Rogier van der Weyden (1400, Tournai - 1464, Bruselas)

 

Adoro los libros. Desde pequeño. Nunca fui en mi infancia como los demás niños. Nunca sentí ni pensé como ellos. Nunca participé de sus estúpidos juegos y batallitas. Me llamaban "el raro", y hoy, a mis 35 años de edad, lo sigo siendo. Mis únicos amigos fueron los libros. En mi soledad de ese pequeño, pero complicado mundo del patio del colegio, los libros eran mi única compañía. Mientras gritos y persecuciones se sucedían a mi alrededor, yo estaba "más allá". En un barco a punto de naufragar, en un castillo mediaval, en una nave espacial descubriendo nuevos universos... ese era mi mundo.

Cuando llegué a la adolescencia, llegó el cambio definitivo a mis gustos literarios. Influenciado por todas las historias leídas sobre la Edad Media y la caza de brujas, empecé a interesarme enormemente por los libros de ciencias ocultas. En mi época de instituto, sólo una persona compartía mis gustos. Mi desgraciado y siempre añorado amigo Carlos. Compartíamos lecturas extrañas. Libros como Las Clavículas de Salomón y demás grimorios antiguos y prohibidos, llenaban nuestras mentes adolescentes.

Fue en esa época cuando sucedió todo. Fue en esa época, cuando mi vida cambió para siempre. Dios mío, no puedo borrar esos recuerdos de mi mente, y podéis creer que lo he intentado.

Fue esa fatídica tarde en la que Carlos me llamó por teléfono.

- Guillermo, ven a mi casa enseguida. Tengo que hablar contigo.

Su voz sonaba extraña. Ronca, monótona.
En menos de media hora, me encontraba ante su puerta. Subí rápidamente las escaleras. Cuando llegué a su piso, encontré la puerta abierta. Un extraño viento, me recibió con una bofetada en la cara. Empecé a caminar por el estrecho y largo pasillo que conducía a la habitación de mi amigo. Sólo una tenue luz procedente de la habitación, iluminaba mis pasos. Comencé a notar un extraño olor, que me recordaba a esos paseos solitarios por el cementerio en tardes de Domingo, al pasar por alguna zona de exhumación. Un escalofrío recorrió mi cuerpo.

Una vez en la habitación de Carlos, el escalofrío se convirtió en verdadero terror y el terror, en un grito de angustia y desesperación. La habitación estaba rodeada de velas encendidas, Carlos se encontraba de rodillas en medio de un círculo con extraños símbolos. Me miraba fijamente con unos ojos endemoniadamente fríos y abiertos. No era una expresión normal, sus rasgos estaban como deformados o exagerados. Dios, por qué no puedo borrar de mi mente semejante visión. ¿Por qué no puedo olvidar las consecuencias de ese detestable día?

Me quedé paralizado por el miedo. Sin capacidad de reaccionar. Carlos hizo un suave movimiento, y sacó de detrás suya, un libro encuadernado en una especie de tela negra, semibrillante.

- Te he llamado - comenzó a hablar con esa horrible voz - por que quiero que seas testigo del viaje que voy a emprender. Un viaje largo, para conocer y estudiar "lo que pasó al principio".

Aquí, en ese preciso instante, comprobé que entre mi amigo Carlos y yo, existía una gran diferencia. Él siempre se lo tomaba todo demasiado en serio. Y hay cosas, en las que es mejor no indagar.

Dicho esto, le bastaron solo unas extrañas palabras para desaparecer de la habitación. Una cegadora luz procedente de ningún lado, se lo tragó de repente.

No recuerdo nada más. Estoy seguro que me desmayé. Cuando desperté, las velas se habían consumido. El extraño círculo seguía en su sitio. Carlos no estaba. Era cierto. No lo había soñado.

En medio del círculo, se encontraba el libro que mi amigo me mostró segundos antes de desaparecer. Una enorme sensación de necesidad hizo que lo cogiera. Su tacto era sumamente desagradable. En medio de aquel repugnante forro que cubría la cubierta del extraño libro, sólo una palabra, grabada en dorado: Necronomicón. Hojeé unos segundos el libro, y su sola visión me causó pavor. Nombres impronunciables, sellos ancestrales, continuos espacio-tiempo... la locura hecha libro.
Salí corriendo de allí hacia mi casa, pero por alguna razón que desconozco, me llevé conmigo el extraño libro.

Me dolía la cabeza. No podía dejar de pensar en la situación tan extraña que acababa de vivir. Pero... ¿y Carlos? ¿Sería una macabra broma? ¿En verdad mi amigo había desaparecido ante mis ojos?

Eran las dos de la tarde, por lo tanto me pasé toda la noche y toda la mañana sin conocimiento. Estaba aturdido. Me preparé una tila. La necesitaba. Decidí poner la televisión mientras bebía. Lo que vi en ese momento en las noticias, me hizo ver que por desgracia, Carlos no me había gastado semejante broma.
No podía creer lo que el locutor comentaba, y lo que es peor, lo que las imágenes me mostraban.

" Noticia de última hora. Un extraño suceso ha tenido lugar en las calles de Londres. Un joven de unos diecinueve años de edad, ha sido atropellado en el centro de la ciudad. Los testigos afirman que el joven apareció de repente en mitad de la calzada y el conductor que lo atropelló, no pudo reaccionar"

Dios mío, las imágenes eran claras, era Carlos.
Supongo que sólo él sabe lo que ocurrió durante su extraño viaje en el continuo espacio-tiempo. Todavía recuerdo sus últimas palabras. "Quiero que seas testigo del viaje que voy a emprender. Un viaje largo, para conocer y estudiar "lo que pasó al principio".

Acto seguido, en medio del llanto y la rabia, intenté quemar el horrible Necronomicón, pero las llamas no lo deterioraron lo más mínimo. Es un libro del más allá. Es un libro que si no se estudia con cuidado, puede matar.

Y yo aquí sigo, como en mi infancia; leyendo. Pero esta vez voy a traspasar la barrera de lo imaginable. Llevo muchos años estudiando el terrible Necronomicón, y sé que no me pasará lo mismo. Sé que lograré con éxito llegar al destino que me he marcado.

Sé que podré conocer "lo que pasó al principio".

 

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