Hermano
Jesús, a ti te canto,
porque
en tu mirar humano y divino
brillan
las estrellas de nuestro destino
y se
agota el manantial donde brota el llanto.
Hermano
del alma, compañero,
ya tu
corazón palpita en nuestras almas:
rompe
pues la falsedad de aquella calma,
que
empantana esperanzas en el desierto.
Lucharemos
contigo
hasta
la muerte, amigo:
sangre
de nuestro trigo
que
el viento llevará.
Hermanos
de la tierra,
paso
el tiempo de tregua,
levantemos
banderas
que
en el pecho ondearán.
Hermano,
yo creo que tus huellas,
desgarraron
de la culpa las cadenas
y grabaron
hondas marcas en las venas
de esos
hombres que arrebatarán las estrellas.
Y tu
Madre, forjadora de hombres,
trazará
senderos hacia el infinito,
donde
quedarán con nuestra sangre escritos
el trabajo
y el sudor de seguirte siempre.
Lucharemos
contigo
hasta
la muerte, amigo:
sangre
de nuestro trigo
que
el viento llevará.
Hermanos
de la tierra,
paso
el tiempo de tregua,
levantemos
banderas
que
en el pecho ondearán.
El
pan de nuestras manos,
el
amor que cantamos
es
tierra que ganamos
a
la furia del mal.