ESPERA DE LA LUZ

La negrura se abatió
sobre nuestra tierra;
fue pisoteada la luz,
fue clavada en una cruz,
venció la ceguera.

Nadie nunca conoció
lo que es la tristeza,
sino aquel que compartió
la herida del corazón
que fue nuestra espera.

Pensamos que su fracaso
fue muerte definitiva
de la novedad que iba
a trastocar el ocaso

en amanecer y abrazo,
encuentro de nueva vida;
consideramos perdida
su luz para nuestro caso.

No creímos en su hablar;
fue de esta manera:
dijo que la mortandad
un día le iba llegar
de manos arteras.

Fue cuando dijo fatal
de forma certera
que lo iban a ajusticiar
como un perro criminal
que anda sin bandera.

Tuvimos valor escaso,
acorralados cual fieras,
temiendo en el alma entera
que nos tendieran un lazo.

No quisimos tras sus pasos
combatir en esta guerra,
donde el que su vida entrega
puede levantar el brazo.

Al borde de nuestra agonía
nocturnalmente acontecía
el milagro que irradiaría
vida en nuestro dolor.

Cuando el primer rayo atisbaba,
insinuando la aurora nueva,
otro resplandor opacaba
al que anunciaba al Sol.

Noche que se convierte en día,
en victoria definitiva:
ésta fue la gran maravilla
en la claridad matinal.

Ya no hay nadie entre las paredes
que contemplan a los que mueren
—dijeron aquellas mujeres—,
ya no hay nada que lamentar.

El Señor resucita, caramba,
no se quedó encerrado en la tumba,
y las piedras están que retumban,
porque venció a la muerte, caramba.

Hablaba el sepulcro vacío
de un misterioso poderío
sobre el tenebroso enemigo
que inflige la herida mortal.

El Señor resucita, caramba,
no se quedó encerrado en la tumba,
y las piedras están que retumban,
porque venció a la muerte, caramba.

La negrura se hizo luz en esta mañana,
para que su brillo entrara por la ventana
de los corazones que andan oscurecidos,
ignorando que la oscuridad ya se ha ido.

El Señor resucita, caramba,
no se quedó encerrado en la tumba,
y las piedras están que retumban,
porque venció a la muerte, caramba.

Primavera eterna ha brotado
del jardín que estaba enlutado
por la muerte del Ser amado
que irradió vida al despertar.

El Señor resucita, caramba,
no se quedó encerrado en la tumba,
y las piedras están que retumban,
porque venció a la muerte, caramba.

La mañana está que arde por la alegría,
luminosidad que mata la tiranía
de las alimañas que tienen su guarida
en los recovecos de las almas dormidas.

El Señor resucita, caramba,
no se quedó encerrado en la tumba,
y las piedras están que retumban,
porque venció a la muerte, caramba.