esconden detrás del negocio de la pornografía. No es como para tomarlo a broma.

La reacción de Porky fue furibunda. He aquí un resumen de sus respuestas: «¿Quién te crees que eres, imbécil? ¿No tienes nada que decirme? ¿Por qué no me hablas directamente como hombre, idiota? Te crees que sabes mucho, pero eres un católico de pacotilla. Los otros miembros de la promoción ya sabes quién eres: un hipócrita, un estúpido que se cree el dueño de la verdad, tarado, basura humana, etc., etc., etc.»

Algo así fue lo que le dijo. También pronunció otras palabras de tinte local e intenso contenido agresivo, de reproducción muy frecuente en las letrinas públicas, que no encuentro conveniente incluir en este escrito.

El conflicto comenzaba a correr de boca en boca. Teodoro decidió, pues, que, ya que no se podía evitar que los incidentes se conocieran en el ámbito público, era conveniente mandar un mail a todos los alumnos de la promoción, explicando cuál era su posición y los motivos de su reacción. El texto recibió el título de:
 

MENSAJE DE UN CATÓLICO DE PACOTILLA
 
Estimados compañeros:

Les escribo la presente para aclarar algunos mensajes del correo electrónico que han dado últimamente mucho que hablar.

Un compañero de nuestra promoción, cuyo nombre por respeto no voy a mencionar, me envió un supuestamente gracioso mensaje referente a un equipo de fútbol, donde se incluían fotografías de mujeres en poses explícitamente pornográficas.

Me pareció algo de muy mal gusto, y especialmente ofensivo contra la dignidad de las mujeres. Más aún cuando las personas que más amo, que son mi esposa y mi hija, son representantes del sexo femenino.

Le envié como respuesta a este compañero un mail bastante crudo, utilizando en alguna partes lenguaje de hombres, siendo sumamente directo y expresivo en otras. He de reconocer que en algunos momentos he sido excesivamente agresivo, y quizás no haya sido ésta la mejor manera de decir lo que tenía que decir. Por lo cual le pido a este compañero públicamente disculpas, ya que las disculpas personales no me las quiere aceptar, puesto que no me puede dirigir la palabra sin darme algún sobrenombre o alias, y duda de mis buenas intenciones.

Lo que no puedo hacer es pedir disculpas de pensar según ciertos principios.

Aquel que haya investigado todo lo que está detrás del mundo de la pornografía o las consecuencias que trae, no debería tomar en broma cosas que afectan y dañan seriamente a las personas. En vistas a la producción del material pornográfico (llámese fotos o videos), existen una enorme cantidad de actividades vinculadas al delito y a la degradación de las personas: comercio (compra/venta) de jóvenes de ambos sexos (con preferencia por el femenino), secuestro de menores, sometimiento de personas a condiciones esclavizantes y degradantes de trabajo, amenazas de muerte (en caso de querer dejar el negocio). Muchas mafias del narcotráfico se valen de la pornografía para lavado de dinero. También se recurre mucho a la corrupción de menores.

En los Estados Unidos muchos psicólogos están llamando la atención sobre los efectos adictivos de la pornografía en muchas personas, calificadas ahora como "sexadictas". El actor Michael Douglas pasó hace un par de años por un tratamiento curativo, pues una tendencia compulsiva hacia la práctica del sexo le estaba destrozando su matrimonio y la vida en general. Bondy, el asesino múltiple y violador de mujeres, relató en una entrevista antes de su ejecución cómo la pornografía lo había llevado a la búsqueda de sensaciones cada vez fuertes en la vida real, junto con un desprecio por la vida de las personas, que eran reducidas a ser un cuerpo que, luego de haber sido objeto de gozo, podía ser desechado (asesinado).

Ciertamente se trata de una adicción psicológica, en que la persona necesita cada vez más frecuentemente de dosis de pornografía, y va perdiendo el control de sus impulsos. Tengamos en cuenta que algunas drogas, como la marihuana, no crean adicción física sino psicológica. Pero no por ello dejan de ser combatidas.

Resulta paradójico que mientras se hace una campaña para combatir el consumo de drogas, no se hace lo mismo con la pornografía. Nuestra sociedad todavía no ha dejado el primitivismo en muchas áreas de su existencia, y ofrece este material de manera legal a quien quiera adquirirlo. El argumento recurrente es el de la libertad de expresión. Se cree que la pornografía puede ser contenida dentro de ciertos límites, ciertos recintos, ciertas áreas, sin que perjudique a los que no quieran usar de ella. Pero ¿cuándo se ha visto que un cáncer no amenace a los tejidos sanos? El mal es expansivo. La pornografía tiende a salirse de sus límites y puede llegar a nuestros hijos menores, a las personas que no quieren tener contacto con ella, si se permite que tenga derecho de ciudadanía en nuestra sociedad.

Decir que la pornografía es mala o, por el contrario, decir que a uno le gusta, es una opinión. Y cada uno puede tener la opinión que quiera. Pero no hay verdadera libertad de elección donde hay falta de información. Arriba he mencionado algunos hechos que no son discutibles, simplemente por ser eso mismo, por ser hechos. Y quien decida optar por la pornografía, tiene que admitir que acepta, por lo menos implícitamente, esos hechos, y en cierto modo los aprueba.

Otro dato: En una ocasión tuve la oportunidad de leer algunas entrevistas a actrices pornográficas publicadas no ciertamente en revistas pornográficas, sino en magazines informativos que le dedicaban un estudio al tema. Las opiniones vertidas por esas mujeres no hicieron sino confirmar lo que yo ya suponía desde antes: que las manifestaciones de placer que aparentan tener son puramente ficticias, fingidas. Y que algunas de las cosas extremas que hacen en las sesiones pornográficas, y que les producen auténtica repugnancia, las hacen únicamente por el fin de la ganancia monetaria, sintiendo a la vez un gran desprecio por los hombres. Resulta sintomático que la actriz de Garganta profunda, un clásico del porno duro de los años '60, haya dejado esa vida y se haya convertido en una activista anti-pornográfica. Su lucha era contra el sexo irreal, para hacer comprender a la gente que la práctica del sexo auténtico requiere de una delicadeza y tacto que sólo puede dar el amor.

Todas estas consideraciones son puramente humanas, y no hacen sino confirmar mis convicciones más íntimas.

Por otra parte, no estoy tratando de defender una moral. Mi rechazo a la pornografía no se basa en un imperativo moral que me prohiba transgredir el sexto mandamiento. Se basa más bien en el respeto a las personas. ¿Cómo podemos admitir como lo más normal del mundo que unas mujeres aparezcan en situaciones pornográficas, en las que no nos gustaría ver a nuestra esposa, hija o hermana? Pareciera que nuestra consideración de la dignidad femenina fuera discriminatoria: para unas mujeres sí, para otras no. Esas mujeres también son hijas y hermanas de otra personas, que muchas veces sufren ante esas circunstancias.

Pongo estas ideas y hechos a consideración de ustedes, para que se tome en serio lo que no debe ser tomado en broma, y para poner de manifiesto que nuestra sociedad aún tiene mucho que aprender.

Atentamente,

Teodoro

alias "El Imbécil"
alias "El Hipócrita"
alias "Católico de Pacotilla"
alias "El Tarado"
alias "La Basura Humana"

No tardaron en llegarle a Teodoro algunas respuestas de compañeros de estudios. Uno le decía que el primer mail le había parecido muy desagradable. Otro que el primer mensaje le había dado náuseas, y que, en cambio, si estaba de acuerdo con el segundo.

Uno de los más interesantes fue el de Severo, que se resume en lo siguiente:

  • consideraba que la manera de responder de Teodoro en el primer caso había sido inapropiada;
  • su mensaje original le parecía más degradante que el mail que le había enviado Porky;
  • no entendía como alguien como él, que se decía católico, podía tener esas actitudes tan agresivas, y si se había olvidado de aquello de ofrecer la otra mejilla;
  • que sí seguía así, iba a destruir a todo aquel que se cruzara en su camino y que pensara de manera diferente a la suya.
  • El mail ameritaba una respuesta, que fue la siguiente:
     
     
    Severo:

    Admito que el mensaje que le envié a Porky pudo ser dicho de otra manera y no de forma tan agresiva, y pido disculpas por ello (ver "Mensaje de un católico de pacotilla").

    Sin embargo, es necesario aclarar algunas cosas.

    Nunca durante mi estadía en esta casa de estudios me ha enviado nadie ningún mail de este tipo. Eso es parte del respeto que nos debemos mutuamente. Creo, sin temor a equivocarme, que ninguna de las mujeres de nuestra promoción ha recibido tampoco ningún mensaje de este tipo. Sin embargo, de buenas a primeras recibo un mail de esa categoría. De primera impresión pensé que había sido dirigido a toda la promoción, y que por eso había llegado a mi casilla de correo. Pero no era así. Mi dirección había sido escrita junto con la de otras personas elegidas en el rubro de destinatarios.

    Sé que otros compañeros de estudio a veces se envían material pornográfico, pero nunca me han incluido dentro de esta actividad. Y yo no me he metido donde no se me requería.

    Porky luego me ha confirmado que lo que hizo, lo hizo intencionalmente, no por error. Ahí está la ofensa. Sabiendo según que principios pienso, me envía algo que los ataca frontalmente.

    Eso explica el tono de mi mensaje, donde, como admito, ha habido ciertos excesos. Pero ciertamente, no veo nada de malo en hablar directamente, utilizando lenguaje de hombres para hablar con hombres, que no veo por qué se han de sentir ofendidos ante el uso de tal lenguaje.

    Por otra parte, no me digo católico; lo soy. Y si tú lo eres, quiéraslo o no, estamos unidos en el mismo Cuerpo de Cristo. Por lo tanto, no me resulta indiferente nada de lo que haga cualquiera de los pertenecen al mismo cuerpo.

    Según parece desprenderse de tu mail, a un católico le está vedado tener una actitud agresiva. Lee, por favor, las siguientes palabras de Jesús: "No penséis que he venido para traer paz a la tierra. No he venido para traer paz, sino espada. Porque yo he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra" (Mt 10,34-35).

    El mismo Jesús, según cuentan los Evangelios, "agredió" verbalmente a muchas personas por sus actitudes contrarias a la dignidad de las personas (por ejemplo, los fariseos), e incluso a sus mismos apóstoles cuando lo exigían las circunstancias (a Pedro lo llamó Satanás, por no comprender su misión de morir por todos y querer apartarlo de ella).

    Sin embargo, estas "agresiones" no iban unidas al odio ni al deseo de destruir al otro. Tampoco es esa mi intención con Porky (mi mail se puede resumir en esto: "eso que haces me parece que está mal, y lo digo con toda mi indignación, pero no lo vuelvas hacer, y basta").

    La paz que proclama la fe cristiana no es producto del silencio o de la placidez aletargada que encontramos en religiones como el budismo. La construcción de la paz pasa a través de múltiples conflictos, en los que es necesario luchar.

    Respecto al tema de la pornografía, mi posición queda clara en el "Mensaje de un católico de pacotilla". Y en ese punto hay que distinguir lo que son hechos de lo que es mera opinión. Son los hechos los que merecen mi rechazo total.

    Cada uno es libre de pensar lo que quiera. Y esa libertad de opinión incluye la de opinar sobre lo que otros opinan, basándose ciertamente en argumentos. No se puede considerar esto una destrucción de los que opinan diferente. Se trata simplemente del ejercicio de la libertad de expresión.

    Y esa libertad la tenemos también los católicos. Hay quienes se creen con el derecho de poner límites a las cosas de que debe hablar un católico y a las actitudes que debe tomar. "Todas las cosas me son lícitas, pero no todo me conviene. Todas las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré dominar por ninguna" (1Cor 6,12). Son palabras que dice San Pablo en una de sus cartas. Me haces recordar cuando el Presidente Fujimori decía que Mons. Augusto Vargas, entonces arzobispo de Lima, no debía opinar sobre política, y éste le respondía que el Presidente no era quién para determinar de qué cosa debía hablar la Iglesia o no. Estaba en todo su derecho.

    Por último, lo de poner la otra mejilla ha sido muchas veces malinterpretado como que el cristiano debe callar ante cualquier agresión. Lo que condenan esas palabras es la venganza, y prescriben que generalmente se tenga una actitud pacífica. Pero no prohiben hablar claramente cuando sea necesario. Si leemos las Actas de los Mártires, que contienen los interrogatorios hechos por las autoridades romanas a aquellos que estaban acusados de ser cristianos durante la época del Imperio, podremos ver que las respuestas directas y tajantes de los cristianos lograban muchas veces exasperar a los jueces, los cuales las consideraban como ofensivas. Y no por eso dejaban esos cristianos de "poner la otra mejilla" al someterse a la sentencia de los jueces.

    Eso es todo por ahora.

    Atentamente,

    Teodoro

    Luego se acordó de que se había olvidado decir la última palabra, así que la dijo con un último mail.
     

     
    Severo:

    Hay algo que me olvidé decirte.

    En tu mensaje me decías que mi respuesta te parecía más degradante que el mail original. Me alegra saber, por lo menos, que ese "mail original" te parecía degradante. Espero que, así como has manifestado tu desacuerdo con lo que yo escribí, de la misma manera le escribas a Porky para decirle que su mail te parece degradante.

    Atentamente,

    Teodoro

    No creo que haya nada más de relevancia que contar. Ciertamente el intercambio epistolar electrónico se prolongó durante unos días más, e incluso un par de compañeros quisieron hacer las veces de mediadores para evitar que el incidente se prolongara más de la cuenta. Finalmente, Porky y Teodoro conversaron como amigos y pusieron los puntos sobre las íes. Si bien no consta que Porky haya cambiado de parecer en lo que a la pornografía se refiere, le quedó bien claro que con ciertas personas no se puede jugar con ese tipo de material.

    Lo paradójico de todo este asunto es que las  palabras de Teodoro fueron consideradas por algunos como peores que las imágenes pornográficas, más obscenas que cualquier insulto o que cualquier acto contra natura. Y en este sentido, él no tendría ningún problema en seguir convirtiéndose en el futuro en un pornógrafo por defender la sagrada dignidad de los seres humanos.


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