LA MIRADA DE MI ESFINGE

Dogon

Siempre ocurre lo mismo en ese estadio de la Esfinge: una inmensa desolación y un imponente enigma. Permanece inmutable en una silueta donde la fuerza incontrolable de la Leona ha quedado adherida a la roca, en una suerte de permutación eterna osificada. Persiste en su rasgo adusto y envolvente, que genera y hace devenir a la existencia al sempiterno Enigma. Tan críptico como el Velo de Isis: la hermeticidad de su sonrisa procedía del vero mutismo de esos labios sellados con siete sellos inviolables.

He oido el cuchicheo infatigable de los insectos noctánbulos, su murmullo admonitorio y ominoso. Imposibles seres etéreos de enrevesadas siluetas y vibraciones sutiles de sonoros timbres, inapropiados para los oidos humanos. "El hombre prudente siempre tiene a mano las lecciones de la Historia", dijo Demóstenes. Pero el hombre nunca aprende su historia; aun conociéndola, algo le impulsa a someterse al planteo sin respuesta que el rostro mutilado del Faraón Maldito le arroja a la cara, como una afrenta a su vanidad humana. Tan lejana y tan presente. Ahora, enfrente de mí, o, mejor dicho, yo parado ante Ella; el porqué, un enigma irresuelto que deseo responderme. Un peregrinaje concluyente que dirima mis secretos. Desenrollo el delicado papiro, obtenido ilícitamente, pagado con oro y sangre, con la extraña sensación de carecer de culpa por la muerte de otros con tal de resolver los misterios de la existencia más allá de esta existencia. Murmuro quedamente los retorcidos signos hieráticos, trazados con crueldad y soberbia mágicas cuando el Mundo era regido por los genuinos Poderes y los magos atrevidos. En instantes robados al Tiempo, el sortilegio me refugia en un ángulo disperso e increíblemente fuera de aquel. Se arremolinan las fuerzas invisibles a mi alrededor, mi cuerpo deja de ser lo que era y es otra cosa, algo indescriptible, y soy arrojado desde el Vacío a un Sitio. Apagados sonidos proceden, incesantemente, desde un Exterior olvidado, nunca más contemplado. Es el fragor de Otras Entidades, que se resisten a ser comprendidas. En torno a mí deambulan, invisibles; aletean, reptan, se arrastran. Aquí el Espacio no es, y lo que ellos son no cabe en ningún lado. Se esparcen y se contraen, vienen y van, simultáneamente. se dejan sentir cuando quieren y cuando menos lo quiero. No quieren mi carne o mi sangre, me quieren a mí. No sé la razón, sólo sé que es el Sueño de la Muerte y la muerte de todos mis sueños. Cavilo que es una pesadilla e intento abrir los ojos, y, cuando lo hago, encuentro ante ellos la sonrisa inmóvil de la Esfinge, que me mira con sus cuencas vaciadas por una mano profana. Entonces, caigo en la cuenta de que no hay nada más que escribir, porque el resto es imposible de leer...