Ciudadano
de los reinos malditos,
anochece
en crepúsculo interior.
La nostalgia
por una paz perdida
te rompe
las entrañas en negra soledad.
Yo te
anuncio que existe la esperanza,
que
tus ansias podrán ya ser saciadas,
que
la aurora desgarra las tinieblas
y florece
la luz de las estrellas,
y tu
sangre andará por nuevas rutas,
sembrando
simientes de paz.
Hay vientos
en tu historia
con
rumores de gloria:
¡cumple
tu trayectoria!
¡arde
en fuego de amor!
Crecerán
las espigas,
llegará
un nuevo día,
morirá
la mentira
de un
mundo sepulcral.
El invierno
de tantas agonías
ya no
oculta tu rostro interior,
y tu
carne mordida por las penas
renace
en primavera de reconciliación.
Tu silencio
es un árbol fecundado
con
el agua viva de la montaña,
y en
tu pecho sediento de infinito
arde
la luz del misterio encontrado,
y la
sangre rebelde de tus venas
luchará
por un mundo de paz.
Toma
tu puesto, hermano,
corre
por los caminos
florecidos
de estrellas
y grita
con tu ser:
¡Dueño
del horizonte,
Alfarero
del tiempo,
Constructor
de ideales,
has
saciado mi sed!