DECIMAS DE LA LEJANIA

Cantos de la esclavitud
por querer la lejanía
de Dios, que me dio la vida
pese a mi ingratitud.

Cuando Adán, que fue mi abuelo,
gozaba la cercanía,
cometió la osadía
que causó este desconsuelo.
Al Señor de tierra y cielo
quiso desobedecer,
y al final vino a morder
el polvo de la derrota,
y entonó con alma rota
cantos de la esclavitud.

Aquel hombre desdichado
no quiso, pues, entender
que lo que es el mal y el bien
a Dios queda reservado,
y se puso desconfiado
por quererlo igualar:
escuchó la voz del mal,
le hizo caso a la serpiente.
Su destino fue la muerte
por querer la lejanía.

No me cabe en la mente,
me pregunto si hay derecho
a que yo sufra este hecho
por culpa de ese demente.
Mas tengo el seso caliente,
no me asiste la razón,
pues yo sé en mi corazón
al ver mi conducta actual:
me hubiera alejado igual
de Dios, que me dio la vida.

De la humana creatura
el Padre se apiadó;
por eso a su Hijo envió
a sanar mi calentura.
Y bajó de las alturas
por la reconciliación.
Se hizo hombre siendo Dios,
por mí fue crucificado,
y después resucitado,
pese a mi ingratitud.