CADAVER AYACUCHANO

Hay fantasmas del olvido
en mi pueblo ayacuchano:
perros de muerte han mordido
los corazones serranos,
y la sangre derramada
riega los surcos que han recogido
años de sudor campesino,
cuerpos destrozados que ya no comerán
frutos de su suelo andino.

Y derrumbaron nuestro destino
los que llegaron por los caminos
empuñando la muerte con el fusil.

¿Acaso trajeron la justicia
los mensajeros de la violencia
que hundieron garras en nuestro porvenir?

Ojos que no se han cerrado
miran de cara a la tierra,
el cadáver ha llorado
con una pena que encierra
preguntas desoladoras:
"¿Qué culpa tienen los niños
para morir a manos de hombres armados?
Si hablan de igualdad y justicia,
¿por qué nos han asesinado?"

¡Hombre del sendero equivocado,
date cuenta de que has destilado
amarga hiel de odio en tu corazón!
"Si pudiera levantar cabeza
—pensó el cadáver en su tristeza —
¡te abrazaría hermano con mi perdón!"

Campesino, dolor fructificado
hay en la muerte que se abrió en tu costado;
tu esperanza no ha sido decapitada,
brotará de tu cuerpo caído renovada;
y esos brazos tuyos que al campo han roturado
cosecharán frutos más allá de este lado;
y en la eternidad el amor resucitado
besará tus heridas de muerto mutilado.