Soltaron
amarras
las
barcas que zarpan.
Se alejan
de tierra.
La noche
se acerca.
¿Quién
guiará la existencia
que
al romper de la espuma comienza?
Cortando
la proa
el furor
de las olas,
avanzan
los años
dejando
su estela.
¿Quién
abrirá nuestros ojos
de ciegos
navegando lejos
de las
rutas que llevan al sol?
En una
isla que extiende
sus
orillas en todos los frentes
desafía
un faro luciente
los
augurios de la corriente.
La
mirada del vigilante
de
pupilas de diamante
hace
que la aurora cante
la
esperanza del navegante
que
nunca quiso que sus anclas
se
hundieran en aguas cansadas
donde
flotan, cubiertos de algas,
los
cadáveres de aves sin alas.
Peligros
mortales,
angustias
y miedos
ocultan
los mares
bajo
nuestros cielos.
¿Quién
librará del naufragio
al hombre
que sufre el cansancio?
Aquél
que en el viaje
no empeña
su vida,
por
desear encajes
y cómodas
sillas,
nunca
será un hombre entero,
porque
sólo en la sed de misterio
hay
sitio para la verdad.
Las estrellas
son reflejos
de aquella
mirada constante
que
dibuja en sus espejos
los
secretos del horizonte.
La
mirada del vigilante
de
pupilas de diamante
hace
que la aurora cante
la
esperanza del navegante
que
nunca quiso que sus anclas
se
hundieran en aguas cansadas
donde
flotan, cubiertos de algas,
los
cadáveres de aves sin alas.