NO
TRABAJANDO
Lamentaciones
del desempleo
Voy recorriendo
la sordidez
de una
tierra inhumana,
llena
de entrañas a flor de piel
despojadas
de su alma,
murió
el derecho de trabajar,
frunció
el cerebro su humanidad,
zurció
el cabello su libertad,
cundió
el entierro de la amistad.
Y mientras
la ideologización
va orinando
su mugre,
se van
muriendo de inanición
mis
hermanos de sangre,
cayó
el principio de no matar,
mató
la ley con impunidad,
falló
el recurso a la dignidad,
calzó
la frente su soledad.
Si quieres
trabajo,
te piden
papeles,
te dicen
carajo,
eso
y nada vales;
si te
damos algo,
serán
tres metales,
jornada
a destajo,
tú
firma y ya no hables.
Se ha
decretado un silencio
para
acallar algo intenso:
¡mi
voz y tu sufrimiento!
Mira
tus manos, Acuña,
ya se
quedaron sin uñas,
por
laborar en la cuña
te dan
con una pezuña.
Mira
tus dedos, Vallejo,
son
puro hueso y pellejo,
porque
te hiciste tan viejo
te escupen
el entrecejo.
Mira
tu espalda, Tejada,
de trajinar
tan cansada,
por
esperar más que nada
te la
dejaron doblada.
Mira
tu pecho, Carranza,
donde
anidó la confianza,
por
albergar la esperanza
te acribillaron
la panza.
Si tienes
trabajo,
y pides
buen sueldo,
te dicen
qué cuajo,
regresa
más luego,
recoge
tu saldo
y lárgate
al cerro;
te sales
del caldo,
pues
quémate al fuego.
Se ha
declarado un incendio:
¡mi
indignación sin compendio,
que
arrojo a los cuatro vientos!
Mira
tu cuello, Sarmiento,
uncido
a un juramento,
por
levantarlo un momento
te arrancan
desde el cimiento.
Mira
tu vientre, Collazos,
besándote
el espinazo,
por
suplicar un pedazo
te rajan
de un culatazo.
Mira
tu estómago, Abanto,
espeluznado
de espanto,
por
requerir de alimento
te azotan
como un jumento.
Mira
tu hígado, Lajos,
hinchado
como un badajo,
por
exigir un trabajo
se te
revienta de un tajo.
¿Hasta
cuándo, hasta cuándo
morirán
a cuotas mis paisanos?
¿Hasta
cuándo, hasta cuándo
cortarán
a crédito sus manos?
¿Hasta
cuándo, hasta cuándo
mano
de obra le dirán a mis hermanos?
¿Hasta
cuándo, hasta cuándo,
hasta
cuándo...?