MI TIERRA HERIDA

Sudor cansado
cayó de mi frente
sobre la simiente
que yace en la tierra.

Cardo y espina es lo que brotó,
porque mi suelo maldito está.
Soy culpable de esta enemistad,
yo, miserable Adán.

La maldición tendrá su final,
es la promesa que Dios me dio:
hombre y naturaleza verán
mañanas de reconciliación.

Polvo y gemido,
llanto y ceniza
soplan las brisas
de nuestro mundo.

La tierra tiene tanto dolor
como en el parto una mujer,
y gemirá hasta ver florecer
la reconciliación.

Sol de justicia ilumina ya
las entrañas de la creación
y restablecerá la verdad
en la armonía que se perdió.

En surco abierto germinará
la simiente que se me negó,
y mi sudor ya no caerá
sobre una tierra sin redención.

Y las raíces de la amistad
se hundirán en mi corazón,
hasta mi tierra penetrarán,
ya no habrá gemidos de dolor.

Canta, mi tierra, canta al Señor
un canto de reconciliación,
canta el final de tanto dolor,
canta a Jesús Reconciliador.