EL
TIEMPO DE LA PASION
Hora
de las tinieblas,
ha llegado
el tiempo y Jesús padecerá
en la
Cruz.
Pilatos,
el cobarde,
lo sabía
inocente y así lo condenó
a morir
en un
río de crueldad:
el mal
por
los hombres
inunda
el mundo de injusticias,
¡son
brazos de la iniquidad!
Nuestros
pecados son culpables
del
sufrimiento de Dios que padeció.
¡Cómo
se someten los hombres
al yugo
de la oscuridad
para
perpetrar este crimen:
la muerte
de Dios, que la Vida nos dio!
Sentenciado
a muerte,
abrazó
la Cruz y un beso en ella estampó
el Señor.
Via
Crucis de sangre,
huellas
encarnadas que llevan la señal
del
amor
de un
amigo que murió,
Jesús,
y es
por él que
sangre
lloran los corazones,
¡noche
del alma y de la luz!
La cruel
espada de la muerte
rompe
y desgarra el cuerpo del Señor.
Esta
es la noche de los tiempos.
Esta
es la hora del dolor.
Sobre
un madero agoniza
el Hijo
de Dios que resucitará.
Todo
está consumado.
El atardecer
con su vida se extinguió
como
el sol.
Los
clavos del tormento
abren
en la Cruz los brazos del Salvador.
Brota
ya
agua
de su corazón:
vivir
de la
fuente que
una
lanzada penetrante
abrió
en el arca de su ser.
El santo
templo de su carne
fue
profanado por esclavos del mal.
La tierra
se estremece y llora,
rugen
abismos de terror,
pero
en la Cruz murió la muerte:
¡el
Crucificado ha de resucitar!
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