ídolos
de arcilla rugían en la espuma
su lumbre
es la bruma mi pluma
acunaba
un dios y otro dios
tierra
de la luna sin nombre todavía
se bautizaría
bajo un nuevo sol
cuando
por la pampa fluyente de los mares
llegaron
las naves cargadas de pasión
su misión
bordada en las velas flameantes
la cruz
tremolante fue mi liberación
evangelizando,
evangelio abanderando,
nunca
rezagando la estocada al gran caimán
siempre
enarbolando la verdad que está matando
al
dragón nefando que asolaba la heredad
fue tal
epopeya como el ser humano
entramado
de sombra y de luz
sueña
la centella que destella en mi verano
con
el Arzobispo del Sur
santo
Toribio, caballero de los Andes,
heraldo
andante de la evangelización
el
protector, el defensor de los humildes,
de
los que gimen bajo el yugo del dragón
como
fauces de una serpiente emplumada
apretaba
el diente el cauce
que
arreciaba muerte en caudal
hasta
que insurgente contra la bestia armada
un Quijote
andaba con vara episcopal
vuela
como el cóndor arrullando las alturas
besa
la blancura de la nieve virginal
su cabalgadura
pisando con premura
la estatura
muda del Ande colosal
evangelizando,
evangelio abanderando,
nunca
rezagando la estocada al gran caimán
siempre
enarbolando la verdad que está matando
al
dragón nefando que asolaba la heredad
fue su
mano alzada fecunda en bendiciones
su cayado
fue el del Buen Pastor
fue
su lengua fuego que incendiaba corazones
su mirada
alejaba el temor
santo
Toribio, caballero de los Andes,
heraldo
andante de la evangelización
el
protector, el defensor de los humildes,
de
los que gimen bajo el yugo del dragón