VIENTO EN AYACUCHO

Me hice viento de gemidos grises
para soplar donde se muere mucho
y volé hasta las montañas tristes
que hacen sombra a la herida de Ayacucho.

Me pregunté en los valles devastados
por el espectro armado color sangre
si nacerá del pueblo asesinado
una patria donde no exista el hambre.
¿Acaso el odio es semilla de ese sueño?

Recorreré los cerros y quebradas
y lloraré en el alma desolada
de la gente inocente que ha caído. 

Escribiré sus nombres sobre piedra
y crecerá verde como la hierba
del corazón en ruinas nueva vida
que mojará su savia en el amor.

Me hice voz del comunero pobre
para gritar que donde hay violencia
crece el dolor en la zona del hombre
y muerden las fieras de la injusticia.

Me pregunté quién terminó vencido:
si el campesino que ahora es ido
o el guerrero que ha sucumbido
a los abismos y a negros instintos,
a la historia que la muerte ha tejido.

A ti, vencido en la peor batalla,
en la que escondes tras de tu pantalla,
quiero decirte estas fuertes verdades.

Yo sólo tengo voz, guitarra y viento
para poder herir tu sentimiento
con la conciencia de que aún hay tiempo
para cambiar en oro la destrucción.