¿Dónde
se fueron los nunca nacidos?
¿Dónde
fueron sus llantos a morir?
¿Dónde
perdonan a los asesinos
que
les negaron vivir?
¿Qué
culpa tienen los nunca nacidos
para
tener un destino fatal,
sino
el de haber sido concebidos
en un
seno criminal?
No flotará
la fragancia
de las
flores marchitadas
en la
tierra contaminada,
que
mata al que no hace nada.
Este
es un canto a la vida,
un puñal
a la mentira,
¡dejaremos
en la orilla
escrito
nuestro cantar!
La vida
que aún descansa
en los
capullos cerrados
es aliento
fecundado
con
polen de eternidad.
¡Le
canto a la vida!
¿Por
qué la muerte se esconde en las manos
de aquél
que por Hipócrates juró,
cuando
empuña contra sus hermanos
un bisturí
traidor?
Una
corriente de odio traspasa
cuerpos
que sin amor quieren amar,
cuando
desean silenciar su culpa
con
sangre germinal.
¿Acaso
existen razones
para
degollar las aves
que
duermen sus ilusiones
más
arriba de las nieves?
Arrancaremos
las leyes
que
amargaron las mieles,
que
destruyeron los rieles
de un
mundo que surgirá.
La patria
de los vivientes
levantará
en sus vertientes
banderas
de inocentes
que
ya no despertarán.
¡Le
canto a la vida!
Pregunto
yo si acaso no es lo mismo
los
manantiales humanos cegar
que
arrojar una flor al abismo
lleno
de oscuridad.
¿Dónde
crecieron las frutas amargas
de un
mundo que ha pisoteado el amor?
De la
vida cayeron hojas muertas,
¡nadie
les dio calor!
¿Dónde
se fueron los niños
que
perdieron el futuro?
Quizás
tras un negro muro
son
de nuevo florecidos.
Son
luces de primavera,
la hierba
de las praderas,
arena
de las riberas,
espuma
de nuestro mar,
semillas
del movimiento,
de lo
que canta en el viento,
música
del sentimiento,
sonrisas
del caminar.
¡Le
canto a la vida!
¡Le
canto a la vida!
¡Le
canto a la vida!