¿Cuándo,
al fin, podré estrechar en mis brazos tu ser,
y sentir
que el mundo es tan maravilloso
como
el primer amanecer,
como
aquella mañana de ayer,
cuando
el beso eterno de Dios en la arcilla reciente
formó
al hombre y a la mujer?
¿Cuándo,
al fin, podré darte un beso y beber de tu miel,
y decirte
que el tiempo se ha detenido
de tanta
hermosura,
de tanta
dulzura en tu forma de ver,
como
la mirada amorosa de Dios en la aurora
que
mira las cosas nacer?
¿Qué
tienen tus ojos que me cautivaron el alma?
¿Qué
tienen tus labios que me devolvieron la calma?
¿Qué
tiene tu voz que me da el sentimiento
que
aleja el tormento sufrido
por
ser fugitivo
de
las cosas del corazón?
¿Qué
tienen tus manos para acariciar como el viento?
¿Qué
tiene tu aliento que le da fragancia al sarmiento?
¿Qué
tiene tu vida que puso en la mía
una
espiga de trigo amarillo,
crecido
al abrigo
del
río de tu corazón?
Vine
como una golondrina
a posarme
en tus pensamientos,
para
que me quites la espina,
la que
tanto me hizo sufrir...
¿Cuándo,
al fin, podré susurrarte al oído, mi bien,
para
revelarte el paisaje que Dios ha creado
detrás
de mi piel
y colmado
de ternura fiel,
que
si no te la entrego ahora, me temo que el alma
en pedazos
se me va a romper?
¿Qué
tienen tus ojos que me cautivaron el alma?
¿Qué
tienen tus labios que me devolvieron la calma?
¿Qué
tiene tu voz que me da el sentimiento
que
aleja el tormento sufrido
por
ser fugitivo
de
las cosas del corazón?
¿Qué
tienen tus manos para acariciar como el viento?
¿Qué
tiene tu aliento que le da fragancia al sarmiento?
¿Qué
tiene tu vida que puso en la mía
una
espiga de trigo amarillo,
crecido
al abrigo
del
río de tu corazón?
¿Y
qué tengo yo, que me nace una flor en el alma?
¿Y
qué tengo yo? Tengo una rosa, tengo una palma.
Tengo
un jardinero, reuniendo destellos
del
cielo en tu rostro adorado,
tu
amor coronado
como
un paraíso de luz.