| CAPÍTULO
I
GUILLERMO JOSÉ
CHAMINADE: VIDA Y DOCTRINA
1. DATOS BIOGRÁFICOS1 Guillermo José Chaminade nació en Perigueux (Francia), capital del antiguo Périgord, en 1761, dentro de una familia numerosa donde los dos hermanos mayores, Juan Bautista y Luis Javier, también serían presbíteros, el primero como miembro de la Compañía de Jesús y el segundo del clero diocesano. Tuvo una formación cristiana desde su infancia. A los diez años entra como interno en el Colegio-Seminario San Carlos Borromeo, de Mussidan, uno de cuyos responsables era su hermano Juan Bautista. Ahí se orientará hacia la vocación sacerdotal y se formará en una intensa vida espiritual, bajo la dirección de su hermano. Ya desde la edad de catorce o quince años hace votos privados de pobreza, celibato y obediencia. Guillermo José, como futuro presbítero, se asociará a los sacerdotes que dirigían el colegio y que conformaban la llamada Congregación Sacerdotal de San Carlos. Hay que tener en cuenta que en el año de 1773 se emitió el Breve por el cual se suprimía la Compañía de Jesús y Juan Bautista, como muchos otros jesuitas, tuvo que incorporarse jurídicamente al clero diocesano. Sin embargo, subsistirían los vínculos espirituales que unían a los miembros de la orden fundada por San Ignacio, los cuales mantendrían vivo el carisma fundacional a la espera de tiempos mejores. Uno de los centros de supervivencia de la espiritualidad ignaciana fue precisamente el Colegio San Carlos de Mussidan, y éste sería el estilo de vida cristiana en que se formaría el joven Chaminade2. En el año de 1791, habiéndose negado los sacerdotes de San Carlos a jurar la Constitución Civil del Clero, se verán obligados a dispersarse. Para completar sus estudios de teología, Chaminade estudió durante dos años (1776-1777) en el Colegio de Guyena de Burdeos. Parte importante de su formación lo constituyen los años pasados en el Colegio de Lisieux en Paris (1782-1785), dirigido por los sulpicianos. A través del estudio de los escritos de Juan Jacobo Olier adquiriría un conocimiento profundo de las orientaciones de la Escuela Francesa de espiritualidad. Como veremos más adelante, el método de oración sulpiciano sería una de las fuentes de Chaminade en su propuesta de métodos de oración. El 14 de mayo 1785 fue probablemente la fecha de su ordenación sacerdotal. Ejercería el cargo de ecónomo y de profesor en Mussidan, hasta el momento de la disolución del Colegio. A lo largo de este tiempo, principalmente durante el tiempo que estuvo en Burdeos y Paris, Chaminade iría conociendo bien la situación espiritual de Francia en esa época. En el área religiosa el relajamiento y la falta de una vida interior se hacía presente en la mayoría de los cristianos. Este fenómeno tenía también repercusiones en la vida consagrada, salvo honrosas excepciones. Nos hallamos en plena efervescencia de las ideas iluministas que desembocarían en esa gran eclosión caótica que fue la así llamada Revolución Francesa. Definitivamente, los ambientes donde se desarrollaba el pensamiento del siglo y los centros de incubación de la praxis consecuente no estaban penetrados de una concepción cristiana de la vida, sino todo lo contrario: anticristiana, o, por lo menos, anticlerical. Había una crisis religiosa generalizada que requería de una respuesta a la altura de los tiempos. Durante la época revolucionaria Chaminade se negó a jurar la Constitución Civil del Clero una vez proclamada ésta, y se trasladó a Burdeos en 1792 con la finalidad de ejercer clandestinamente su ministerio durante la época del Terror, no sin correr constante peligro a riesgo de su vida. Esta peligrosa pero testimonial etapa de su vida terminará con su destierro a Zaragoza (España) en 1797, donde pasará tres años de oración, reflexión y estudio, madurando las líneas generales de su propia espiritualidad personal. Recibiría también una inspiración especial a los pies de la Virgen del Pilar que le indicaría cual era la misión apostólica a que el Señor y Santa María le habían destinado. En 1800 volverá a Burdeos y reemprenderá su apostolado. Su primera iniciativa apostólica será la fundación de la Congregación de María Inmaculada —también llamada Congregación de la Magdalena, en alusión al nombre de la capilla donde se efectuaban las reuniones religiosas—, formada por jóvenes que hacían una consagración particular a María dentro de un estilo de vida laical, con el fin de dedicarse a una labor evangelizadora y apostólica en los ambientes de la vida cotidiana. A partir de este núcleo surgirán numerosas iniciativas apostólicas, como la Congregación para mujeres, las Agregaciones de Padres de Familia, la Sociedad de Amigos Cristianos, los Amigos de la Sabiduría, las Damas de la Misericordia etc. Una de los proyectos de carácter social fue la Obra de la Misericordia, casa de acogida de mujeres de mal vivir arrepentidas, que puso bajo el cargo de María Teresa Carlota de Lamourous, dirigida espiritual suya desde 1795. De estas iniciativas surgió en 1809 lo que conoce se como el «Estado», cuando varios miembros varones de la Congregación de la Magdalena se ofrecieron para seguir un camino de vida consagrada que mantuviera su carácter laical, pero que incluyera compromisos de obediencia, celibato y espíritu de pobreza. Se trataba de un grupo destinado a animar y sostener todas las demás obras apostólicas, pero que se iba a caracterizar por una dedicación y disponibilidad totales para el apostolado, alimentándose de una peculiarmente intensa vida de oración3. Esta novedad para la época convierte a Chaminade en un precursor de los llamados institutos seculares, y así fue reconocido por el Decreto Pontificio de Heroicidad de Virtudes, dado en 1973 por Pablo VI4. Sin embargo, esta obra no llegó a prosperar, pues las energías de Chaminade se concentraron posteriormente en las dos congregaciones religiosas que fundara, la primera, las Hijas de María Inmaculada, en 1816 junto con Adela de Batz de Trenquelleon, y la otra en 1817, la Compañía de María, cuando uno de los congregantes y miembro del «Estado», Juan Bautista Lalanne, se puso a su disposición para seguir un camino de vida religiosa5. Chaminade dedicó la mayor parte de su tiempo a consolidar las dos congregaciones. El «Estado» fue desapareciendo paulatinamente6. Parece que, por influencia de la mentalidad de la época, que no llegaba a comprender los alcances de una institución laical plenamente apostólica y con una consagración particular que se creía propia solamente de los religiosos, el «Estado» no llegó a tomar forma definitiva, hasta el punto de que, según lo que parece, el mismo Chaminade creyó que sólo una congregación religiosa podía llevar a cabo lo que él en un principio tenía pensado para el «Estado». Esto explicaría el peculiar estilo de vida de los religiosos de la Compañía de María, que debían asemejarse lo más posible a la forma de vida de un laico de la época7. Chaminade murió el 22 de enero de 1850. Los diez últimos años de su vida estuvieron llenos de incomprensiones y contrariedades, provenientes no de factores externos, sino de problemas al interior mismo de la Compañía de María, hasta el punto de ser alejado de toda injerencia directa hasta en los asuntos espirituales de la Congregación que él mismo había fundado. La Compañía
de María, fundada inicialmente por Chaminade para apoyar el proyecto
apostólico global de recristianización de Francia, fue reduciendo
su acción a lo que originariamente debía constituir solamente
una de sus tareas: la labor educativa, a través de la gestión
de escuelas de varones8.
2. DOCTRINA ESPIRITUAL Chaminade ha dejado una doctrina espiritual con aspectos originales y que constituye una auténtica contribución dentro de la historia de la espiritualidad. Lamentablemente, ya sea por la falta de una amplia influencia posterior, ya sea por haber quedado restringido su estudio a los círculos marianistas hasta hace algunos años, ya sea por la falta de sistematicidad del mismo Chaminade, casi no se le menciona en las historias de la espiritualidad cristiana. Lo cierto es que una primera aproximación a los escritos de Chaminade nos coloca ante un material que debe ser trabajado y ordenado para poder aprovechar las riquezas que contiene. Chaminade nunca escribió nada para su publicación, sino para uso de las personas que estaban bajo su responsabilidad. Era un hombre con una misión apostólica, y a ella abocó todas sus fuerzas. Lo más importante era la formación de hombres de oración y de acción. Sus escritos responden a esta primordial labor pastoral, y, por eso mismo, carecen de una elaboración sistemática y de un orden preciso. Muchos de ellos fueron elaborados de acuerdo a lo que exigían las circunstancias y para grupos de personas determinados. A la vez, no todo proviene de la mano de Chaminade. Hay abundancia de hojas y cuadernos provenientes de discípulos espirituales de Chaminade, con apuntes de conferencias y charlas de retiro. También ocurre a veces que el mismo Chaminade daba los lineamientos generales sobre algún tema que mandaba redactar a alguno de sus hijos espirituales. Por ello, se requiere a veces de una labor de crítica textual, para poder distinguir entre lo que es propio de Chaminade y lo que ha aportado el redactor, lo cual a veces resulta bastante difícil9. Si bien el pensamiento de Chaminade es original en algunos aspectos —aunque de hecho la originalidad no fuera pretensión suya, sino más que nada el bien espiritual de las personas—, mayormente su reflexión se nutre de la influencia de autores espirituales anteriores. En líneas generales, son tres las corrientes de espiritualidad que confluyen en la doctrina chaminadiana: una, la Escuela Francesa de espiritualidad; en segundo lugar, la Devotio moderna y la Reforma española en especial a través de la espiritualidad ignaciana, que conoció e interiorizó durante los años de formación en San Carlos de Mussidan, bajo la guía de su hermano Juan Bautista, pero también a través de los estudios de autores espirituales españoles, cuyas obras conoció y leyó muy probablemente durante sus años de exilio en Zaragoza; y, en tercer lugar, la espiritualidad benedictina, cisterciense y trapense, particularmente a través de los escritos de San Bernardo de Clairvaux10. En lo que se refiere a la doctrina sobre la oración, se puede encontrar principalmente dos influencias: la de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio y en general del modo ignaciano de hacer oración, especialmente a través del libro El hombre de oración de Jacques Nouet11, y la influencia de la espiritualidad de la Escuela francesa, según los principios y el método propuesto por Jean Jacques Olier en sus escritos12. La doctrina espiritual de Chaminade se basa en una sólida teología personal que encuentra apoyo en las Sagradas Escrituras, citadas constantemente y consideradas incluso como motivo central de reflexión en la oración13. El mismo cristocentrismo que hallamos como una constante en las reflexiones de Chaminade nos remiten a los teología paulina. Intentaré aquí presentar una brevísima síntesis de la teología personal de Chaminade14. Existe un Plan divino según el cual Dios quiere instaurar todas las cosas en Cristo. Punto central de este Plan lo constituye el momento de la Encarnación, cuando el Verbo eterno se hace hijo de mujer y asume en sí a toda la humanidad. De esta manera, María es asociada a la obra de la redención efectuada por el Hijo. La colaboración del hombre con el Plan de Dios consiste en abrirse a la acción del Espíritu para que su adhesión al Señor Jesús, iniciada de manera efectiva en el Bautismo con su inserción en el Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia, se vaya actualizando progresivamente a lo largo de su vida de modo que todo su ser se vaya haciendo conforme con el Señor Jesús, Verbo Encarnado. Jesús, como principio interno de vida del cristiano y no solamente como modelo externo, va informando todas las manifestaciones de la persona —pensamientos, sentimientos, acciones, etc.— en la medida en que ésta colabora con la gracia. En fin, es un proceso donde se busca asumir todos los estados interiores de Jesús. Pero, por sobre todo, su estado de Hijo de María, que se halla en el centro de su obra redentora como Verbo Encarnado. La piedad filial mariana es el camino privilegiado por el cual se llega a alcanzar la meta de la vida del cristiano. María fue llamada a cumplir una función activa dentro del Plan de Dios, una misión apostólica que se concretiza en el cuidado por que los hombres se adhieran a su Hijo y, como hijos adoptivos suyos, sean conformados según la imagen de su Hijo hasta la plenitud. El cristiano también es hijo de María desde el momento de la Encarnación, pues es ahí donde Ella se consagra por su consentimiento a la obra de la salvación de los hombres, de modo que se puede decir que los llevó a todos en su seno para darles la vida en el orden de la gracia. Siendo Madre de la Cabeza de la Iglesia, también lo es de todo el Cuerpo15. Por esa razón, el cristiano debe buscar tener el mismo amor que tenía Jesús hacia Ella, e ingresar en ese movimiento mutuo de amor que hay entre la Madre y el Hijo. De esta manera, por medio de Jesús se llega a conocer y amar mejor a María, quien, a su vez, desde un corazón pletórico de amor, nos remite a un conocimiento y amor más pleno del Hijo, lo cual revierte en un acrecentamiento de nuestra conformación con Él. Chaminade, consciente de la lucha interior que debe efectuar el cristiano para llegar a esta meta, para despojarse del hombre viejo de pecado y revestirse del hombre nuevo en Cristo (ver Ef 4, 21) elaboró un Sistema de Virtudes como medio práctico para poder vivir plenamente las consecuencias de su Bautismo y poder llegar a la santidad: la conformación plena con Jesús, Hijo de María. El Sistema tiene una aproximación positiva, con el acento puesto en la reorientación de las tendencias humanas, indisciplinadas a causa del pecado, yendo de lo más exterior a lo más interior16. Sustento de todo el proceso de adquisición de virtudes es la fe, considerada por Chaminade como el marco dentro del cual se desarrolla toda la vida espiritual del cristiano. Otros aspectos del pensamiento de Chaminade serán expuestos más adelante.
NOTAS
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