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ORO
Zoloto Director: Fabio Bonzi Actores: Franco Nero, Vittoria Belvedere, Aleksandr Abdulov, Innokenti Smoktunovsky, Vsevolod Larionov Italia /
Rusia
91 min |
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Extraña e intensa película, donde las reflexiones sobre la esencia del arte y la misión del artista revolotean en torno a las más crudas escenas de degradación humana. La época es el siglo XVI. Roma es invadida por huestes luteranas, y el Castillo de Sant' Angelo, donde cuenta el Papa cuenta con un refugio seguro, es sitiado. Franco Nero encarna encarna a un pintor renacentista, considerado entre los mejores, amante del placer y de la belleza, que convive con dos jóvenes hermanos, varón y mujer, sus discípulos, en una casa de la ciudad. Además de ser ella su amante, el ambiente de la casa del pintor respira liberalidad. Los tres no tienen reparos en estar desnudos unos ante otros y gozar de los placeres que les brinda su holgada posición, donde pueden comer y beber a su gusto. Todo cambia con la llegada de los ejércitos luteranos, quienes ocasionan un saqueo inmisericorde en la ciudad en busca de oro y riquezas. El discípulo es asesinado, ella es violada en presencia del pintor, y uno de los agresores se instala en la casa, manteniendo al pintor prisionero y convirtiendo a la discípula en amante suya a la fuerza. Posteriormente, uno de los jefes protestantes garantizará la vida del pintor, en base a su autoridad y su prestigio como protector del arte, y le pedirá que siga pintando y expresando la misma belleza que plasmó en sus obras anteriores. El talento del artista se debatirá entre la esterilidad apática y unas imágenes oscuras y deprimentes, que expresan el horror de todo lo sucedido y lo visto. La cámara se mueve entre el ambiente claustrofóbico de la casa del pintor y las escenas de una ciudad devastada por la crueldad humana. El horror que se instala en la morada del artista es sólo un reflejo de lo que ocurre a nivel general. Franco Nero, con un nivel de actuación bastante bueno, logra imprimir a su personaje esa desazón, ese desconcierto que se apodera de su alma cuando ocurre algo que él pensaba que sólo ocurría en tierras lejanas. Es un duro aprendizaje de inmersión en la realidad. A la vez, su capacidad para crear esa belleza ideal que sólo existía en un paraíso ficticio que quiso reproducir en su casa se va disolviendo ante la irrupción de la barbarie que acompaña al ser humano. Esto origina en él un cuestionamiento de la misión del artista. ¿Debe plasmar en sus obras la belleza platónica, desvinculada de lo que ocurre en este mundo, o, más bien, debe buscar retratar la esencia de la naturaleza humana, sin obviar los aspectos oscuros que ella encierra? En una de la escenas más interesantes de la película, su captor lo lleva en un paseo por la ciudad, en una caminata entre los cadáveres que cubren las calles, y le va describiendo las diferentes maneras en que mueren los hombres según la nación de que provengan y las diversas apariencias de sus cadáveres. Es como si la muerte presentara múltiples facetas para ser retratadas. Por otra parte, la codicia de oro constituye uno de los ejes que describe la parte oscura de la naturaleza humana. En el momento de irrumpir en la casa del pintor, los agresores, en busca de oro, no tienen ningún reparo en destruir las obras de arte que encuentran. Posteriormente, el pintor reflexionará sobre si vale la pena producir arte, cuando los hombres no están interesados en él. El imprevisto mecenas que encuentra, ¿aprecia el arte por lo que vale o por su traducción en monedas de oro? La puesta en escena de esta película de bajo presupuesto privilegia los espacios cerrados, y añade continuamente detalles crudos sobre la barbarie que invade Roma. Lo único que mantiene en vida al pintor es la esperanza de recobrar a su amada discípula, encarnada por Vittoria Belvedere, símbolo de una belleza en estado puro mancillada por el horror. Y es esta misma belleza la que lo salvará, pero luego de haber estado sometida al yugo de la crueldad humana. Por momentos, el film resulta duro de ver por su crudeza. Sin embargo, no deja de ser interesante cómo se confronta una concepción del arte como plasmación de una belleza puramente ideal, y por eso mismo banal, ante otra concepción que se acerca a los lares del expresionismo a través del dolor, pues el arte mismo no puede desvincularse de las profundidades recónditas de la condición humana, sino que debe sumergirse en ellas para salir purificado.
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